• El presidente de la Xunta logra su tercera mayoría absoluta consecutiva al llevarse el 47’5% de los votos y 41 de los 75 escaños de la Cámara regional.
  • En Marea supera al PSdeG por un punto, pero la izquierda se queda muy lejos de poder articular una alternativa a Feijóo (14 diputados para la confluencia, 14 para los socialistas y 6 para el BNG).
  • El PNV aumenta su mayoría en el Parlamento de Vitoria (29 actas de 75) y solo necesitará el apoyo del PSE (9) para conservar el poder.
  • EH Bildu mantiene la segunda plaza en el País Vasco (17 escaños) con gran ventaja sobre un Podemos (11) que se deja 14 puntos desde las generales.
  • Fiasco de Ciudadanos: se queda sin representación en Galicia y en Euskadi.

Alberto Núñez Feijóo ha conseguido su tercera mayoría absoluta consecutiva, la primera que logra un candidato autonómico desde la irrupción de Podemos y Ciudadanos, y otorga así un gran balón de oxígeno al líder de su partido, Mariano Rajoy, en pleno bloqueo institucional de España. Además, su capital político gana muchos enteros y le hace emerger como favorito para suceder al actual líder del PP cuando se abra ese melón. Feijóo se ha llevado el 47’5% de los votos, dos puntos más que en 2012 y seis más que en las generales del 26-J, lo que le vale 41 diputados en el Parlamento. Los mismos que tuvo en la anterior legislatura.

Los socialistas sacan el peor resultado de su historia en Galicia y País Vasco al hundirse hasta el 18% y 12%, respectivamente

A un mundo de los populares gallegos aparece el resto de fuerzas. La confluencia En Marea, donde se integran los candidatos de Podemos, ha superado al PSdeG-PSOE por un estrecho margen de apenas un punto (19%-17’9%), resultado que traduce en 14 actas parlamentarias. Las mismas obtienen los socialistas, que en 2012 llegaron a las 18. Es el peor resultado de la historia de la federación gallega, que hunde el suelo de 1981 (19’62%) por un punto y medio. No es, en cambio, la primera vez que pierden la hegemonía de la izquierda en esta región: el BNG ya les superó en 1997 y 2001 por 5’4 y 0’8 puntos, respectivamente.

Los 41 escaños (de un total de 75) logrados por el PP en Galicia dejan a Feijóo de nuevo a solo dos del mejor resultado de su partido en unas elecciones regionales -el techo son los 43 escaños de Manuel Fraga en 1993- y ponen un abismo de por medio con con los demás partidos, que han quedado muy lejos de poder articular una alternativa. Las cifras de todos ellos han estado en las horquillas estimadas por las demoscópicas, con la excepción de un BNG que ha aguantado mejor de lo esperado el empuje de Podemos. Pierde un escaño respecto a 2012 (por Pontevedra), pero conservará un estimable grupo parlamentario de seis miembros gracias al 8’3% de los votos obtenido este domingo. Ciudadanos se ha quedado fuera del Parlamento al no superar el 5% en ninguna de las cuatro provincias.

El PNV, intratable

En el País Vasco, la otra región que celebraba comicios, también se ha cumplido el guion. El PNV ha logrado aumentar los avales de hace cuatro años -sube tres puntos, hasta el 37’6%, y dos escaños, hasta los 29- y podrá conservar el poder si reedita el pacto que mantiene con el PSE en el resto de instituciones vascas. Los socialistas se han llevado un formidable batacazo al pasar de 16 diputados a nueve, pero suman justo los 38 de la mayoría absoluta junto a los nacionalistas y es muy probable que acaben entrando en un gobierno de coalición. El 12% obtenido hoy es su peor cota de siempre, empeorando la de 1980 (14’21%).

Podemos Euskadi pasa del 29% de junio al 15% y se queda a siete puntos de EH Bildu en la lucha por la segunda plaza del Parlamento de Vitoria

El PP de Alfonso Alonso ha aguantado bien el tipo, cediendo solo un escaño -por Vizcaya-, cuando los sondeos estimaban que podía perder hasta cuatro. Los populares tendrán un grupo en la Cámara vasca idéntico al de los socialistas, con nueve diputados, y se han quedado a apenas 20.000 papeletas de superarles y colocarse como cuarta fuerza autonómica. Son exactamente los mismos votos que han ido a parar a las arcas de Ciudadanos, partido que tampoco aquí ha conseguido ni un solo parlamentario. El 3’3% de Álava ha sido insuficiente para un Albert Rivera que se volcó en la campaña vasca.

La batalla por la segunda plaza entre EH Bildu y Elkarrekin Podemos ha estado finalmente muy poco disputada. Los abertzales le han sacado más de seis puntos -seis escaños- a los de Pablo Iglesias, que con sus 11 diputados apenas han quedado dos por encima de PSE y PP. Los electores vascos han vuelto a demostrar que votan muy distinto en elecciones autonómicas que en generales y, tres meses después de dar la victoria a Podemos con el 29% del voto, dejan a su candidata, Pilar Zabala, tercera con menos del 15%. EH Bildu experimenta una reacción contraria, al subir del 13’3% de junio hasta el 21’2%.

El horizonte se le despeja por completo a Íñigo Urkullu, que no tendrá problemas para volver a ser investido lehendakari. El hecho de que no vaya a necesitar al PP para completar la mayoría absoluta acaba con las posibilidades de acercamiento Rajoy-PNV, por lo que los populares tendrán muy difícil sumar en el Congreso los cinco escaños de los nacionalistas ante un hipotético nuevo intento de investidura de su líder. Todas sus opciones pasan ahora por que haya una catarsis en el PSOE que haga pagar a Pedro Sánchez por su quinto desastre electoral consecutivo -une el de hoy a las autonómicas y municipales de 2015, las catalanas y generales de ese mismo año y las generales de este 2016- y concluya en la abstención técnica ante un Gobierno del PP.

Sánchez sale debilitado del envite, aunque ya anunció antes de que éste se confirmara que nada le haría moverse del ‘no’ a Rajoy y que propondría a su Comité Federal, este sábado, el lanzamiento de un pacto alternativo para alcanzar La Moncloa. El camino hacia un acuerdo con Podemos no comenzará a desbrozarse en Galicia, como pretendían los de Iglesias, y tampoco en el País Vasco se vislumbra un escenario propicio para tales entendimientos. Los cuatro grandes partidos reunirán este lunes a sus direcciones para valorar los resultados del 25-S y comenzar a diseñar la nueva estrategia a nivel nacional. Por delante queda un mes de plazo para designar presidente del Gobierno.