Las entidades que se han desnudado ante la Autoridad Bancaria Europea (EBA) están siendo castigadas con fuerza en bolsa: los test de estrés no han servido para disipar las dudas de los inversores. La agencia de calificación Moody’s ya ha advertido a la banca española: de “positiva”, su evolución ha pasado a quedarse en “estable”.

Todos aprobaron con nota. Los test de estrés sirvieron para confirmar la salud de los bancos europeos, que disponen de un capital de primerísima calidad para hacer frente a hecatombes financieras. “Los bancos españoles mantienen una posición cómoda de liquidez que está previsto que continúe”, resalta la agencia de calificación de riesgo Moody’s en su último informe sobre el sector.

Sin embargo, las entidades están cayendo en bolsa sin control después de que se conocieran los resultados la semana pasada. Los bancos españoles han perdido casi 10.000 millones de euros en bolsa en un par de sesiones, desde que se anunciaron los resultados de los test de estrés.

Aunque Moody’s considera “sólido” el crecimiento económico español, la agencia advierte de “retos emergentes” a los que se va a enfrentar la banca a la hora de obtener rentabilidad en el mercado financiero.

“El entorno de bajo tipos de interés, que ha apoyado el crecimiento económico y ha reducido las cargas financieras de un sector privado altamente endeudado, se está volviendo cada vez más gravoso para los bancos”, advierte Moody’s en un comunicado. Esto se debe a que los intereses que cobran las entidades españolas por los créditos que conceden representaron el 50% de sus beneficios operativos en 2015.

Los test de estrés, además de evaluar positivamente los colchones de capital de la banca, también han servido para airear la dependencia de las entidades españolas de sus márgenes de intereses.

Este hándicap en la obtención de ingresos se suma al “nivel reducido de actividad bancaria” que se arrastra en España tras la crisis, según Moody’s, para generar una tormenta perfecta que amenaza los beneficios de los bancos. De ahí que haya cambiado la perspectiva de la banca española, que ha pasado de ser positiva a estable.

La institución matiza que la tendencia positiva que está siguiendo la economía es “más cíclica que estructural” y está apoyada en “vientos de cola” de los bajos precios del petróleo y el crecimiento del turismo ante la inestabilidad internacional. No es buen momento para ser banquero.

Paradojas del mercado

Con los tipos de interés tan bajos, las entidades deberían empezar a basar su negocio más en las impopulares comisiones que en los márgenes que puedan extraer de los créditos. Es la solución teórica, aunque en la práctica se impone otra realidad.

Los bancos que operan en España están sufriendo las consecuencias de la política monetaria del Banco Central Europeo (BCE), ya que la estrechez de los tipos de interés les deja poco margen para cobrar a sus clientes. Para atajar el problema, las entidades han decidido abordar el frente de los costes, con despidos y planes de prejubilaciones, y también el de los ingresos, con comisiones por utilizar los cajeros.

Sin embargo, los bancos reacios a cobrar recargos por las operaciones minoristas son los que mejor están aguantando el achuchón. Uno de los que han apostado desde el principio por eliminar las comisiones, ING, ha conseguido sumar 43.000 nuevos clientes a su base de usuarios, que ya alcanza las 3.433.857 personas, según ha informado en una nota de prensa.

Su matriz ha alcanzado un beneficio neto de 1.417 millones de euros en el último trimestre, lo que supone un incremento del 26,7%, lo que contrasta con las menores ganancias que están reportando sus competidores en toda Europa. Todo un poltergeist bancario.

Foto: Efe