Las empresas tecnológicas suelen crear mantras de innovación sobre los que hablar. Ahora es turno del internet de las cosas (IoT). Esa evolución que hará que personas y máquinas se conecten entre ellas. Aunque lo importante, al final, es hacer caja. Ante esta situación, Vodafone y Huawei han ido un paso más allá y buscan la creación de un estándar IoT para comercializar.

En concreto, las dos compañías empezarán en el primer semestre de 2017 a utilizarlo de manera masiva. Esta nueva solución se trata de la tecnología internet de las cosas de banda estrecha (NB-IoT, por sus siglas en inglés), que no necesita de un despliegue independiente, sino que funciona sobre la red 4G comercial de Vodafone.

Es decir, aunque sea una solución estándar y grandes compañías como Qualcomm, Mediatek, Intel, Ericsson o Nokia trabajen sobre ella, luego los distintos operadores podrán hacer sus negocios. Pero, al menos, es un paso en esa estandarización que tanto necesita el desarrollo de la conectividad entre máquinas y personas.

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Lo más destacado de esta solución es que mejora la cobertura en interiores y la escalabilidad, es decir, el número de dispositivos conectados respecto a la tecnología M2M actual. Esto se hace sobre la red de 2G que permite conectar, por ejemplo, los contadores de luz o los sensores de los parkings.

Esta tecnología ofrece una cobertura 100 veces superior a la que existe en voz en cualquier ciudad. Además, permite utilizar sensores con un bajo consumo de batería (la duración supera los 10 años) y un coste reducido (menos de 5 dólares por chip). El desarrollo de esta tecnología no implicará la migración a la red 4G de las conexiones entre dispositivos por parte de la operadora, sino que Vodafone pretende mantener operativa la red 2G durante “mucho tiempo”, para seguir alimentado el M2M, donde la operadora es “líder”, según explicó el director de Red del Grupo Vodafone, Santiago Tenorio, durante la presentación.

La nueva tecnología contará con el apoyo de 20 de los mayores operadores a nivel mundial. Éstos proporcionan servicios de comunicaciones a más de 2.900 millones de clientes y a más del 90% del mercado potencial del internet de las cosas.

Siempre hay “peros”

El directivo de Vodafone expresó su entusiasmo durante la presentación. Llegó a decir que se trata de la próxima tecnología que cambiará el mundo. Y quizá no le falte razón. Se trata de la próxima gran evolución: todo conectado. Pero hay un gran inconveniente que salvar: los actuales dispositivos móviles no están preparados para esto.

Durante la presentación se hizo una demostración en directo en el parking del operador rojo. Con una ‘app’ que gestiona el aparcamiento, dice cuándo está libre, etc. El problema es que eso se gestiona desde el móvil. Por lo tanto, ¿cuántas aplicaciones serán necesarias? La del parking, los supermercados, el cine, el taxi, las ‘apps’ de los aviones, para reservar la cancha de tenis… Y todo eso con terminales que siguen rondando una capacidad de memoria (real) que en la mayoría de casos no sobrepasa los 10 GB.

Y no es el único problema. La conectividad de personas con máquinas implicará el uso intensivo del móvil. Es decir, habrá que tenerlo todo el día disponible. ¿Cómo se va a conseguir eso si los fabricantes no pueden (o quieren) desarrollar baterías con mayor duración? ¿Habrá que llevar siempre una batería portátil? No parece ser la solución.

Por lo tanto, parece un avance innegable que el internet de las cosas se empiece a comercializar de forma masiva, y que haya empresas como Vodafone o Huawei muy comprometidas. Pero falta un recorrido necesario.