El Banco Central Europeo (BCE) ha disparado lo que podría ser su última bala. Después de más de un año comprando deuda pública y privada, el presidente de la autoridad monetaria del Euro, Mario Draghi, ha anunciado una ampliación de este programa de compra de activos que caducaba en marzo del año 2017. Eso sí, el BCE levantará el pie del acelerador.

El año 2016 ha sido un ejercicio extraordinario en el terreno de las políticas monetarias, un curso en el que se han podido ver prodigios nunca antes divisados en la Eurozona. Los tipos de interés negativos han sido los fuegos artificiales más grandilocuentes del BCE de Mario Draghi.

En la última reunión del consejo de gobierno del Banco Central Europeo no se abordó ninguna modificación en los tipos de cambio, que siguen en el 0% y que alcanzan el -0,4% en el caso de los depósitos de las entidades en la ventanilla del BCE. Es muy probable que no se produzca ninguna alteración en esta política de “dinero gratis” hasta que el nuevo presidente electo de Estados Unidos, Donald Trump, muestre sus cartas en materia económica; si son ciertos los rumores, el multimillonario no sería partidario de continuar con el alza en los tipos de interés que la Reserva Federal había emprendido ya, lo que frenaría la réplica del BCE.

Lo que sí va a cambiar en 2017 va a ser el plan de compra de deuda pública y privada del BCE. Draghi anunció que este programa, que debía concluir en marzo de 2017, se va a prorrogar hasta diciembre del mismo año pero a un ritmo menor. En lugar de comprar 80.000 millones en activos al mes, como ha hecho desde marzo de este año, volverá a los niveles de 60.000 millones mensuales que mantuvo entre marzo de 2015. Aunque Draghi evitó hablar de “tapering” o moderación de las políticas monetarias expansivas, la reducción del ritmo es bastante elocuente.

“Lo normal es que en septiembre el BCE avise de que el programa de compra se acaba”, indicó la economista jefe del Deutsche Bank en España, Rosa Duce. Esto, sin embargo, no implica una ruptura de la política. “Se espera que en diciembre acabe el programa de compra de deuda, lo que no quiere decir que se acabe la política expansiva”, ha matizado Duce.

El próximo año va a ser un ejercicio de cambios. Se prevé que la inflación y el crecimiento económico se consoliden, aunque todavía sin la aceleración deseada, por lo que Draghi tendrá que medir muy bien sus pasos. Retirarle la respiración monetaria a la Eurozona conllevaría graves consecuencias para la economía comunitaria, así que lo más posible es que se aprecien más gestos que hechos en las próximas reuniones del consejo de gobierno del BCE. Es probable que 2017 sea el año del “tapering”, de la progresiva reducción de los estímulos monetarios que Draghi se ha empleado en tildar de extraordinarios.

La incertidumbre

Hay muchos factores económicos que desaconsejan la toma de partido brusca en la discusión monetaria. Levantar los tipos de interés y cortar el grifo de las compras masivas de deuda cuando hay tantas incógnitas sería imprudente.

Todavía se desconoce el impacto que va a tener el Brexit en la Unión Europea. Ni siquiera se ha definido una hoja de ruta, por mucho que se haya repetido con entusiasmo a ambos lados del Canal que “out is out”. Además, la política económica de Trump sigue siendo una incógnita; es posible que se mantenga el misterio o que incluso el polémico multimillonario decida gobernar a golpe de tuit.

Además, Italia se precipita hacia una crisis institucional secular, mientras que en el horizonte de 2017 hay unas elecciones presidenciales francesas en las que el fantasma del lepenismo asusta no sólo a los demócratas sino también a los capitalistas, además de una cita electoral en Alemania en la que los grupos de ultraderecha pueden poner a Angela Merkel contra las cuerdas. “En Europa, la incertidumbre política hace daño”, explicó el responsable de renta variable de Deutsche Bank en España, Diego Jiménez-Albarracín.

Dudas en la banca

Donde también hay inquietud es en el sistema financiero europeo, según Jiménez-Albarracín. Pese a que “se ha ganado en fiabilidad y confianza” gracias a la consolidación del regulador único del mercado, la política del BCE genera muchas dudas sobre la sostenibilidad de la banca de la Eurozona.

“El sector financiero ha estado bajo sospecha. Con los tipos en el 0% o cerca del 0%, el sector bancario sufre mucho. La rentabilidad del sector ofrece muchísimas más dudas”, subrayó el responsable de renta variable de Deutsche Bank.

Pero no todos los problemas de la banca europea son de rentabilidad; el descalabro que ha sufrido Monte dei Paschi di Siena tiene más que ver con la sostenibilidad de muchas entidades cuestionadas a lo largo y ancho de la UE. “Lo que reflejan ahora mismo las valoraciones de los bancos no son dudas sobre su rentabilidad sino sobre su solvencia”, concluyó Jiménez-Albarracín. Y en eso poco puede ayudar el fin de ciclo de Draghi y del BCE.