El sector del taxi canta victoria. Saben que hay osos, y cerca estará su piel, pero no deberían venderla si todavía no la tienen.

Esta semana el Tribunal de Justicia de la Unión Europea (TJUE) iniciaba la vista oral del caso que enfrenta a Uber con la Asociación Profesional Élite Taxi de Barcelona. Los taxistas quieren que la plataforma deje de funcionar o que, al menos -si lo hace- lo haga respetando las leyes de transporte.

Aunque las conclusiones preliminares no se darán hasta el mes de abril, y luego faltarán otros 3 o 6 meses para conocer el veredicto final, esta semana el TJUE ha argumentado durante una comparecencia que Uber nada entre dos aguas: es plataforma tecnológica, pero también tiene ramalazos de empresa de transporte.

Esto, lógicamente, ha disparado las buenas vibraciones en el sector del taxi. Por ejemplo, el presidente de la gremial Fedetaxi, Miguel Ángel Leal, asegura que la multinacional ya solo se escuda en alegar que “son una empresa de la sociedad de información para no estar sujetos a la legislación de transportes”. Pero no disimula sus buenas sensaciones. El argumentario de los taxistas sigue siendo el mismo, y tras este espaldarazo lo asumen con mayor fuerza.

De hecho, para concienciar del problema que supondría para el sector del taxi en Europa la presencia de Uber, el presidente de Fedetaxi ha viajado tras el juicio a Bruselas para mantener una batería de reuniones con diferentes parlamentarios europeos y miembros de la Comisión Europea.

Así, este mismo miércoles se ha entrevistado con Aurora García Sandoval, consejera de Transportes ante la Unión Europea; con el Gabinete de la Comisaria de Transportes de la CE, Violeta Bulc; y con miembros de la Dirección general de Mercado interior, Industria, empresa y Pymes.

¿Pero no estarán cantando victoria antes de tiempo? ¿No será un pequeño guiño ante una sentencia que más tarde no será tan favorable?

Un modelo que no se puede frenar

Llamado de forma torticera economía colaborativa, o como se quiera, hay un modelo de negocio que no se puede parar. Llegarán cientos de expedientes contra Airbnb; o se impondrán multas a los usuarios de Blablacar. Da lo mismo. Los usuarios han asumido que la relación calidad-precio es óptima. Si cierran UberPop, Uber, o lo que sea, mañana amanecerá UberCoche y la rueda seguirá girando.

Además, en Bruselas existen los suficientes informes favorables a estas plataformas como para que los lobbies trabajen a gusto. Y en España, por ejemplo, la Comisión Nacional de los Mercados y la Competencia (CNMC) también tiene un núcleo duro que apoya este tipo de empresas. Por último, la sociedad en general, tampoco lo ve con malos ojos.

Así pues, demasiadas posiciones en un mismo bando como para cantar victoria. Será Bruselas quien genere la jurisprudencia que luego se aplicará en los distintos estados miembro. Pero será temporal. Hasta que aparezca el próximo Uber, el siguiente Blablacar. La legislación seguirá estando a medias.