No hay una fórmula mágica para la inversión. Las matemáticas pueden llegar a ocultar grandes oportunidades, aunque la posibilidad de perder el dinero siempre actúa como una restricción racional. Por eso, algunas firmas de capital riesgo tienen más claro con qué números hay que entrar en el accionariado de start-up.

Según el último informe Value Quest de la consultora EY, que ha sondeado a 550 responsables de fondos internacionales para este estudio, el 52% de los inversores buscan oportunidades con una rentabilidad de entre el 10% y el 20%. Eso sí, las firmas de capital riesgo son algo más ambiciosas: un 48% de ellas se decanta por retornos de entre el 20% y el 30% de su inversión.

No obstante, existen más varas de medir. Para la valoración de una empresa el 51% de los encuestados se fijan en el beneficio operativo -ebitda- y el mismo porcentaje, el 51%, atiende a sus números de ventas. Sólo un 39% pondera el crecimiento proyectado del mercado y un 32% la valoración económica de los competidores.

Otra magnitud tradicional para analizar la marcha de una compañía es su apalancamiento, para lo que se estudia su ratio de deuda sobre ebitda. En este sentido, la mayoría de los managers consultados (el 50%) prefieren que la deuda sea entre 2 y 4 veces más grande que el beneficio bruto. Sin embargo, hay una gran proporción (un 27%) que no se plantea ningún tipo de límite de endeudamiento al evaluar la conveniencia de la inversión.

Por sectores, los preferidos de los gestores son: servicios financieros (los favoritos del 17%), tecnología (16%), biotecnología (12%), energía (10%) y telecomunicaciones (10%). Pero en el fondo, lo que más importa es el dinero que puedan obtener cuando vendan la participación que han tomado en una startup.

La rentabilidad de una inversión es bastante difícil de predecir, así que en muchos casos se puede hacer una estimación basada en sus ingresos. En este apartado, la mayoría de los responsables de los fondos exigen unos incrementos de facturación de entre el 10% y el 15%, aunque depende de los casos.

En un 27% de los casos, los inversores institucionales se conforman con incrementos de entre el 5% y el 10%. Esta horquilla pasa desapercibida, por el contrario, a los ojos de inversores privados y fondos de capital riesgo, mientras que estos dos grupos están más interesados que los institucionales en los crecimientos del 15%-20%. Depende, básicamente, de la aversión al riesgo de cada categoría, dado que a más incrementos en la facturación más posibilidades hay de que la inversión sea especulativa y volátil, de que las perspectivas de rentabilidad acaben en pérdidas.

Otro apartado en el que se ven diferencias entre las distintas modalidades de inversión es en la participación que prefieren tomar en las empresas en las que inyectan dinero. El 54% de los inversores institucionales apuestan por posicionarse como colíderes en el accionariado de sus startups, mientras que tan sólo un 13% se conforma con una posición minoritaria. Esto contrasta con la tendencia general, ya que un 36% ve bien las cuotas minoritarias dentro de las empresas. En resumen, los inversores institucionales, más aversos al riesgo, prefieren mantener el control de las compañías en las que invierten para protegerse de los vaivenes en las decisiones de negocio.

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