Jean-Claude Juncker metió el otro día en un lío a los operadores europeos de todos los países.

El reglamento sobre itinerancia que tenía sobre la mesa tenía defectos, pero permitía eliminar los sobrecostes en los viajes por Europa. Los operadores sólo habían conseguido un par de pequeñas concesiones: El reconocimiento de la ilegalidad del ‘itinerante permanente’, el ciudadano de un país que vive en otro y sólo utiliza la tarjeta SIM de su país de origen, y la limitación a 90 días anuales del roaming, con sólo 30 de ellos consecutivos, debido a los costes de la estacionalidad para los países receptores.

Quitando esos pequeños detalles, a partir de verano del año que viene los europeos podríamos hablar y navegar por el resto de países europeos con nuestras propias tarifas. 

Sin embargo, Juncker se ha dejado someter por las presiones de los países donantes de turistas, como Reino Unido y Alemania, y prepara un nuevo reglamento que los operadores temen como a la lepra, en tanto en cuanto puede introducir sorpresas desagradables.

¿En qué podría afectar un nuevo reglamento a los operadores?

La eliminación del número de días consecutivos sería perjudicial, del mismo modo que lo sería quitar el tope de días totales. El problema es que ni siquiera está claro para quién sería más dañino.

En España casi ningún operador tiene tarifas ilimitadas, de manera que el principio de “tu tarifa igual en el extranjero” puede ser relativamente asumible para casi todos ellos salvo en el caso de Yoigo, que gastaría mucho dinero por cada cliente que se deje sus 20 gigas de la tarifa Sin Fin en otro mercado.

Para entender todo esto tenemos que hablar de los precios mayoristas, los que se cobran los operadores entre sí por permitir que las llamadas y conexiones de datos de clientes de otros operadores se produzcan en sus respectivas redes. 

Tras los sucesivos reglamentos para terminar con el roaming, los precios mayoristas actuales están capados en 5 céntimos por minuto en las llamadas, 2 cent/min por los SMS y 5 cent/Mb para los datos, lo que implica 50€/Gb.

Si se hubiese validado el nuevo reglamento, hablaríamos de 4 cent/minuto para llamadas, 1 cent/SMS y 0,85 cent/Mb, lo que nos supondría hablar de 8,5€/Gb. Una pequeña reducción del precio de llamadas y mensajes, que ya era muy bajo, y una enorme rebaja en el precio mayorista de los datos, que beneficiaría espeialmente, por cierto, a los operadores móviles virtuales, que hoy compran los datos muchos más caros y no tienen grandes redes internacionales sobre las que apalancarse.

Esto implica que si un cliente de Yoigo se gastase 10 megas en Francia durante el mes de agosto pagando en España sus correspondientes 30€/mes, la operadora española tendría que abonar a su contraparte francesa un total de 85€. Si bien es cierto que si un francés utiliza la red de Yoigo y gasta otros tantos megas, la cosa se equilibra más e incluso puede haber grandes acuerdos de intercambio por capacidad que permitan ahorrar dinero a ambas partes.

El problema es que sin los límites por uso razonable, los países eminentemente donantes con tendencia a tarifas sin límites de datos se enfrentan a problemas preocupantes, y los operadores receptores de roaming, con una inesperada fuente de ingresos.

Y ésta, paradójicamente, ni siquiera es una buena opción para los operadores españoles. Imagina que tienes una pequeña isla con una cobertura razonablemente preparada para atender a la población y, de repente, durante varios meses al año te topas con una población residente que se multiplica exponencialmente y consume muchos gigas en 4G. Si te los pagan bien y son muchos, te compensará preparar la red para ese tipo de concurrencia y capacidad, pero ¿son 8,5€/Gb un precio lo suficientemente generoso?

Importa poco, porque los operadores de países receptores temen que la presión de los países donantes también implique una fuerte reducción del precio mayorista de los datos. Si se eliminan los límites temporales y el precio mayorista se reduce a una fracción del actual, los operadores de países como España, Grecia o Portugal serán los paganinis de la fiesta del roaming.

¿Cuál es su única protección?

Si ya es malo todo lo que estamos mencionando, ni que decir tiene que un problema adicional es que si hay un verdadero mercado único de telecos europeo, podría suceder que entrasen a competir en España ‘brokers’ con tarjetas SIM de otros mercados europeos con precios más bajos o condiciones mejores.

En el reglamento que se presentó y que iba a aprobarse había salvaguardas contra esto: mecanismos que permitirían al operador determinar qué clientes no están jugando según las reglas. Por ejemplo, un tráfico ininterrumpido sin conectarte nunca a tu red de origen te señalaría como ‘itinerante permanente’ y podría asegurar que el operador te cortase discrecionalmente el grifo.

¿En qué va a quedar la guerra del roaming? Veremos, pero sorprende que, después de haber encontrado un equilibrio razonable, vuelvan a subirse a la cuerda y coger la pértiga.