La empresa de ingeniería y energías renovables Abengoa parece que ve la luz al final de túnel. Desde finales de 2014 se han sucedido las malas noticias para la multinacional andaluza. Aunque por fin puede haber llegado algo de paz.

Así ha contado la prensa los últimos 12 meses antes del rescate definitivo…

Agosto 2015. Hace un año, el 3 de agosto, Abengoa anuncia que lanzaba una ampliación de capital de 650 millones para recapitalizar la sociedad y ampliar en programa de desinversiones, unas medidas que se saldan con un nuevo desplome en bolsa, abriendo un periodo de fuerte volatilidad.

Septiembre 2015. El 24 de septiembre llega la sustitución de su presidente, Felipe Benjumea, por José Domínguez Abascal, como parte del proceso de retirada de la mayoría accionarial a la familia Benjumea. Ese mismo día, en el que revela que ha logrado el apoyo de los bancos y accionistas para asegurar su ampliación de capital, comunica nuevas medidas: más desinversiones, limitación de las inversiones y suspensión del dividendo.

Octubre 2015. La junta de accionistas de la compañía da el visto bueno a la ampliación de capital y el plan de recapitalización, que va ligado a la pérdida de poder de los Benjumea.

Noviembre 2015. El día 8 la firma anuncia que ha llegado a un acuerdo con el grupo industrial Gonvarri por el que este entrará en el capital con 350 millones de euros de inversión, lo que le dará el 28 % de los derechos de voto. El día 13, la compañía avanza unas pérdidas de 194 millones en los nueve primeros meses, acusando el daño causado por la caída de la cotización de su filial Abengoa Yield. Ese mismo día, su auditora Deloitte advertía de dudas sobre la viabilidad del grupo, y el 19, Moody’s rebajaba su calificación crediticia.

Diciembre 2015. A finales de año, la banca acreedora estaba dispuesta a garantizar el dinero que se necesitaba para hacer los pagos más urgentes e inmediatos. Pero querían hacerlo sin asumir el riesgo de un desplome definitivo. Finalmente se inyectó más de 100 millones de euros, pero con importantes exigencias.

Enero 2016. Los Reyes Magos habían dejado para Abengoa el encargo de establecer una nueva hoja de ruta. En ella, uno de los principales objetivos era reducir la plantilla y aligerar costes. ¿Año nuevo? ¿Vida nueva?

Febrero 2016. Con los planes de viabilidad sobre la mesa, todo estaba a expensas de lo que dijera la consultora KPMG. Aunque por entonces había algunos problemas de extrema gravedad: no había dinero para pagar las nóminas.

Marzo 2016. Abengoa nombra presidente ejecutivo a Antonio Fornieles. El día 10, la compañía y sus principales acreedores acuerdan la inyección de entre 1.500 y 1.800 millones en el grupo, del que controlarán el 95% del capital.

Abril 2016. El juez homologa la ampliación del plazo para entregar la documentación y adhesiones al plan de reestructuración hasta octubre. Además, poco a poco las desinversiones se iban haciendo cada vez más notables. El objetivo seguía siendo reducir el coste de su deuda.

Mayo 2016. Al margen de acelerar el proceso de negociación con los acreedores sin esperar al plazo dado por la justicia, los problemas de la compañía afloraban del plan previsto. Así, Abengoa anuncia un ajuste de plantilla de 500 personas.

Junio 2016. El presidente del grupo anuncia que ha logrado un preacuerdo con los principales acreedores para salvar la firma. Pero nada más lejos de la realidad, la tensión entre los posibles acreedores surge cuando se está llegando a la meta. Aunque todo parece cerca de su desenlace, esta vez sí.

Julio 2016. En pleno verano, lo que parecía estar cerrado, de repente se convertía en otra mano al cuello de Abengoa. La falta de liquidez obliga a aplazar el abono de la paga extra de verano y a retrasar durante una semana el ingreso de la nómina de julio para parte de los trabajadores.

Llegó el rescate ¿definitivo?

Estos 12 titulares han dado como resultado lo que se anunció la semana pasada. Abengoa ha cerrado finalmente su acuerdo de rescate con sus bancos acreedores y los fondos para la reestructuración de su deuda financiera y su recapitalización, que supondrá una inyección de dinero nuevo al grupo de casi 655 millones de euros.

El importe total del dinero nuevo que se prestará al grupo asciende a 1.169,6 millones de euros, aunque esta cantidad incluye los importes refinanciados de los préstamos recibidos por el grupo en septiembre y diciembre de 2015 y en marzo de 2016 -unos 515 millones de euros-.

Esta financiación acordada entre la compañía y sus acreedores, tras un acuerdo sellado en la madrugada del miércoles al jueves, después de maratonianas sesiones de negociación a lo largo de las últimas semanas, tendrá un rango superior a la deuda preexistente y se dividirá en distintos tramos.