La sociedad, junto a los medios de comunicación, ha generado una ansiedad desmedida por la evolución tecnológica. Se escriben a diario decenas de artículos que avanzan el futuro pero, en ocasiones, uno todavía lejano. Este es el caso del pago móvil, que desde hace un par de años “ya ha llegado” cuando, en realidad, apenas comienza a asomar su verdadera dimensión.

Se ha escrito mucho sobre que 2016 ha sido el año de la explosión de este método de pago. Aunque nada más lejos de la realidad, este año se ha prendido la mecha de lo que está por venir.

Voces como la de Gillian Hughes, vicepresidenta de ventas corporativas de la agencia de marketing para móviles Veoo, aciertan al decir que “las carteras móviles nos permiten unir las cosas que utilizamos a diario (el dinero, las tarjetas, los recibos y los cupones) en un único dispositivo”. Esa es la parte pragmática, pero toca resolver tres retos y una duda sobre el futuro del pago móvil.

Tres retos y una duda

La multitud de plataformas, la falta de renovación de los terminales móviles y los establecimientos donde se puede pagar, son las claves para que avance la situación.

Plataformas, bancos, pasarelas… un sindiós

Si eres usuario de Samsung, lógicamente no se puede pagar con Apple Pay. Lo mismo sucede a la inversa, claro. La situación es igual depende de la entidad bancaria que tenga el cliente. Cada banco ha creado sus propios monederos y sistemas que, además, también se han asociados a aplicaciones nativas de las entidades.

Por lo tanto, debe haber una comunión entre bancos y fabricantes de móviles para que exista una verdadera universalización del sistema. De lo contrario, serán nichos cerrados en función de los target de uso de cada cliente.

Dónde están los nuevos móviles

Para utilizar estos sistemas de pago de necesitan dispositivos móviles que tengan añadida la tecnología de pago por contactless. El error es creer lo contrario. Por ejemplo, según la distribución de uso del sistema operativo Android, todavía hay mucha gente que navega con versiones antiguas. Esto indica que hay un gran número de terminales de hace varios años y que, por lo tanto, no soportan estas tecnologías de pago.

Hasta que una masa crítica de usuarios no disponga de móviles con la suficiente capacidad para ser un monedero virtual por completo. Habrá que esperar.

Pagar en cualquier sitio

Starbucks y KFC, por ejemplo, permiten pagar con el móvil. Otras grandes superficies también. Gasolineras, tiendas de moda… pero todo esta situación cierra la cuadratura del círculo para que sea algo masivo. Desde el bar de la esquina, hasta el mercado exprés de la calle de al lado. Una vez que haya una conciencia de que se puede pagar en cualquier sitio, se tomará el pulso real de la situación.

La duda: seguridad

También se trata del año en el que las preocupaciones por la seguridad de los pagos en los móviles han disminuido en la percepción de los consumidores. Y eso es clave.

Por ejemplo, el concepto de pagos sin contacto ha demostrado su valor. Las cifras de UK Cards Association muestran que, solo en el Reino Unido, el número de pagos realizados en el primer trimestre de 2016 con tan solo pasar una tarjeta bancaria sin introducir un PIN superaron considerablemente a los registradas en 2015. Muchos expertos consideran que esto es esencial en la transición a los pagos móviles, ya que muestra que los consumidores están más preparados para depositar una confianza mayor en la tecnología.

Futuro del pago móvil, ¿cercano o lejano?

La consultora PwC predice que en 2019 los pagos móviles alcanzarán los 136.000 millones de euros, respecto a los 50.000 millones de euros en 2014, una cifra que no solo incluye el uso de un teléfono móvil para comprar productos en las tiendas, sino también el pago de compras realizadas online.

Para Eduardo Esparza, country manager de Affinion en España “este crecimiento ofrece un gran potencial a las empresas para que creen relaciones más estrechas con sus consumidores, mientras que ofrece un nuevo grado de facilidad al comprar. Además de los beneficios de seguridad que implica el uso de un teléfono móvil para efectuar pagos, ya que la tecnología se está asociando rápidamente con la fidelización de los consumidores”.

Hay puntos de vista muy dispares. El reto sería preguntar cuántas veces y dónde ha pagado la gente. En 2017 lo iremos contando.