Un Donald Trump en una realidad alternativa, incapaz de dejar de mentir y condenado por los medios por una conversación imperdonable para los mismos que llevan meses perdonándole cosas, sobrevivió por sorpresa a un debate con Hillary Clinton en el que la demócrata fue menos rotunda que en el enfrentamiento anterior y más vulnerable en determinados momentos. No hubo felices movimientos de hombros.

Trump contó las mismas mentiras y Hillary las denunció del mismo modo. Pero eran, básicamente, las mismas mentiras y no cogieron a nadie por sorpresa. Clinton, que contaba con unos moderadores a su favor, se mantuvo en sus trece, quiso mostrarse como presidencial y puso mucho énfasis a la hora de debatir políticas y no entrar en exceso en los debates personales.

Pero el candidato republicano se jugaba más que nunca, jugó todas sus bazas con mayor agresividad y, pese a que sus poses arrojaban cierta debilidad y cansancio, se mostró mucho más rotundo que en el enfrentamiento precedente. Llegó a hacer algo tan insólito en una democracia consolidada como la estadounidense como afirmar, básicamente, que meterá en la cárcel a su rival en caso de ganar los comicios. Entre medias, se atrevía a decir cosas como “nadie respeta a las mujeres más que yo” o “soy un caballero”. Cosas difíciles de creer.

Difícilmente ningún votante indeciso haya cambiado su voto por este debate, pero lo cierto es que las declaraciones de 2005 aireadas esta semana en las que se escuchaba a Trump presumir de haber intentado acostarse, sin éxito, con una mujer casada, así como afirmar que las mujeres aceptan acercamientos sexuales indeseados por parte de celebridades, le han costado tantos apoyos y tanto odio en los últimos días, que probablemente la sccretaria de Estado prefirió jugar de un modo más conservador y dejar que las tendencias mediáticas jueguen un papel mayor que el debate.

Trump, con algo que parecía un resfriado y constantes quejas sobre el papel de unos moderadores que no le dejaban extralimitarse, consiguió llevar el enfrentamiento a su terreno y, quizá sin ganar, al menos sí evitó un golpe letal que le habría podido hundir a menos de un mes de los comicios presidenciales.

¿Qué juega a favor de Hillary? Existen sospechas fundadas de que existen más grabaciones de Trump que podrían salir durante los próximos meses a la luz. De ser así, y de ser igual de polémicas que las de esta pasada semana, el resultado del debate importará poco.