Estamos en el año 2006 después de Jesucristo. Todo el sector de las telecomunicaciones está ocupado por los grandes operadores… ¿Todo? ¡No! Una compañía de irreductibles suecos se prepara para resistir, ahora y siempre, al invasor… Se llama Teliasonera, y está a punto de lanzar al mercado Yoigo.

Bueno. “Siempre”, lo que se dice “siempre”, no. Diez años después de su llegada a España, Telia ha abandonado España, del mismo modo que abandonó el ‘Sonera’ de su denominación comercial, y Yoigo ha quedado en manos de MásMóvil, una operación controlada por el fondo Providence y otros inversores, y cotizada en el MAB, que se ha convertido en el cuarto operador tras un verano de infarto.

Tras este tortuoso proceso, surge un nuevo grupo muy lastrado por enormes deudas y con una estrategia clara: convertirse en un nuevo Jazztel y volver a destrozar los precios, amargando cualquier asomo de recuperación, hasta que alguien vuelva a comprarles. ‘El ciclo sin fin’, como la versión doblada del tema principal de El Rey León.

Aunque se hablará también de otras cosas, éste va a ser el elefante en la habitación de los 30 Encuentros de Telecomunicaciones y Economía Digital de Santander, organizados por la patronal Ametic y la Universidad Internacional Menéndez Pelayo, que comienzan este lunes, cuando se cumple una década desde la entrada de los suecos en España.

En aquella época Telia Sonera se había hecho con el control de Xfera, un muerto en vida que iba a convertirse en el cuarto operador español, Yoigo, nacido para revitalizar un segmento en el que los precios no bajaban y en el que los tres grandes operadores ejercían un oligopolio casi efectivo con precios de 18 céntimos/minuto. En aquella época, Luis Lada lamentaba durante su intervención el exceso de regulación sobre Telefónica.

En este nuevo entorno, Telia ha vendido el cuarto operador y ha dado lugar a una nueva compañía que presume de ser el cuarto operador español, nacido para revitalizar un segmento en el que los precios no bajan y en el que los grandes operadores ejercen un oligopolio casi efectivo con precios de los paquetes convergentes al alza. Y muy probablemente algún directivo de Telefónica lamentará durante su intervención el exceso de regulación sobre la compañía.

Como podéis ver, todo ha cambiado mucho para quedarse, básicamente, en el mismo sitio.

¿O no? Volvamos un momento a la intervención de Luis Lada: “España cuenta con 76 millones de accesos a las redes fijas, móviles o de TV de pago. En torno al 40% de los mayores de 15 años acceden regularmente a Internet. El 93% de las pymes cuenta con conexión. De ellas, más de un tercio tienen presencia activa y hacen negocio en Red. El acceso con banda ancha alcanza los 6,5 millones de conexiones, de los que medio millón son móviles 3G”.

Hoy tenemos más de 35 millones de accesos de fibra instalados y más de 6 millones de abonados; la penetración de la banda ancha fija en estos diez años se ha duplicado hasta alcanzar el 30; la cobertura 4G se acerca a grandes pasos al 100%; el empleo en el sector se ha reducido en un 20%, hasta unas 60.000 personas; la penetración del móvil se ha mantenido más o menos constante, con la diferencia de que ahora existe la banda ancha móvil y que la utiliza el 85% de la población; y la televisión de pago, hoy controlada por los operadores, registra dos millones de abonados más que en el cuarto trimestre de 2006, debido fundamentalmente a la apuesta de Telefónica por este segmento, con la introducción de paquetes básicos de TV entre gente que no los tenía.

¿Un cuarto operador?

MásMóvil supone un problema, especialmente, para Movistar y Vodafone. Orange, tras llevarse el acuerdo mayorista de móvil y firmar con el nuevo entrante un acuerdo de compartición de fibra, se pone en una situación en la que ganará dinero con cada cliente que consiga la compañía que dirige Meinrad Spenger.

La llegada de MásMóvil ha supuesto, de hecho, un fuerte varapalo para los azules, que han visto cómo los nuevos compradores le quitaban a su mejor cliente y amenazan su línea de resultados tanto a corto plazo (por la pérdida de ingresos de Yoigo), como a largo plazo (por la perspectiva de robo de clientes basándose en la competición en precio).

Los rojos tampoco lo ven con mucho mejores ojos. El CEO de Yoigo, Eduardo Taulet, tenía un plan para desplegar más red propia y firmar un acuerdo mayorista con los británicos, pero el cambio de dueños también ha trastocado esos planes. Si MásMóvil gana tracción, también saldrán perjudicados porque el impacto de la nueva compañía en los resultados de Orange puede condenarles a la tercera posición del mercado, con difícil vuelta atrás.

La única ventaja que tienen los grandes operadores es que les queda algo de tiempo para reaccionar y hacerse con ese mercado antes de que su nuevo rival empiece a ser peligroso de verdad. Es muy difícil que MásMóvil, con la colosal deuda que acumula tras la compra, tenga recursos para hacer, en poco tiempo, el tipo de campaña de reconstrucción de marca que necesita. Pero es una ventana pequeña.

Por el momento no ha hecho público bajo qué nombres operará y toda la promoción del verano, al menos en el canal online, se ha centrado en la enseña MásMóvil, muchísimo menos popular que Yoigo o Pepephone.

Por no concluir, aún ni siquiera ha cerrado definitivamente la compra del operador de lunares, algo que no debería prorrogarse más de un par de semanas.

No tardaremos en ver hacia dónde se dirige el mercado, y Santander va a ser un buen momento para hacer diagnóstico. ¿Veremos estancamiento de competencia? A día de hoy, con la irrupción de MásMóvil, los sueños de los operadores de tener estabilidad en precios, e incluso ciertas subidas, están amenazados. Y sus cuentas de resultados, también.