Los delitos que se comentan dentro de cinco años, seguro que ahora mismo no existen. Por eso, si hace una década hubieran contado a alguien que podría ser peligroso mandar una foto a tu pareja bromeando al salir de la ducha, se pensaría que era una locura. Pero no. Para eso surge la sextorsión y nos devuelve al presente.

La tecnología móvil se está convirtiendo en el caladero perfecto de los ciberdelincuentes. Como los ordenadores personales, en ocasiones, han pasado a un segundo plano, el móvil toma todo el protagonismo. Los cacos de lo digital lo saben y buscan donde hacer más daño. Y para eso, nada como la intimidad de las personas, sobre todo en sus relaciones de pareja.

La fórmula para ello es el chantaje. Y pese a que existe de toda la vida, ahora, con la aparición de las nuevas tecnologías este tipo de delitos se han incrementado. Los ciberchorizos roban dinero e información a sus víctimas a través de distintos métodos, pero también hackean mensajes de texto y webcams haciendo uso de un tipo de ciberdelincuencia muy personal: la extorsión sexual o sextorsión, según avalan los expertos de la compañía de seguridad informática Kaspersky Lab.

En concreto, la sextorsión consiste en amenazar a la víctima con revelar información íntima a no ser que pague al extorsionista. Mensajes de texto con contenido sexual, fotos comprometidas e, incluso, vídeos (sexting) son algunos de los materiales interceptados por los que los ciberdelincuentes suelen pedir dinero. Aunque en algunas ocasiones obligan a la víctima a enviar más para evitar que los secretos más íntimos sean divulgados.

En este contexto, la compañía de ciberseguridad estima que un 70% de las víctimas de esta práctica delictiva son adolescentes, y no es de extrañar, pues este colectivo almacena gran cantidad de información personal y sensible, además de ser un grupo emocionalmente vulnerable, característica de la que se aprovechan los extorsionistas.

¿Cómo se lleva a cabo?

Los ciberdelincuentes pueden hackear las cuentas o utilizar gusanos para conseguir que sean las mismas víctimas las que les envíen el material comprometido. Tras recibirlo, los ciberextorsionistas amenazan con hacer pública la información que tienen en su poder. En la mayoría de los casos, los adolescentes envían ese material exigido debido al temor a ser juzgados y evitan pedir ayuda a su entorno. La sextorsión puede desencadenar en un trauma psicológico serio e, incluso, en intentos de suicidio, según cuentan desde la compañía.

“Los adolescentes perciben las redes sociales y las aplicaciones de mensajería instantánea como plataformas seguras e inofensivas, y no son conscientes de los peligros que existen en la red. Es importante que los jóvenes extremen las precauciones en cuanto a la información que publican o comparten con desconocidos, pues en muchas ocasiones pueden llegar a manos de cibercriminales y extorsionistas”, asegura Alfonso Ramírez, director general de Kaspersky Lab Iberia.

Según recoge el estudio Consumer Security Risks Survey 2015 de Kaspersky Lab, cerca de la mitad de los progenitores españoles cree que las amenazas online hacia los más pequeños siguen en aumento, y cerca de un 35% piensa que no tiene control sobre lo que sus hijos hacen en Internet.

Con todos estos condicionantes, el único consejo, como siempre, es tener algo de sentido común. Seguro que esa foto recién salido de la ducha puede esperar.