El líder socialista se mantiene en el cargo después de que 17 dirigentes del sector crítico hayan dimitido de sus puestos en la Ejecutiva. Ferraz entiende que no procede nombrar una gestora, pese a que más de la mitad de las plazas de la dirección están vacantes, sino organizar un Congreso Federal extraordinario para elegir una nueva cúpula. Luena acusa al sector crítico de urdir una trama para “esconderse de los militantes” y este asegura que se está vulnerando la ley.

Pedro Sánchez no se va, ni da por disuelta la Ejecutiva ni se plantea dar paso a una gestora. El secretario general del PSOE considera que sigue ostentando tal condición con todas las de la ley pese al golpe interno que este miércoles han dado los críticos dimitiendo en bloque de la dirección. Hasta 17 de los 35 miembros que componían el órgano han renunciado, lo que parecía abocar al fin del mandato de Sánchez, puesto que así lo determinan los estatutos del partido en el caso de que la mitad más uno de los puestos de la Ejecutiva queden vacantes. Las 17 dimisiones se unen a tres bajas anteriores -Pedro Zerolo, por fallecimiento; y José Ramón Gómez Besteiro y Javier Abreu, por voluntad propia- y alcanzan el quórum necesario. Pero Ferraz interpreta que lo que ocurre ahora es que la Ejecutiva debe convocar un Comité Federal para que este a su vez organice un Congreso Federal extraordinario y ahí se elija nueva dirección, previo proceso de primarias abiertas a la militancia para designar secretario general.

“El único órgano competente para disolver cualquier órgano del PSOE es exclusivamente la Comisión Ejecutiva Federal”, ha defendido César Luena, secretario de Organización. Según su criterio, las renuncias en bloque obligan a celebrar de inmediato un Congreso extraordinario, no conllevan la caída automática del líder. El plan de Sánchez era convocar este sábado un cónclave ordinario, el 39º en la historia del partido, para tratar de revalidar su liderazgo y enterrar el debate interno. Los críticos se oponían a abrir un proceso así en este momento, han promovido este golpe para derrocarle y han chocado con un pertinaz atrincheramiento que amenaza con llevar hasta las últimas consecuencias la disputa. El socialismo se haya sumido en la mayor crisis de su historia reciente, una auténtica guerra civil entre partidarios y detractores de Sánchez.

Sánchez convoca a lo que queda de Ejecutiva del PSOE para este jueves a las 10.30h

Luena ha señalado que la Ejecutiva se encuentra plenamente operativa, y de hecho ha sido convocada para este jueves a las 10.30h. A la cita ya no acudirán los 17 dimitidos y concluirá con la fijación de ese Comité Federal que debe preparar el Congreso y que podría ser o no el que ya fue programado para este sábado. Ferraz no ha aclarado si puede alterarse el orden del día para que no sea necesario otro, será algo a estudiar la mañana del jueves.

El número dos de Sánchez ha puesto el énfasis en la necesidad de que los afiliados tomen la palabra. Quieren “que las decisiones las tomen los militantes, que son los que mandan en el Partido Socialista” y critican que haya quienes pretenden “intentar que no hablen o que no voten” los afiliados, en referencia a los barones. Luena está convencido de que “algunos y algunas dirigentes del partido” son los que “han instigado estas dimisiones para que en el PSOE no se convocara un Congreso”, para que “lo dirigiera una gestora” sin explicar “con qué intención”. Pero eso no ocurrirá. El intento de rebelión interna “es muy grave” para Ferraz porque pretende “torcer la voluntad de sus órganos legítimos respaldados por sus militantes, que los militantes no hablen”.

Apenas hora y media antes de que Luena compareciera ante los medios para dar cuenta de la situación, el diputado andaluz Antonio Pradas llevaba a la sede del PSOE el documento con las 17 renuncias. Además de la suya, figuraban las firmas de la presidenta del partido, Micaela Navarro, y otros 15 miembros de la Ejecutiva: Ximo Puig, María José Sánchez Rubio, Luz Rodríguez, Estefanía Martínez Palop, Carme Chacón, José Miguel Pérez, Manuela Galiano, Noemí Cruz, Eva Matarín, Tomás Gómez, Francisco Pizarro, Juan Pablo Durán, Emiliano García-Page, Ascensión Murillo y Carlos Pérez Anadón.

El andaluz Pradas se erige en portavoz del sector crítico y asegura que Luena y el resto de la dirección “ya no está legitimada” para seguir operando

Todos ellos creían que su movimiento implicaba la disolución de la dirección, el inmediato nombramiento de una gestora y la apertura de un proceso congresual para designar nuevo líder. Sánchez cree que no, que debe seguir al frente hasta que la militancia se pronuncie de nuevo y ser él y su núcleo de confianza los que piloten el proceso de primarias. Pradas, que ejerce de portavoz oficioso de los dimitidos ha asegurado ante las puertas de la sede del PSOE que se están vulnerando los estatutos y ha pedido al “compañero Luena” que “cumpla la ley” y asuma que “ya no es secretario de Organización”.

El diputado socialista se ha quejado de que no se le permita ni recoger los objetos personales de su despacho, obligándole a comparecer en la calle. Desde allí ha argumentado que las 20 vacantes obligan a “que se disuelva la Ejecutiva Federal” porque “ya no está legitimada” y ha pedido que sea la Comisión de Ética y Garantías del partido la que se pronuncie. No puede hacerlo Luena, ha zanjado, no puede ser “juez y parte”: “Lo menos que se le exige a un socialista es que cumpla la ley”.

Los estatutos del PSOE, en su artículo 36.O, recogen que corresponde al Comité Federal “cubrir las vacantes” en la Ejecutiva, pero que cuando estas afecten “a la mitad más uno de sus miembros” habrá que “convocar Congreso extraordinario para la elección de una nueva”.

La discrepancia entre un sector y otro está en qué ocurre entre las dimisiones y la celebración del cónclave. Ferraz interpreta que se mantiene al mando el secretario general y los críticos ven inconcebible tal cosa, porque implicaría que las primarias y el resto del proceso congresual lo organizaría una dirección deslegitimada. Igualmente, consideran que no puede seguir al frente un líder que ha perdido la confianza de más de la mitad de su cúpula. La batalla está servida y puede que no haya hecho más que comenzar.