Los inversores no han premiado los movimientos corporativos que han revolucionado a La Caixa en la última semana. El banco del grupo financiero, CaixaBank, ha concluido la semana con una bajada del 3,75% en la cotización de sus acciones.

Ha sido una semana crucial en la gran casa catalana. Por un lado, el líder de la fundación bancaria La Caixa y de Criteria, Isidre Fainé, ha consumado su fichaje como presidente de Gas Natural, una operación con la que se refuerza como sumo sacerdote del empresariado catalán. Por otro lado -y esto es lo que más inquieta a los inversores-, CaixaBank ha tenido que echar mano de su autocartera para costear su opa sobre el banco brasileño BPI.

Tras apenas 6 de horas desde que comunicara que iba a colocar un 9,9% de su capital social entre inversores institucionales, CaixaBank consiguió deshacerse de esta participación que provenía de su autocartera por 1.322 millones de euros. La propia entidad ya había advertido que la venta era necesaria para mantener los niveles superiores de liquidez exigidos por las autoridades bancarias europeas: la ratio de Common Equity Tier 1 (CET 1) fully loaded corría el riesgo de caer por debajo del umbral del 11% tras la opa sobre BPI, así que CaixaBank tenía que recaudar dinero de manera urgente.

La entidad podría haberse conformado con algo menos, dado que si todo el capital de BPI que no controla todavía se acogiera a la oferta de CaixaBank de 1,134 euros por acción, la operación le costaría alrededor de 900 millones de euros. Por lo tanto, a La Caixa le sobran más de 400 millones, en el peor de los casos.

El movimiento de tramoya, ejecutado con mucha premura, no ha convencido a los inversores. Y eso que la la solución alternativa que tenía CaixaBank en su mano, la ampliación de capital, era mucho peor porque habría devaluado de manera automática los títulos actuales del grupo financiero.

La caída en bolsa de CaixaBank sólo se ha visto superada por la del Banco Sabadell, que ha concluido la última sesión de la semana con un descenso del 4,15% en el precio de sus acciones. Tan sólo han acabado el viernes en terrenos positivos Merlin, Meliá, Repsol, ACS y Arcelormittal.

Nuevos accionistas

Prácticamente un cuarto de la colocación de acciones de CaixaBank ha ido a parar a Mutua Madrileña. La aseguradora se ha hecho con un 2,13% del capital de la entidad con esta operación, tras desembolsar 280 millones de euros. En un comunicado, Mutua Madrileña calcula que obtendrá unas rentas anuales de 16 millones en dividendos de CaixaBank.

Entre las dos empresas ya había unos intensos lazos corporativos, puesto que en 2011 la Mutua le compró al banco un 50% de SegurCaixa Adeslas. No obstante, en este caso no sólo han pesado las sinergias, ya que la aseguradora ha destacado la rentabilidad por dividendo que ofrecen los títulos de CaixaBank actualmente, del 6%.

Otro peso pesado que ha entrado con fuerza en el accionariado del banco es Carlos Slim, que ha invertido 100 millones de euros en adquirir una participación de alrededor del 0,76% a través de su sociedad Inbursa, según Efe.

Foto: La Caixa