Ferraz reta a los críticos y advierte de que impulsará una alternativa al PP pase lo que pase en las gallegas y vascas del domingo. La negativa del líder del PSOE a cambiar su posición aboca a nuevos comicios en diciembre, salvo que Unidos Podemos y los independentistas se avengan a hacerle presidente antes del 31 de octubre. Ciudadanos rechaza el plan de Sánchez por “inviable” y le acusa de anteponer sus intereses personales a los de España.

Pedro Sánchez ganó la batalla por la secretaría general del PSOE en 2014 gracias a que un sector del partido, encabezado por Susana Díaz, vio en él un político manejable. Su principal rival, Eduardo Madina, presentaba un perfil propio mucho más marcado, una hoja de servicios reconocible y valorada en la formación, una opción con peso específico indiscutible. Había encabezado, además, la causa de las primarias como vía para elegir al sucesor de Rubalcaba, laminando cualquier posibilidad de que Díaz resultara electa por aclamación.

Los descontentos con esa decisión y los que querían disponer de una cota relevante de poder orgánico sin lanzarse a la arena de la lucha por el liderazgo promocionaron a Sánchez, en la confianza de que fuera un secretario general ‘de paja’, influenciable y maleable, que se dejaría aconsejar y se apartaría sin hacer ruido cuando así se lo requirieran aquellos a quienes debería el puesto. Se equivocaron de medio a medio.

La precipitación de la convocatoria del 39 Congreso Federal pillaría a los críticos con el pie cambiado

El líder socialista, que desde muy pronto se descubrió como un político decidido y ambicioso, no atiende más razones que las propias y está dispuesto a dar cualquier batalla, ante quien sea, para hacerlas valer. En esta XII Legislatura, que va camino de ser la segunda fallida de la democracia, se han sucedido las presiones desde todos los frentes hacia su persona para que renuncie a encabezar una alternativa de gobierno y/o se avenga a negociar con el PP una salida al bloqueo. Todas han sido en vano y tampoco le condicionará el último acontecimiento que se vislumbraba capaz de hacerlo: una debacle socialista en Galicia y País Vasco. Sánchez mantendrá su ‘no’ a Mariano Rajoy pase lo que pase en las elecciones del domingo, propondrá a su Comité Federal intentar una alternativa y prepara ya el terreno para volver a ser cabeza de cartel en el probable caso de que haya que celebrar nuevas generales en diciembre.

Librarse de este secretario general no va a ser fácil para el sector crítico, por grande y poderoso que sea -lo conforman muchos de los que en 2014 le avalaron y casi todos los que no lo hicieron-. Torcerle el brazo es directamente imposible. Ferraz filtró este jueves que en el cónclave socialista del día 1 Sánchez se lanzará formalmente a la empresa de articular un pacto de gobierno sin el PP. Los que se opongan y consideren que con 85 escaños no se puede liderar una iniciativa así o que hay que negociar una abstención ante Rajoy, deberán decirlo a las claras en esa cita, asumiendo el correspondiente coste. Sánchez se guarda, además, la baza de consultar la decisión final a la militancia. Díaz, Vara, Lambán, Page y el resto de críticos tienen el órdago echado y nueve días para pensar en la respuesta.

Maniobra calculada

El secretario general se ha adelantado a los acontecimientos y a la campaña de presión redoblada que se desataría al minuto de confirmarse la debacle del 25-S para hacerle cambiar de postura. Asimismo, empieza ya a desplegar la estrategia para blindarse internamente en caso de que el Comité Federal le vuelva a atar las manos de cara a las negociaciones que pretende entablar o de que dicho intento sea infructuoso. En esos supuestos, Sánchez convocaría el 39 Congreso Federal del PSOE, tal y como adelantó Colpisa, para tratar de revalidar su liderazgo sin esperar a que “se forme Gobierno”, como decidió el partido en primavera. Ese Congreso debería haberse celebrado a principios de año, pero fue aplazado primero a mayo y posteriormente sine die por la inconveniencia de abrir el debate interno en plena parálisis institucional.

Ferraz ha pensado ahora que mejor hacerlo antes y acabar de una vez por todas con el permanente cuestionamiento interno a que está sometido Sánchez. El plan sería celebrar las primarias para elegir secretario general en apenas un mes, el domingo 23 de octubre, y proclamar al ganador en un Congreso Federal a principios de diciembre, justo antes de la campaña de las hipotéticas nuevas generales. Los críticos tendrían que trabajar a contrarreloj para postular una alternativa capaz de seducir a más militantes que la del actual líder, bien acompañándola de una apuesta por enmendar la estrategia postelectoral o bien aparcando esa cuestión para afrontar el desafío con más garantías.

La posibilidad de descabezar a Sánchez antes de que ejecute estos movimientos, provocando la dimisión de la mitad más uno de los miembros de la dirección o forzando una votación en el Comité Federal del día 1 para desacreditarle, es mucho más compleja y lejana. Aunque ninguna pueda descartarse.

Sánchez solo tiene una vía hacia La Moncloa: que su partido le permita llevar al Congreso un proyecto pactado con Podemos, PNV, ERC y PDC

Lo que sí tiene nulos visos de prosperar es el intento de Sánchez por hacerse con La Moncloa. Su lugarteniente y portavoz parlamentario, Antonio Hernando, veía hace solo unas semanas “muy difícil, imposible” sumar los apoyos necesarios para tal cosa, pero ahora apuestan por ello. Es probable que lo hagan por tacticismo -ganar tiempo y culpar a otros de la persistencia del bloqueo-, pero el proceso negociador se abrirá en serio si pasa el filtro orgánico y solo tiene un resquicio hacia el éxito: que se constituya lo que Rubalcaba denominó ‘Gobierno Frankenstein’.

El exlíder socialista llamó así a un posible pacto del PSOE con la coalición Unidos Podemos, el PNV y los independentistas catalanes (178 escaños). El acuerdo transversal con Iglesias y Rivera anhelado por Sánchez está absolutamente enterrado porque el veto cruzado de los emergentes se mantiene y el presidente de C’s rechazó la alternativa socialista este jueves, en cuanto la conoció. “Un gobierno de 85 escaños, con división interna, dependiente de 44 partidos, es inviable. Ningún político debería anteponer su silla a España”, tuiteó el político catalán, en línea con lo manifestado en jornadas precedentes.

Así las cosas, a Sánchez solo le queda cerrar un pacto con Iglesias -y la amalgama de sujetos políticos que conforma su grupo parlamentario- susceptible de sumar a ERC, PDC y PNV, siempre que su partido le autorice a presentar tal proyecto en el Congreso. Si no le sale la operación, el camino hacia las nuevas elecciones quedará expedito. Y allí concurrirá de nuevo, salvo exitosa rebelión de los barones, el político que se ha convertido en el mayor quebradero de cabeza de los socialistas que un día le avalaron por oposición a otro o por creerlo manejable. ¿Y si ese camino les conduce a un desastre total? Pues en su lápida pondrá, como tuiteó la dirigente Adriana Lastra, “muertos por votar no a la derecha”.