¡Rentabilidad! ¡Rentabilidad! ¡Rentabilidad! Qué bonita palabra, la rentabilidad es sin duda el objeto de los mercados financieros, el fin último del inversor y la más ansiada en su búsqueda.

Estamos cerrando el año, y a falta de un trimestre para liquidarlo empezamos a analizar cuáles son los dígitos que hemos conseguido para intentar incrementar nuestro patrimonio. Es el fin de nuestras inversiones, el objetivo máximo que queremos alcanzar cuando a principios de año decidimos dónde colocar nuestro capital a expensas de que algún gestor se le encienda la bombilla y tome decisiones inteligentes en determinados momentos adecuados.

Muchas incertidumbres, paradojas y ecuaciones para poder conseguir el objetivo final, pero, ¿hasta qué punto se logra el objetivo? Si bien es verdad que vivimos en unos entornos muy convulsos, la volatilidad que se genera ante cualquier expectación de cualquier dato macroeconómico o noticia relevante, convierte a los mercados en turbulentos e imprevisibles.

El problema reside en cuantificar la agilidad de los gestores o de los inversores institucionales en detectar este tipo de situaciones bursátiles y la posibilidad de que se adapten a estas circunstancias de la manera más rápida y eficiente y sin dilapidar la escasa rentabilidad conseguida hasta el momento.

Todo parece apuntar que una estrategia de medio plazo puede ser la más adecuada y no sería del todo erróneo sino definiéramos medio plazo, ya que es algo prácticamente utópico. Si hay algo cierto, es que después de mucho tiempo operando en el mercado, lo que parece más factible es operar en los extremos. Me refiero a operar a corto plazo o intradía aprovechando la volatilidad generada en determinadas sesiones o directamente invertir en valores Value pensando en comprar a buenos precios y mantenerlos durante generaciones.

Daniel García

Analista de XTB