La venta de Urbaser por parte de ACS no ha alterado los planes de los competidores de Florentino Pérez. Aunque la compañía se haya desprendido de su filial dedicada a los servicios públicos como la limpieza urbana y la recogida de basuras, sus dos contrincantes en el Ibex, Acciona y Ferrovial, no se plantean una operación similar.

“El negocio de servicios es estratégico para nosotros”, han indicado a SABEMOS fuentes de Ferrovial, que descartan cualquier movimiento similar a la venta de Urbaser por parte de ACS. En esa división de servicios de Ferrovial están, además de la limpieza y la recogida de basuras, el mantenimiento de infraestructuras, han añadido.

Lo mismo apuntan desde Acciona, que no se plantea en principio vender la división de servicios. Acciona no está estudiando ninguna operación como la de Urbaser, han subrayado en declaraciones a SABEMOS. “Acabamos de entrar en la recogida de basuras de Madrid. Es un paso importante porque es una gran ciudad y una importante referencia, pero además participamos en el mantenimiento de zonas verdes en muchos lugares”, han precisado desde la compañía de la familia Entrecanales.

En Acciona creen que existen importantes sinergias entre el área de servicios y la de construcción de infraestructuras, uno de los grandes pilares de su negocio. Al fin y al cabo, la división de servicios genera importantes ingresos para las constructoras.

En el caso de ACS, esta área de negocio era tan importante como para venderla a Firion Investments por una cantidad entre los 1.164 millones y los 1.399 millones de euros.

¿El fin de la diversificación?

La “S” de ACS ya no tiene tanto sentido. Tras la venta de la gran filial dedicada a los contratos de servicios a la ciudadanía, Urbaser, Actividades de Construcción y Servicios (ACS) pierde una pata que le había ayudado a zafarse de la crisis del ladrillo en España.

Las grandes constructoras tuvieron que diversificarse para sobrevivir. Esta estrategia la enfocaron desde el punto de vista geográfico, con la implantación en otros países, pero también desde la perspectiva de sus actividades, de forma que empezaron a dedicarse a asuntos ajenos a la construcción. Así, las constructoras comenzaron a pugnar por concesiones de limpieza urbana, de recogida de residuos y de otros servicios a la ciudadanía.

El movimiento de ACS puede interpretarse como el fin de esta tendencia y la vuelta al negocio core del ladrillo -en el caso de las viviendas- y del hormigón -en el caso de las infraestructuras-. Sin embargo, el resto de las compañías han alcanzado una diversidad tal en el origen de sus ingresos que no parece tener vuelta atrás.

Por ejemplo, Ferrovial tiene su negocio repartido entre construcción y servicios, más una división de concesiones de autopistas y otra de aeropuertos. Mientras, Acciona divide sus ingresos entre las infraestructuras, donde se incluye el negocio de servicios, y la energía.

Un modelo de negocio amenazado

Los servicios a la ciudadanía han estado cuestionados en los últimos dos años, cuando el ascenso de las candidaturas ciudadanas se ha consumado en algunas grandes ciudades. Los planes de las formaciones satélite de Podemos para remunicipalizar servicios han comenzado a tomar forma: en Valladolid se ha anunciado ya la remunicipalización del suministro de agua.

En otras capitales, el cambio en las alcaldías hacia el color morado se ha traducido en una mayor vigilancia de los contratos de servicios públicos explotados por estas compañías de servicios. En Madrid, el equipo de gobierno de la alcaldesa, Manuela Carmena, les ha apretado las tuercas en varias ocasiones a las concesionarias de la limpieza para que ofrecieran un servicio de calidad.

Aunque las empresas se han aprovechado de los contratos de servicios públicos privatizados en las últimas décadas, el cambio político no augura un gran futuro para las concesiones de servicios a la ciudadanía. Por el momento no hay runrún de ventas entre los competidores de ACS pero queda todavía mucho 2017.

Foto: Flickr – Daniel Lobo