En pleno revival del clásico del western Los Siete Magníficos, que a su vez era un remake de Los Siete Samurais de Akira Kurosawa, Pedro Sánchez se ha apuntado su sexta derrota electoral en su breve carrera y apunta a lo que nunca antes había conseguido nadie en España en menos de dos años.

Después del espejismo de las andaluzas, comenzó la debacle: Municipales y autonómicas, catalanas, dos generales, gallegas y vascas. Un recorrido lamentable que se zanjará, salvo sorpresa mayúscula, con un nuevo varapalo en diciembre.

Seis derrotas electorales en menos de año y medio, un récord absoluto para la democracia y el socialismo españoles y, visto lo visto, uno que Sánchez seguirá ignorando. Pedro Sánchez es un club descendido que busca conseguir la permanencia en los despachos.

Cabe preguntarse cómo es posible que el PSOE, enfrentado a un rival que, en teoría, debería estar sobre la lona, acosado por los casos de corrupción y malas prácticas, no consigue levantar cabeza. El hecho de que Feijoo haya conseguido una mayoría absoluta inapelable en Galicia, y que el PSOE sea allí la tercera fuerza, debería hacer que los socialistas replanteasen su estrategia.

Buena parte del declive del PSOE está en la incómoda competencia de Podemos. Si hay algo de cierto en los rumores que siempre han corrido por los pasillos de que el partido de Pablo Iglesias fue convenientemente azuzado por Moncloa, lo cierto es que, hoy por hoy, sea o no cierta, hubiese sido una estrategia perfecta.

No lo parecía cuando todo hacía ver que, si Podemos era un “invento”, se les había ido de las manos. Pero ¿ahora? Visto lo visto, Soraya Sáenz de Santamaría se puede apuntar feliz el tanto, estuviese o no implicada en la génesis y desarrollo del nuevo partido. Da igual si lo marcó ella o ha sido un gol en propia puerta de la izquierda. Ha sido un golazo.

Con Podemos arrojando una imagen de división y los medios jaleando el supuesto divorcio, con Pedro Sánchez a punto de ser devorado por las divisiones internas, con el PP ganando siempre, pese a todo y pese a todos, hoy en Génova sacan pecho y cunden las sonrisas de complicidad.

¿El precio? Hacer que los ciudadanos abominen de la política y condenarnos a que muchos de nuestros conciudadanos dejen de creer en el fondo y en las formas del proceso democrático. Un roto en el tejido mismo de la democracia que no se remendará solo.

Nada de esto le importa a Pedro Sánchez. Contempla, de momento, sus seis magníficas derrotas sin que asome vergüenza alguna. En términos que Kurosawa entendería: Es un ronin de la política y no tiene plan alguno de cometer seppuku. Intentará ganar las primarias. Y, vista la racha que presenta, no parece capaz ni de eso.