El PSOE es una olla a presión donde todos velan armas ante la batalla orgánica que se librará en el Comité Federal de este sábado. Los críticos estudian qué camino tomar para tratar de acabar con Sánchez: rechazar su plan orgánico, impulsar la dimisión de la mayoría de la Ejecutiva, presentar una moción de censura o disputarle las primarias.

El PSOE es un partido federal, cuyas decisiones se toman de forma colegiada y presenta una estructura menos jerarquizada, con más contrapesos, que otras formaciones. Sin embargo, no resulta fácil forzar la marcha de un secretario general contra la voluntad de este, aunque los estatutos contemplen diversas vías para hacerlo. Pedro Sánchez está desde el lunes abiertamente enfrentado al sector crítico, a quien ha retado a batirse con él en primarias para acabar con el debate sobre las líneas estratégicas del partido. Estos no aciertan a recoger el guante de forma unánime y organizada, sino que tantean el terreno para ver cuál de las fórmulas que pueden acabar con Sánchez les conviene más impulsar. O si les conviene lanzar alguna. Las posibilidades son cuatro, todas ellas complejas y traumáticas, difíciles de llevar a cabo e imposibles de ejecutar sin agrandar el cisma que tiene al PSOE completamente partido en dos.

1. Tumbar el plan de Sánchez

Una opción de desacreditar al líder socialista es no aprobar su plan de convocar primarias para que la militancia elija al secretario general el día 23 y un Congreso Federal lo proclame el primer fin de semana de diciembre. Ambas iniciativas son competencia del Comité Federal, el máximo órgano del partido entre congresos, que este sábado se reunirá para manifestarse sobre ellas. Cerca de 300 miembros componen este comité, entre los natos y los electos.

En el primer grupo figuran los miembros de la Ejecutiva, los presidentes y portavoces de los grupos parlamentarios o los secretarios generales de las distintas federaciones (barones). En el segundo, los designados en el último Congreso Federal -un mínimo de 65 y un máximo variable en función del volumen de militancia-; las delegaciones elegidas por cada federación -un representante las de una sola provincia, tres las demás; un representante adicional por cada 3.000 militantes o fracción superior a 1.500-; y los elegidos por las federaciones en el exterior. El órgano está dividido casi al 50% entre partidarios y detractores de Sánchez, arrojándose cada sector la mayoría del mismo.

Algunos críticos, como Eduardo Madina, ya han anunciado que votarán en contra de las propuestas de Sánchez en el Comité Federal. Las direcciones de federaciones como Andalucía, Castilla-La Mancha, Extremadura, Aragón o Asturias han mostrado también sus recelos, cuando no su oposición explícita. Once diputados del Grupo Socialista expresaron ayer su posición contraria a convocar ahora un congreso -entre ellos, Madina, Pradas, Elorza, Barreda o Císcar-. Si todos ellos se organizan para dar el ‘no’ al secretario general, podrían lograr más de la mitad de los votos y dejarle en muy mal lugar. Sánchez afirmó el lunes que ni baraja que el máximo órgano de su partido se oponga a consultar a las bases. El martes se avino a contemplar la posibilidad y, en entrevista con la cadena SER, indicó que tal cosa “por supuesto que no” le haría dimitir. Esta operación, pues, erosionaría la figura del líder pero podría ser insuficiente para acabar con él.

2. Dimisiones en bloque en la Ejecutiva

Otra posibilidad que tienen los críticos es provocar un golpe interno en la Ejecutiva de Sánchez. Si 18 de los 35 miembros que actualmente componen la dirección renuncian al cargo, el órgano se disolvería y tendría que nombrarse una gestora hasta que un congreso extraordinario eligiera nueva Ejecutiva. El nivel de contestación al líder es amplio también entre los dirigentes, aunque no está claro que los críticos tengan fuerza suficiente como para desarrollar una maniobra tan traumática. Carme Chacón, Antonio Pradas, Luz Rodríguez o Eva Matarín están claramente distanciados de Sánchez, pero tienen enfrente al núcleo duro del secretario general -César Luena, Meritxell Batet, Patxi López, Adriana Lastra- y no les sería fácil dar el golpe de mano. Además, tendrían luego que enfrentar un congreso con el hándicap de haber ejecutado tan oscura operación.

