Rajoy y la gestora socialista acercan posturas antes de que el Comité Federal debata el cambio estratégico para permitir gobernar al PP. El ‘sanchismo’ amenaza ya con romper la disciplina de voto, lo que desataría otra guerra interna en el socialismo con el Congreso como escenario. La abstención puede conllevar también el regreso de las fricciones PSOE-PSC.

Se aproxima otro choque de trenes en el PSOE. Las dos facciones del partido -afines y detractores de Pedro Sánchez- parecen encaminarse de modo irremediable hacia un nuevo enfrentamiento directo, esta vez como consecuencia del viraje estratégico que va tomando cuerpo en el socialismo para permitir gobernar al PP. El Comité Federal, máximo órgano de la formación, debatirá sobre ello en su próxima reunión, aún por convocar pero prevista para el fin de semana del 22-23 de octubre. Antes, los barones tendrán su propia cita en el Consejo de Política Federal que pretende organizar el presidente de la gestora, Javier Fernández. De esa actividad interna saldrá una resolución a ejecutar por el Grupo Parlamentario Socialista: abstenerse o no ante el propósito de Mariano Rajoy de ser reelegido presidente del Gobierno.

El claro objetivo de Fernández es conducir la nave socialista hacia una ‘abstención técnica’ para permitir que la legislatura arranque, evitar unas elecciones que llegarían en el peor momento para el PSOE y tratar de rearmarse en la oposición. No lo dice públicamente porque entiende que debe ser “prudente” y “neutral”, pero sus intervenciones no dejan dudas: todas las opciones son malas y la peor de todas es “un Gobierno del PP en mayoría”, cosa que en su opinión traerían esas terceras generales. Ocurre que los socialistas necesitan tiempo para virar el rumbo sin desatar de nuevo las tensiones internas y poder ahormar el nuevo relato. Tiempo que no tienen: la decisión ha de tomarse ya, en apenas dos semanas.

Rajoy no exigirá al PSOE que le avale también las cuentas de 2017: “No es momento de hablar de los Presupuestos”

Poco margen para que los sanchistas, que acaban de sufrir el golpe de los críticos, atemperen sus ánimos y acepten la voluntad de la nueva mayoría. Una voluntad que públicamente aún no se expresa a las claras y que no comparten algunos de los que fulminaron al secretario general, pero que cada día va aflorando con un poco más de intensidad. Este jueves, Rajoy hizo el gesto que muchos esperaban al garantizar que no pondrá “ninguna condición” al PSOE si decide abstenerse. No pedirá que también se le garantice la gobernabilidad porque “no se trata de ponerle exigencias ni a unos ni a otros, se trata de construir y (…) de que España entre en una etapa de normalidad”. Ni siquiera exigirá el aval a las cuentas de 2017: “No es momento de hablar de los Presupuestos, la prioridad es formar Gobierno”.

El PP había filtrado estos días lo contrario, para cabreo de unas filas socialistas que veían a los populares dispuestos a humillarlos. No será así. Rajoy tendrá “en cuanto pueda” una conversación con Fernández para transmitírselo personalmente y entablar el diálogo “necesario” para desencallar la situación. El presidente de la gestora celebró el posicionamiento del líder popular, “muchísimo más razonable que los planteamientos hechos ayer por algunos portavoces del PP”. Y mostró una postura muy cercana a la del jefe del Ejecutivo en funciones: “El PSOE podrá consentir o no en la investidura, pero en ningún caso le va a proporcionar estabilidad al PP, tendrán que ganársela”.

El obstáculo de la cohesión interna

Salvado el obstáculo de que Rajoy acepte una investidura sin garantías de gobernabilidad, falta por superar el último y más difícil: que los socialistas se muevan hacia la abstención sin provocar otra guerra civil. Veinte diputados de la cuerda de Fernández comenzaron el martes a preparar el terreno, defendiendo en la reunión del Grupo Parlamentario que la prioridad debía ser evitar elecciones. En el mismo sentido trabajan líderes de otras federaciones proabstención, de momento con limitado éxito.

Dos focos de resistencia se han activado y parecen difícilmente neutralizables. El PSC, partido autónomo aunque hermanado al PSOE, ha garantizado que seguirá en el ‘no’ a Rajoy. Sus siete diputados mantendrán esa postura gane quien gane la batalla por el liderazgo de la formación que el próximo sábado 15 se disputan Miquel Iceta y Nuria Parlon. Ambos hacen bandera de su rechazo a la respuesta que el PP da al desafío secesionista y consideran inadmisible despejarles la reelección. La postura previsiblemente se enconará tras los últimos movimientos del TC y el TS contra dos de los impulsores del desafío, Carme Forcadell y Francesc Homs.

PSC y PSOE podrían reeditar los enfrentamientos que en 2013 casi provocan la ruptura total

Al PSC se unió este jueves la diputada zaragozana Susana Sumelzo. Exintegrante de la Ejecutiva de Sánchez, Sumelzo indicó rotunda que no se abstendrá “aunque lo ordene el Comité Federal”. Además, apuntó que junto a ella están “varios compañeros” que apuestan por ser “coherentes” con lo defendido hasta ahora. También puso en duda que en el Federal vaya a ganar la posición favorable a dejar gobernar al PP -“habrá que ver qué es lo que ocurre, pero parece ser que no está clara”-, adelantando la batalla que se avecina.

Además de ella, en el Congreso tienen escaño otros exmiembros de la guardia de corps de Sánchez, como César Luena, Adriana Lastra o Margarita Robles. Una solución podría ser que el PSOE acordara la ‘abstención técnica’ de once parlamentarios -justo los necesarios para investir a Rajoy con el ‘sí’ de PP, C’s y CC-, pero Fernández la rechaza apostando por la unidad de acción. La consigna oficialista es que todos votarán lo mismo y votarán lo que decida el Comité Federal.

De consumarse la rebelión de los sanchistas con la ruptura de la disciplina de voto, se arriesgarían a una sanción que puede ir desde la multa económica a la expulsión del grupo. La normativa interna del PSOE para sus cargos públicos consagra en su artículo 6 la “unidad de acción y disciplina de voto”, a la que están sujetos todos los representantes del partido, por mucho que la doctrina constitucional establezca que el escaño pertenece en exclusiva al electo. Tanto el Grupo Parlamentario como la Ejecutiva tienen la potestad de llevar al Comité Federal el comportamiento de diputados díscolos, para actuar en consecuencia. Si su conducta se entendiera “grave”, serían apartados y pasarían al Mixto.

Hay escasos precedentes de desobediencia, pero los más importantes tienen como protagonista precisamente al PSC. Los diputados del socialismo catalán se saltaron la orden del Grupo en febrero y octubre de 2013 para votar a favor de una consulta de autodeterminación en Cataluña, en consonancia con lo que habían llevado en su programa electoral de 2012. La dirección, contraria al referéndum, impuso una multa de 600 euros en el primer caso y un apercibimiento escrito en el segundo. La crisis también provocó la dimisión de José Zaragoza, secretario general del Grupo, y acercó a las dos formaciones a la ruptura total. Finalmente se recondujo y PSOE y PSC limaron asperezas respecto a la cuestión territorial hasta acabar defendiendo lo mismo: una reforma de la Constitución en sentido federal.

La fractura podría volver ahora, en una hipotética investidura de Rajoy donde los socialistas desnudaran su enfrentamiento votando distinto desde la misma bancada, al albur del parecer personal y sin respetar lo marcado por la dirección. Un espectáculo que Javier Fernández quiere evitar, pero que con el paso de los días se presenta cada vez más inexorable.