Las sicavs españolas llevan todo el año reduciendo su peso precisamente debido al miedo de que se confirme algo que saldrá adelante si finalmente el Partido Popular gobierna con el apoyo de Ciudadanos: la reconversión de esta figura en verdaderos vehículos de inversión colectiva, como los fondos de inversión, y no sofisticados instrumentos para la gestión del patrimonio de grandes fortunas con una baja imposición.

Esto supondrá el final de los llamados ‘mariachis’. “Con dinero o sin dinero, hago siempre lo que quiero y mi palabra es la ley”, cantan en México los auténticos mariachis, los del traje charro, según nos recuerda siempre el hombre de Hacienda de Ciudadanos, Francisco de la Torre, al hablar de los accionistas de pegote que permiten operar a la mayor parte de unas sicavs españolas que, lejos en muchos casos de ser un vehículo de inversión colectiva, son un producto controlado por familias y que cuentan con inversiones simbólicas de estos actores secundarios con grandes sombreros metafóricos, cuyo papel en las sociedades suele limitarse a dejar que pongan un euro por ellos y cerrar la boca. ¿Han visto la película Mi villano favorito, con Gru como el jefe de la banda y un montón de minions a su alrededor. Las sicavs han sido en España, salvo en algunas excepciones, algo parecido.

En este sentido, baste recordar un artículo de ‘El Español’ en el que se hablaba en profundidad de esta figura: “Tanto yo, como mi mujer e hijos somos mariachis de algunas Sicav. Creo que estamos en tres o cuatro en las que tenemos una acción de un euro en cada una de ellas. Además, ese valor no varía, ni te enteras de que la tienes”. Era el relato de un exdirectivo de banca que, junto a familiares, se prestó para ser testaferro en varias sicav.

¿Cuánto dinero mueven las sicav? El pasado 31 de marzo, según datos de Inverco, el patrimonio de las más de 3.000 sicavs que existen en España alcanzaba los 32.566 millones de euros, un 4,4% menos que al cierre de 2015. El número de partícipes, ‘mariachis’ incluidos, rozó los 480.000, un 1,5% menos. De ese dinero, cerca de la mitad está en vehículos controlados por muy pocos accionistas y muchos testaferros.

Si finalmente Ciudadanos y PP cumplen con lo prometido, llegaremos al final de una tendencia contra las sicav que se inicia durante el último gobierno de Zapatero, cuando la entonces ministra de Economía y Hacienda, Elena Salgado, cambió el tratamiento fiscal de esta figura, al gravar las reducciones de capital de la misma forma que el reparto de plusvalías. Las reducciones eran, hasta entonces, un sistema que utilizaban muchas sociedades para librarse del Fisco y extraer rentabilidad sin tributar por ella.

Los cambios incorporados implican que para computar como parte del centenar de accionistas que conforman una sicav, todos deben controlar al menos el 0,55% del capital, lo que implica que el máximo accionista sólo podrá controlar el 45,55%. Asimismo, se revierte una decisión tomada por Solbes en 2005, cuando apostó porque el control efectivo de este instrumento lo llevase a cabo la Comisión Nacional del Mercado de Valores (CNMV) y no la Agencia Tributaria. Según De la Torre, esto supuso en su momento la anulación de actas por “cientos de millones de euros”. Con el nuevo marco Hacienda volvería a controlar la situación y, previsiblemente, impondrá mano dura con estos vehículos.

Si bien Podemos ha apostado directamente con eliminar esta figura, a riesgo de suponer fuga de capitales, tanto PP como PSOE y Ciudadanos abogan por endurecer los criterios y hacer que las sicav sean lo que nacieron para ser: un vehículo de inversión colectiva.

Lo que está claro es que muchas grandes fortunas que utilizaban las sicavs dejarán de hacerlo y sólo quedarán las que, de verdad, funcionan como inversión colectiva. Porque una cosa es llenar minions con sombrero tu sociedad, y otra muy diferente poner la mitad de tu dinero a su nombre.

Imagen | Illumination Studios