El sector de las telecomunicaciones sigue dando noticias. Tras las compras de Ono y Jazztel por parte de Vodafone y Orange, respectivamente, se creyó que el sector quedaba totalmente consolidado y habría pocos sobresaltos. Pero 2016 ha sido ajetreado. Por un lado dejaba la presidencia de Telefónica un histórico del sector, César Alierta; y, por otra parte, irrumpía con fuerza el Grupo MásMóvil tras las compras de Yoigo y Pepephone.

Estos dos movimientos ha sido lo más relevante de un año que ha asentado la convergencia (fijo + móvil +TV) como el principal activo comercial. Además, se tranquilizó la pelea por los contenidos de televisión con respecto al fútbol, y ahora las series han ganado protagonismo, convirtiendo a las compañías de teléfono en operadores de contenido.

Pero sin duda, la marcha de César Alierta fue la gran noticia del año. Tan solo compartió  protagonismo con la eclosión del Grupo MásMóvil. Como en su día comentaba el periodista Andrés Montes sobre Los Angeles Lakers, “ha llegado la fiebre amarrilla”. Se trata del cuarto operador, el alternativo que puede volver a meter presión a los grandes y hacer que los precios vuelvan a bajar.

Un mal año para los azules en el adiós de César Alierta

Si la llegada del operador amarillo ha sido la gran sorpresa del sector, los azules de Telefónica querrán olvidar cuanto antes este 2016. Ha visto frustrarse la venta de O2 y la salida a bolsa de Telxius, por lo que ha acabado sacrificando parte de su dividendo para aliviar su abultada deuda, de casi 50.000 millones de euros.

El otro punto, no traumático, pero sí importante, ha sido que tras casi 16 años al frente de Telefónica, César Alierta dejó en abril la presidencia ejecutiva de la compañía en manos del que estaba considerado su delfín, José María Álvarez-Pallete, y cuya llegada ha estado acompañada de cambios al frente de la multinacional en Alemania, Brasil y Reino Unido.

El nuevo presidente tomó las riendas con un consejo renovado, reiterando los objetivos para 2016, entre ellos el pago de un dividendo de 0,75 euros, y con la reducción de la deuda como uno de sus retos prioritarios.

Para ello, resultaba crucial que Telefónica culminase con éxito la venta de su filial británica O2 a Hutchison. Una operación que Bruselas miraba con lupa, sobre todo después de que el regulador británico de la competencia pidiese a la Comisión que prohibiera o impusiese estrictas condiciones a la venta por considerar que perjudicaría la competencia en ese país.

Todo ello en plena campaña del referéndum sobre la salida del Reino Unido de Europa, que acabó por contaminar el proceso, según la propia Telefónica, que, ante la previsión de que se frustrase la operación, comenzó a preparar un plan B, que incluía la salida a bolsa de Telxius y la venta de activos no estratégicos.

A principios de mayo llegó finalmente el barruntado “no” de Bruselas y un día después, en su primera junta de accionistas como presidente, Álvarez-Pallete anunció que la multinacional abría “un periodo de reflexión” sobre su “futuro estratégico” en el Reino Unido.

Con respecto a Telxius, todo parecía apuntar a que la nueva división de infraestructuras debutaría en bolsa antes de las vacaciones de verano, pero la volatilidad en los mercados tras el triunfo del “brexit” volvió a trastocar los planes.

Finalmente, Telefónica fijó el 3 de octubre como fecha para que Telxius debutase en bolsa, a un precio de entre 12 y 15 euros por acción, con lo que la multinacional podría ingresar hasta 1.363,6 millones de euros con la operación.

Pero, cuando sólo faltaban cuatro días para el gran estreno, Telefónica dio marcha atrás por considerar que las ofertas de compra de acciones recibidas no valoraban adecuadamente a Telxius.

Y, mientras sigue estudiando alternativas tanto para O2 como para Telxius, la operadora ha recortado el dividendo de 2016 y 2017 en el marco de su nueva estrategia para reducir su deuda de forma orgánica, sin tener que depender más de “factores externos” ni “apresurarse” para cerrar una transacción.

Qué esperar de MásMóvil

El otro protagonista del año ha sido MásMóvil, que en 2016 se ha consolidado como cuarto operador convergente con la compra de Pepephone, pero sobre todo de Yoigo, adquirida finalmente por 612 millones de euros y por la que también se había interesado la firma de capital riesgo Zegona.

Ahora tendrá que pelear con los tres grandes operadores y, lo que es más importante, no perder las señas de identidad tanto de Pepephone como de Yoigo. No será sencillo, porque antes de trataban de operadores outsiders, agitadores del mercado, pero ahora tienen que batallar de tú a tú con gigantes de las telecos.

No aumentar su deuda, conseguir ampliar su base de clientes en banda ancha fija y no perder terreno en el segmento móvil, serán los grandes retos de la fiebre amarilla.