El partido de Pablo Iglesias y los aliados que junto a él componen la confluencia En Marea se presentarán por separado a las elecciones gallegas. La amplia división del espectro que va del centro izquierda a la izquierda nacionalista y la debilidad de Ciudadanos en la región dejan a Feijóo con muchas posibilidades de revalidar su mayoría absoluta.

El PP de Alberto Núñez Feijóo tiene en su mano lograr lo que parecía un imposible en la España contemporánea: mayoría absoluta en un Parlamento. La transformación del sistema de partidos iniciada en 2014 y consolidada en 2015 y 2016 ha impuesto la atomización en todas las autonomías que desde entonces han celebrado comicios, en la inmensa mayoría de los Ayuntamientos y en el Congreso de los Diputados. Solo el Senado, con su particular sistema de elección, municipios como Vigo, Soria o Ceuta y la Cámara de Galicia escapan a esa circunstancia. En el caso de la región gallega, donde Feijóo gobierna cómodamente desde 2009, parecía que la próxima cita con las urnas iba a derivar también en una fragmentación de la Cámara, pero la implosión de la confluencia impulsada por Podemos puede allanar el camino del PP a su tercera mayoría absoluta consecutiva, la sexta desde 1989.

Si las del 26-J hubieran sido elecciones regionales, Feijóo hubiera perdido cinco de sus 41 escaños

El partido de Pablo Iglesias y los que han sido sus socios en las generales de junio y diciembre, así como en las municipales de 2015, no se han puesto de acuerdo en la forma de articular una nueva alianza. Podemos quería una coalición, para conservar su independencia y posición de fuerza, pero el resto reclamaba la integración de todos en el sujeto político En Marea. Las negociaciones se rompieron la noche del jueves y salvo que se produzca un milagro a lo largo del viernes -el plazo para presentar coaliciones ante el 25-S expira a medianoche- se confirmará que cuatro partidos competirán por el espacio del electorado que va del centro izquierda a la izquierda nacionalista.

El PSdeG-PSOE, Podemos, En Marea y el Bloque Nacionalista Galego (BNG) se disputarán una bolsa de alrededor de 700.000 votantes, minimizando sus resultados. La batalla por los restos favorecerá así un poco más al PP, que en su espacio solo tiene la competencia del Ciudadanos más débil de España -con permiso de País Vasco y Navarra-. El partido de Albert Rivera ha tenido muchos problemas para consolidarse en esta comunidad y será difícil que se lleve alguno de los 75 puestos del Parlamento que el 25 de septiembre se ponen en juego (24 en A Coruña, 22 en Pontevedra, 15 en Lugo y 14 en Orense) con una barrera electoral del 5%.

Si las generales del 26-J hubieran sido unas elecciones regionales, el PP habría perdido la mayoría absoluta al caer de 41 a 36 escaños. El PSdeG, por su parte, habría mantenido la segunda posición por la mínima (17), mientras que la irrupción de En Marea se habría reflejado en 16 diputados. Con esos resultados, Ciudadanos lograría representación por las cuatro provincias (6 actas) y tendría la llave de la reelección de Feijóo. El BNG perdería sus siete escaños al no superar la barrera del 5% en ninguna circunscripción.

Ciudadanos quedaba fuera del Parlamento gallego en la última encuesta publicada

Sin embargo, es muy posible que el 25-S presente cambios sensibles. La coyuntura autonómica podría pasar factura al partido naranja, que en la última encuesta publicada quedaba fuera del Parlamento. Según el estudio de Sondaxe para La Voz de Galicia, publicado el domingo, C’s no pasaría del 4’1% de los votos -frente al 8’63% de junio-, sin opciones en ninguna provincia. El PP se quedaba en esa encuesta a un diputado de la mayoría absoluta (37), abriendo la posibilidad de un pacto alternativo entre la izquierda. PSdeG (15), Marea (12), Podemos (6) y BNG (5) sumaban un acta más que los populares.

De confirmarse la fragmentación de las fuerzas a la izquierda del PSOE, Feijóo vería consolidado además el frame que más le conviene, el de contraponer la estabilidad que encabezaría su partido al crisol de personalidades que componen la alternativa. Seriedad vs bisoñez o desconcierto es un marco muy recurrente en las campañas del PP y el que le reportó gran éxito en 2009 y 2012 tras la experiencia del bipartito PSdeG-BNG y su polémica gestión.