La fuga de Yoigo (MásMóvil) a Orange es un proyecto de futuro pero con dos grandes riesgos que podrían comprometer toda la operación.

El primero, relatado con maestría por Ignacio del Castillo, tiene que ver con el peligro inherente de ofrecer una oferta mayorista completa de fibra a precios competitivos a un operador que, básicamente, compite en el mismo espacio que tú y que ataca precisamente al tipo de clientes que te está haciendo crecer. Orange no crece principalmente con la consolidación, el cuádruple play, y la televisión. También adquiere ese tipo de clientes, sí, pero su gran motor de crecimiento sigue siendo Jazztel y sus ofertas buenas, bonitas y baratas. Los franceses han creado el principal competidor para un segmento, el de la convergencia relativamente básica y económica, en el que eran los únicos agentes importantes del mercado.

Estamos seguros de que el de MásMóvil se trata de un acuerdo beneficioso a corto plazo para los galos, que con esta maniobra se colocarán en muchas magnitudes como segundo operador español, por delante de Vodafone. No nos engañemos: Es un éxito enorme para Laurent Paillasot al frente de la operadora, por más que la actitud negociadora de MásMóvil haya puesto a muchos directivos al borde del infarto durante meses. Pero a largo plazo, Orange está amenazando la disciplina de precios obtenida consolidación mediante y poniendo las bases para que le vuelvan a comer la tostada precisamente en el segmento que más le interesa, mucho más que a Movistar.

El segundo gran riesgo de la operación tiene que ver con el móvil. No sólo por el asesinato de Pepephone, que ya hemos explicado detenidamente, sino también porque se trata de una operación endemoniadamente compleja.

Aunque desde Ericsson, el gran proveedor de red de Yoigo, se muestran confiados en las posibilidades de realizar el cambio, la pregunta clave es en cuánto tiempo podrá hacerse. MásMóvil cree que puede hacerlo en seis meses, y sabe que cada día es clave para empezar a migrar abonados y ahorrar dinero. Pero va a depender mucho, por ejemplo, de la forma en que decida integrar sus seis acuerdos de OMV actuales, lo que no deja de ser una labor desafiante.

Pero, dejando aparte el proceso de transición, que se llevará adelante de un modo u otro, antes o después, queda por ver qué pasará con la cobertura. Esta arroja dos inconvenientes muy serios.

El primero es que Orange sigue siendo el tercer operador en cobertura y sus principales agujeros están, precisamente, donde más apoyo necesita Yoigo. Pueblos pequeños, zonas rurales, autovías, líneas férreas… Por más que hayan mejorado aún no están a la altura de la competencia.

El segundo es que la cobertura de Yoigo fue diseñada pensando en la de Movistar. Imagina que coges un mapa de cobertura de Movistar, pones papel de calco encima y empiezas a dibujar. ¿Una antena de Movistar tiene mucho tráfico y te perjudica el ebitda? Montas la tuya y ahorras. Pero las antenas de Orange no están en los mismos sitios, así que se empiezan a producir solapes raros y generar zonas de frontera que antes no existían.

Yoigo tiene mala cobertura de 4G en interiores debido a las frecuencias que utiliza, pero con el cambio va a empeorar radicalmente un tiempo hasta que se pongan las cosas en orden. ¿Cuándo será eso? Tardará bastante, la verdad, porque MásMóvil tiene tan apretada la cuenta de resultados debido a su colosal deuda que no está claro que tengan los recursos necesarios para poner la casa en orden.

Un último aspecto: Que nadie espere que Movistar no responda a lo que han considerado un insulto. Si MásMóvil consigue hacer triunfar un cuarto operador con los azules en contra será el primero que lo consiga. Recordemos que Jazztel, por ejemplo, no encontró la paz hasta que hizo las paces con Movistar.

La pregunta es si todas las ventajas en fibra compensarán tantas dificultades, o si la operadora que dirige Meinrad Spenger lamentará haberse bajado del barco azul y subirse en el naranja…