A nadie sorprende a estas alturas el llamado turismo médico que, de manera resumida, consiste en viajeros que visitan otra ciudad o país para recibir un tratamiento médico, ya sea una intervención quirúrgica o procedimientos odontológicos, estéticos, etc. En ocasiones el viaje está motivado por la accesibilidad al tratamiento en concreto o por el coste del mismo en el lugar de procedencia.

El problema con el turismo médico llega cuando en determinados países como Estados Unidos, India o China, empiezan a brotar, como champiñones tras copiosa lluvia, clínicas de tratamiento con células madre. Y no solo eso, es que además ofrecen curas para todo tipo de enfermedades, incluidas el Alzheimer, el Parkinson, la distrofia muscular o el autismo…

No importa que solo se haya encontrado cierta evidencia científica para el tratamiento de algunos tipos de cáncer con esta terapia, no. Estas clínicas lo tratan todo con ella. De hecho, el único tratamiento con células madre que ya ha probado ser seguro y eficaz es el trasplante de médula ósea. Pero da igual, todo vale por la pasta. Y en este caso, hablamos de mucha pasta, ya que de acuerdo al informe ‘Transparency Market Research’, el mercado global de células madre, alcanzará los 120.000 millones de dólares para el año 2018.

El uso de células madre para el tratamiento de numerosas enfermedades está todavía en fase experimental, pero estas clínicas no están ofreciendo a los usuarios entrar a formar parte de un ensayo clínico, lo que ofrecen son tratamientos ya establecidos con resultados probados… Según ellos. Y por supuesto, existen riesgos para el paciente asociados a esta terapia.

El primero de ellos se refiere a la cualificación profesional de los médicos que las realizan, ya que no todos los que afirman contar con esa cualificación necesaria, la tienen. Además, pueden darse efectos secundarios, complicaciones médicas propias del procedimiento, infecciones, formación de tumores o resultados inesperados del propio tratamiento. Sin contar con la dificultad de realizar un seguimiento apropiado del paciente una vez regresa a su lugar de residencia.

Leo en ‘The New York Times’ el caso de Jim Gass, quien tras sufrir un derrame cerebral no dudó en pagar para recibir tratamiento con células madre en China, México y Argentina en pos de su total recuperación. El señor Gass gastó una cantidad de, aproximadamente, 300.000 dólares entre viajes a estos destinos y coste de la terapia y todo con un resultado que no fue para nada el esperado por el paciente, quien tuvo que someterse a cirugía en Boston debido a un crecimiento celular anormal situado en la parte inferior de su columna vertebral.  Las pruebas demostraron que las células que formaban esta masa extraña, no pertenecían al señor Gass. La consecuencia: en la actualidad el señor Gass se encuentra en una silla de ruedas; antes de recibir tratamiento con células madre, había perdido la movilidad del brazo izquierdo y tenía debilidad en la pierna del mismo lado. Ahora los médicos no saben cómo parar el crecimiento de esa masa celular anormal.

La terapia con células madre es prometedora, cierto. Existen numerosos ensayos clínicos al respecto, algunos de los cuales ya han superado la fase I, o lo que es lo mismo, han demostrado que son inocuos en sujetos sanos, y se encuentran en la fase II, que corresponde a la demostración de su eficacia en sujetos enfermos. Es menor el número de ensayos que se encuentran en fase III, que es la destinada a  comprobar la eficacia, a buscar posibles efectos secundarios no detectados anteriormente y a comparar el nuevo tratamiento con el de referencia. Desde la fase I a la III, pueden pasar varios años y no es por capricho, es el procedimiento necesario para que la ciencia se convierta en medicina de uso común.

La medicina cuenta con un armamento limitado frente a la enfermedad y es esa misma limitación la que lleva a algunas personas a buscar una solución más allá de las disponibles. Es su única salida para poder mantener la esperanza. No se les puede culpar. Si yo estuviese en esa situación es muy probable que también lo intentase. El turismo de células madre tendrá mayor sentido en un futuro espero no muy lejano, hasta entonces, no queda más que confiar en el método científico y en sus productos en forma de tratamientos médicos probados.

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