Este año se celebra en Santander la trigésima edición del Encuentro de telecomunicaciones y economía digital. Con diferentes nombres y apellidos, esta cita representa, sobre todo en la última década, un lugar perfecto para saltar “bombas” informativas y ver las reacciones. Lo de Telefónica y los datos personales es el último ejemplo.

Desde hace tres o cuatro años, coincidiendo con el auge de las empresas OTT (over-the-top), esto es Google, Amazon, Facebook, etc., los operadores de telefonía, principales actores de este Encuentro, se han mostrado muy beligerantes contra ellas. Esto ha llevado a toda clase críticas, además de acciones (de queja y comerciales) para contrarrestar su poder. Nada nuevo a los pies del Palacio de la Magdalena.

Por eso, cuando este año Telefónica, por medio de su nuevo presidente, José María Álvarez-Pallete, ha explicado cómo devolverá el poder de los datos personales a los propios usuarios, han corrido ríos de tinta para hablar sobre el tema. ¿Pero se trata de una acción real o solo un sondeo para saber cómo lo perciben los clientes?

A la espera de terminar #Telco30, parece que uno de los grandes temas será éste: ¿de verdad es necesario que Telefónica ayude a los usuarios de internet? También expresado en forma de: ¿Quién quiere los datos de Telefónica? Puntos de vista parece que no faltan al respecto. Pero novedad hay poca.

Algunas bombas que no sonaron

Tan solo hace falta volver la vista un año atrás para ver cómo clamaban ante Bruselas los tres grandes operadores. Son ‘enemigos’, pero también saben cuándo remar juntos. Por ejemplo al pedir más regulación para Google y compañía. O al insinuar que pueden dar un acceso distinto a su red en una pretensión de dinamitar la neutralidad.

Pero ha habido toda clase de debates. Siempre, eso sí, con la intención de ver qué sintonía les devolvía el mercado. En 2012, año en que Telefónica dio el paso para eliminar las subvenciones de los terminales móviles, es decir, regalarlos para conseguir clientes; Orange, sin embargo, lanzaba el mensaje de que no era algo tan malo, ni dañino para el sector. Se trataba de demostrar que su apuesta por mantener las subvenciones para posibles clientes era bien vista.

Aunque uno de los grandes bombazos llegó en 2010, cuando el entonces consejero delegado de Telefónica, Julio Linares, revolucionó el Encuentro al sacar el tema de las tarifas planas de banda ancha móvil. Hacer pagar más a los que más consumen, limitarlas, aumentarlas… Siete años después el problema sigue sobre la mesa, y ningún operador se atreve a abordar el tema. Sobre todo ahora que empieza, incluso, a ser una problemática de consumo.

Viajando atrás en el tiempo, las reclamaciones y salidas del tiesto han sido la tónica general. Nada que deba sorprender. En 2006, Telefónica pedía cual operador virtual una mejor regulación sectorial. No entendía que en la consolidación del sector existiera un cuerpo normativo tan exigente.

Estos ejemplos son una pequeña muestra que debe calmar los ánimos en Santander ante el anuncio de Telefónica. ¿Supone un proyecto innovador? Sí. Pero Santander demuestra que muchas balas son de fogueo y que, finalmente, de lo expuesto al plato del cliente se suele añadir sal o que no vea ni gota.

Imagen | ‘@Ametic_es