3. Moción de censura

Los estatutos del PSOE recogen en su artículo 36 la opción de hacer caer al secretario general mediante la reprobación de una mayoría del Comité Federal. Este órgano puede “exigir, en su caso, la responsabilidad política de la Comisión Ejecutiva Federal mediante la presentación de una moción de censura”. Dicha moción tendría que ser apoyada por al menos el 20% de los miembros del Comité “y sancionada para tener efectos por la mayoría absoluta de los y las integrantes” del mismo. Es una vía que podría tomarse este mismo sábado o en una ulterior reunión del Federal.

Díaz amaga con presentarse a las primarias, mientras Madina anuncia su ‘no’ al congreso que quiere convocar Ferraz

Susana Díaz ha convocado a la plana mayor del PSOE andaluz este jueves para coordinar la estrategia a seguir en el cónclave del día 1 y podría ser la encargada de impulsar una moción si ve visos de triunfar. Llegaría al 20% de avales sin problema y es probable que también lograra el apoyo de la mayoría del órgano una vez lanzada la iniciativa. El problema es el mismo que con las hipotéticas dimisiones de la Ejecutiva: el coste interno de dar tal golpe de mano y la dificultad de seducir a capas amplias de la militancia con un proyecto nacido tras esta maniobra, inexplorada en la historia del PSOE.

4. Ganar las primarias

Los críticos también tienen la posibilidad de plantar cara a Sánchez en su territorio, presentarse a las primarias que quiere impulsar y vencerle. Susana Díaz dejó este martes abierta la puerta a postularse, asegurando que “siempre” estará donde sus “compañeros” quieran que esté, “en la cabeza o en la cola”. La presidenta andaluza pone así la pelota en el tejado del resto de detractores del líder socialista, a quienes impele de forma velada a reclamar su candidatura.

Si se lanza a esa batalla, Díaz afrontará un reto decisivo para su carrera. Vencer a Sánchez le obligaría a mudarse a Madrid, dejar la presidencia de la Junta y presentarse a las probables elecciones de diciembre con un oscuro horizonte para el PSOE. Perder le haría quedar totalmente desacreditada, con nula legitimidad para seguir oponiéndose al secretario general y pocas opciones de hacer carrera alguna vez fuera del Palacio de San Telmo.

La decisión, en todo caso, tiene que tomarla ya: el procedimiento de esas primarias ha de aprobarse el sábado y el plazo para recabar los avales necesarios vencería el día 11. Con apenas unos días de campaña entre la militancia y un debate sobre el estado de la región andaluza de por medio -está convocado para el día 19, lo que lleva a pensar que Sánchez calculó todas las variables antes de echar el órdago- tendría que batirse el cobre con el inquilino de Ferraz. “Que den un paso al frente, que lo defiendan”, emplazó este con tono desafiante a los críticos el lunes. También su secretaria de Estudios y Programas, Meritxell Batet, animó este martes a los detractores a que acudan a las primarias: “Me parecería muy legítimo que se presentaran si piensan que hay otro proyecto, que es necesario otro rumbo”. En la misma línea se manifestó la líder del socialismo vasco, Idoia Mendia, fiel a Sánchez: “que sean coherentes” y “digan dentro lo que después mantienen en público”.

El aparato está muy seguro de que tiene todas las de ganar en una elección ante la militancia porque a dicha batalla acudiría acusando al rival de querer pactar con el PP de Rajoy. Sánchez ha demostrado que se le dan bien estas contiendas: venció por amplio margen a Madina en 2014 y consiguió un apoyo mucho mayor del esperado en la consulta de febrero para legitimar su política de alianzas. Unos 180.000 afiliados tendrían la palabra, la mayoría inscritos en federaciones cuyas cúpulas están enfrentadas a Sánchez (Andalucía, Comunidad Valenciana, Castilla-La Mancha, Extremadura).