Tan sólo 1 de cada 10 jóvenes españoles que ni estudian ni trabajan se beneficiaron del programa de ayuda que diseñó la Unión Europea, la garantía juvenil, para su integración laboral. Los ninis todavía no han salido de la crisis y es posible que su situación se cronifique.

A veces las palabras cobran vida y, como los humanos, mutan por dentro aunque tengan el mismo aspecto por fuera. Antes, los ninis eran muchachos vagos y caprichosos que elegían no trabajar ni estudiar para poder dedicarse a tiempo completo al dolce far niente -con el dinero de sus padres, por supuesto-. Sin embargo, la palabra “nini” ha abandonado esa definición peyorativa para describir ahora una triste realidad: que los jóvenes españoles no encuentran trabajo.

España es el cuarto país de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE) con una mayor cuota de ninis sobre el total de jóvenes, un 22,7%. Uno de cada cinco españoles entre los 19 y los 29 años ni estudia ni trabaja, una proporción que sólo se supera en Italia (24,7%), Grecia (26,9%) y Turquía (29,8%), según los propios datos de la OCDE.

El drama no se queda ahí. Lo peor es que los planes diseñados por los poderes públicos para solucionar esta brecha laboral no son efectivos: tan sólo un 10,7% de los ninis españoles se han beneficiado del programa de garantía juvenil, un programa desarrollado por la Unión Europea para mejorar la integración de los jóvenes en el mercado de trabajo. Únicamente Italia (con un porcentaje similar), Malta (6%) y Hungría (3%) son más incompetentes que España en el auxilio a los jóvenes.

Estos datos contrastan con los de otros estados comunitarios en los que la penetración de las ayudas es muy superior, con un 80% en Francia y un 60% en Alemania. Eso sí, tres cuartos de los 277.000 españoles que se han beneficiado del programa han conseguido una oportunidad laboral, aunque fuera en prácticas.

Aún así, si España es uno de los países con la mayor proporción de ninis sobre el total de jóvenes y las ayudas apenas les llegan, lo lógico es que la madeja no se desenrede.

El director de Randstad Research, Valentín Bote, cree que el problema de los ninis podría enquistarse. “A menos que los jóvenes con menor nivel de estudios -o con estudios que el mercado no demanda- se adapten a la realidad del mercado de trabajo, la situación podría cronificarse”, asegura en declaraciones a SABEMOS.

Para Bote, uno de los principales problemas es la baja cualificación de la mano de obra juvenil. España duplica las tasas de fracaso escolar de países de su entorno, un 25% de los estudiantes no llegan a concluir su enseñanza secundaria obligatoria.

“Aunque la economía y el mercado de trabajo se están recuperando desde 2014, la posibilidad de que se absorba a dichos jóvenes es muy reducida, por esa baja formación”, indica el responsable de estudios de Randstad en España. Mientras esa cuota de ninis con baja formación permanece, “los empleos que se crean son en la mayor parte de los casos cada vez más cualificados”, añade.

Frente a esta divergencia entre la oferta y la demanda de trabajo, Valentín Bote defiende que la formación profesional de grado medio es “una salida perfecta” para los ninis. Algunos de sus ciclos formativos, sostiene, tienen salidas con pleno empleo.

Basta con trabajar o estudiar para dejar de ser nini. Con una tasa de desempleo juvenil en del 46,5% en España, una de las más altas de Europa, casi la única salida es la formación.