El líder socialista confirma su órdago a los críticos, impulsa unas primarias para blindarse en el cargo y reta a quien no comulgue con él a disputarle la secretaría general ante la militancia. Acusa a los barones de pretender la subordinación del PSOE al PP y plantea unos plazos orgánicos que apenas dejan margen para ofrecer una salida al desbloqueo antes de que las Cortes se disuelvan el 31 de octubre. Sánchez quiere que el socialismo salga de este proceso con “una única voz”.

No se recuerda una guerra civil así en un partido español relevante desde la implosión de la UCD. El PSOE, formación que ha gobernado todas las comunidades autónomas y que ha ocupado La Moncloa durante 21 de los 39 años de democracia, está completamente quebrado en dos y ya nadie se esfuerza en disimularlo. A la organización decana de la política española, que aparece sumida en su peor crisis desde la que provocó la renuncia al marxismo (1979), le costará mucho suturar la brecha que este lunes describió con todo detalle su secretario general. No estamos ante tensiones entre familias, convencionales batallas por el poder o diferencias programáticas. Ha estallado una auténtica guerra entre los partidarios y los detractores del secretario general a consecuencia de la línea estratégica que éste impone contra el criterio de cuadros muy importantes de su partido y pese a los continuos naufragios electorales. El último, este domingo en Galicia y País Vasco.

Pedro Sánchez se ha hartado de los amagos de rebelión interna, de las críticas sotto voce de los barones y de que el PSOE sea una jaula de grillos donde nadie respeta las decisiones de la Ejecutiva. Sigue firme en su determinación de no negociar la abstención ante un Gobierno del PP e intentar construir una alternativa y no está dispuesto a permitir que los socialistas opuestos a este criterio continúen restándole crédito con esos recelos que manifiestan a través de los medios pero sin defender a las claras que lo que piden es un entendimiento con Mariano Rajoy.

Ferraz no contempla que los críticos veten en el Comité Federal su plan de “que la militancia se pronuncie”

Porque esa es la postura de los barones críticos con Sánchez, explicó éste: “Creen que debemos abstenernos, y es legítimo”, consideran que hay que adoptar una “posición subalterna” respecto los populares. Otros, indicó en clara referencia a la presidenta andaluza, Susana Díaz, “creen que con 85 diputados el PSOE no debe plantearse siquiera gobernar”. Pues bien, él aparece justo enfrente de esos postulados -“no quiero eso para el PSOE, no quiero eso para la izquierda de mi país”- y pretende que los militantes decidan qué criterio se sigue. Hasta ahora, nadie aparte del extremeño Guillermo Fernández Vara ha contemplado en público que el partido deba abstenerse ante un Ejecutivo del PP, aunque sí han puesto pegas o se han mostrado contrarios a que se intente un pacto alternativo partiendo de la base de 85 parlamentarios.

Es “un debate no menor” que debe zanjarse ya porque, a juicio de Sánchez, marcará la línea de los socialistas “los próximos años”. Su plan es que el domingo 23 de octubre los afiliados voten en primarias al secretario general y que el ganador sea proclamado en un Congreso ordinario el fin de semana del 2 al 4 de diciembre. Ambas cosas las debe aprobar el Comité Federal de este sábado, que forman 250 miembros divididos por la cuestión. Sánchez no contempla que dicho órgano tumbe su iniciativa de dar voz a las bases, aunque referentes del partido como Emiliano García Page o Javier Lambán mostraron la semana pasada su rechazo a convocar abrir ahora un proceso congresual. El PSOE andaluz, la federación más grande y poderosa, también se manifestó en contra este lunes. Y lo mismo hicieron otros críticos como Eduardo Madina, Carme Chacón, Luz Rodríguez, José Blanco o José Luis Rodríguez Zapatero.

Sánchez está dispuesto a plantarles cara, sin importarle cuántos ni cuán importantes sean. Convencido de que las bases están con él, busca la legitimación definitiva para explorar un pacto que le lleve a la Presidencia del Gobierno y haga que el PSOE tenga “una única voz”. En este punto insistió mucho. La “unidad en el mensaje” debe imperar, según el líder socialista, porque lo contrario “está haciendo daño”, “perjudica electoralmente” al partido. “Es importante cerrar el debate” y “estar a piñón” con el que gane. Se presentará a las primarias con la mencionada bandera del ‘no’ a Rajoy bajo el brazo y defendiendo un PSOE “de izquierdas”, “dialogante”, “claramente diferenciado del PP, que aspira de nuevo a ser alternativa y proyecto mayoritario entre el electorado de izquierdas”. Mientras llega el día de la votación, continuará con sus contactos con otras fuerzas para buscar un acuerdo de gobierno que en ningún caso podrá rubricarse antes de ser reelegido secretario general.

El Rey debe decidir si espera a que el PSOE solucione sus cuitas internas o convoca antes una nueva ronda de consultas

Los plazos de Sánchez dejan muy poco margen para el desbloqueo institucional. Si el Comité Federal avala su plan, hasta el 24 de octubre no podrá alumbrarse una salida. Es decir, una semana antes de que concluya el plazo para elegir Jefe del Ejecutivo. El ya de por sí muy difícil, por no decir imposible, acuerdo “transversal” que busca con Podemos y Ciudadanos debería validarse entonces, para dar lugar a una nueva ronda de consultas del Rey que acabe postulando a Sánchez. Y dejar un margen de al menos 48 horas para que la presidenta del Congreso convoque al pleno, que habrá de investir al líder socialista antes de las doce de la noche del 31 de octubre. Felipe VI queda así en la encrucijada de si esperar o no a que el segundo partido de España supere su caos interno antes de citar a los líderes para sondear un nuevo intento de investidura.

“Ya va siendo hora de que hagamos un debate de verdad”, proclamó el Sánchez más desafiante. Los miembros de la Ejecutiva permanente estuvieron más de cuatro horas departiendo sobre la propuesta con que su líder pretende enfrentar al aparato con los críticos. “Que den un paso al frente, que lo defiendan”, emplazó a los Díaz, Vara, Page, Lambán, Fernández o Puig, que llevan semanas desmarcándose de la línea oficialista. Al igual que toda la vieja guardia, parte del grupo parlamentario y otros muchos cuadros medios, no ven viable acceder al poder tras cosechar el peor resultado de su historia. Si quieren que su opinión prevalezca, tendrán que dar el paso de lanzar una candidatura a la que Sánchez ya ha puesto el sambenito de partidaria a pactar con el PP. Eso o echarle abajo el plan de consultar a las bases, maniobra que no sería menos impopular.

Díaz ha convocado a la plana mayor del socialismo el jueves, 48 horas antes del decisivo Comité Federal. Ella y el resto de críticos deben consensuar una respuesta a este órdago de Ferraz, que demuestra una vez más la determinación de Sánchez por llegar hasta el final en la defensa de sus criterios. Aunque eso implique enfrentar directamente al aparato con los cuadros regionales, a los barones con la militancia o a los afiliados entre sí. El PSOE se enfrascará en lo que pinta como la recta final de una nueva legislatura fallida en un feroz pulso interno, que puede que acabe en enfrentamiento directo en primarias entre sus dos facciones o no, pero del que a buen seguro le costará tiempo reponerse. Si se repone.