El 16 ha sido un año prácticamente perdido en política pero también en la banca. Se esperaba que durante el ejercicio económico que concluye este mes se avanzase en el proceso de integraciones y fusiones bancarias, para que el número de entidades se redujese y el panorama competitivo quedase compuesto por menos firmas pero más rentables. Incluso el Banco de España lo ha recomendado en varias ocasiones sin que su mensaje calase con entusiasmo en el mercado. Hasta que el Banco Popular ha roto la baraja al plantear el cese de su presidente, Ángel Ron.

Ha aguantado todo el tiempo que ha podido, Ángel Ron, y se ha defendido a capa y espada ante quienes le han intentado mover la silla. Finalmente, va camino de ser defenestrado por los accionistas y sustituido por Emilio Saracho, quien fuera vicepresidente del banco de inversión JP Morgan. Un peso pesado de las finanzas.

Durante su paso por la firma estadounidense, Saracho participó en la integración de otras grandes entidades de inversión, por lo que parece el hombre apropiado para capitanear la fusión con otro banco español, asegura en declaraciones a SABEMOS el director del área del Sector Financiero de IE Business School y profesor del IE, Manuel Romera.

“El año que viene comenzará el del despegue de la nueva oleada de fusiones bancarias”, apunta Romera. Y el Popular es la presa perfecta no sólo por la entrada de Saracho sino, sobre todo, por la salida de Ron, que ha sido “precipitada por los problemas del banco”, según el profesor del IE, pero estaba cantada. “Él adoptó la postura de no fusionar la entidad con otras. Hubo un planteamiento inicial de crecimiento orgánico que al principio fue bien pero al final le ha salido mal”, razona Romera.

De hecho, le ha ido rematadamente mal. Desde sus máximos en bolsa en 2007, cuando el Popular tenía una capitalización bursátil de 17.000 millones de euros, la entidad ha caído hasta los 3.500 millones actuales. Para más inri, a esta situación se llega tras 3 ampliaciones de capital de 5.500 millones de euros. Un batacazo histórico como consecuencia del deterioro de sus cuentas.

Ángel Ron ha hecho todo lo posible por mantener la entidad a flote. En los últimos tiempos ha completado una ampliación de capital para robustecer su balance y ha planeado la creación de un ‘banco malo’ para deshacerse de los activos tóxicos que lastraban sus cuentas. Todo menos (mal)vender el banco, para lo que siempre ha habido bancos dispuestos.

Un posible comprador

En el último año se ha especulado con la posibilidad de que el Banco Sabadell engullera al Popular y acabara con su agonía bursátil.

Desde el Banco Sabadell subrayan que la salida de Ángel Ron no cambia nada y reiteran el mensaje oficial: la entidad no está valorando integrarse con el Popular ni con ningún otro competidor. De momento están centrados en la integración del banco británico TSB, que se completará el año que viene.

“Me imagino que eso lo dirán con la boca pequeña”, contesta Romera. “La familia Del Valle [propietarios del 4% de los títulos del Popular] y la familia Martínez, con presencia en el Sabadell, son mexicanas y hablaron en primavera para integrarse. Es vox populi que sí estaban interesados”, añade.

En cualquier caso, tras la caída en desgracia del Popular los equilibrios de poder han cambiado. La entidad ya no puede mirar de tú a tú a los otros grandes bancos españoles; “le va a tocar ser el absorbido en lugar del absorbente”, resume Romera. “Aunque tampoco sé lo que va a querer Saracho”, matiza.

Otros interesados

En el futuro no hay nada escrito. El nuevo presidente del Banco Popular va a tener que lidiar con la crisis corporativa de la entidad y, probablemente, admitir que no puede continuar por su cuenta en el mercado. Eso sí, Sabadell no es la única opción.

“Todo el mundo está moviendo ficha. El BBVA está preocupado por Garanti en Turquía y también por Bancomer en México”, sugiere Manuel Romera.

Además, el profesor del IE apunta que Emilio Saracho trabajó para el Banco Santander en el pasado y parece que tiene una buena relación con la familia Botín, lo que “puede influir” en la búsqueda de alternativas al Sabadell, aunque el banco catalán sigue pareciendo la opción más fácil.

“Una fusión con el Santander, con BBVA o con CaixaBank generaría un banco de más de 500 millones en activos, que sería el más grande del país. Eso dará mucho juego a nivel político y el ministro de Economía, Luis de Guindos, tendrá mucho que decir”, concluye Manuel Romera. El 17 va a ser un año movido en política pero también en la banca.