Los populares niegan el grupo propio a Convergència en el Senado y hoy podrían hacer lo mismo en el Congreso. Génova espera que el barómetro de verano del CIS detecte un repunte del PP y un retroceso de Ciudadanos. Rivera se abre a una negociación programática con Rajoy, aunque insiste en que no pasará de la abstención.

Dos nuevos elementos de presión se ciernen sobre Albert Rivera. La postura de Ciudadanos, firme en no apoyar la candidatura de Mariano Rajoy a la Presidencia del Gobierno, aleja la posibilidad de que el PSOE pueda acabar absteniéndose y, por ende, de que España salga de la interinidad. Por ello, el PP centra sus esfuerzos en que dicha determinación cambie, reclamando al partido naranja que negocie su apoyo a una investidura de Rajoy y utilizando todos los resortes a su alcance para lograrlo.

Los populares se cargarán de razones esta semana con acontecimientos muy concretos: el portazo que le han dado a Convergència en las Cortes y el barómetro de julio del CIS, que se difundirá en los próximos días y esperan traiga buenas noticias para ellos. De este modo, explican fuentes de Génova, C’s tendrá cada vez más difícil mantener su postura. Con Rajoy blandiendo el encargo del Rey, las encuestas reflejando un deterioro de la formación naranja y Rivera perdiendo argumentos para justificarse, “será cuestión de tiempo” que ceda.

Los populares hacen valer su mayoría absoluta en el Senado para dejar sin grupo propio a Convergència

El lunes, los populares denegaron el grupo propio para el Partido Demócrata Catalán -nueva marca de la formación de Artur Mas- en el Senado. Hicieron valer su mayoría absoluta en la Mesa para rechazar la pretensión de la antigua Convergència, que solicitaba formar grupo con cuatro senadores propios y seis prestados por ERC, Coalición Canaria, EH Bildu y la Agrupación Socialista de La Gomera. Pese a que esta ha sido una práctica habitual en la Cámara alta -el reglamento exige un mínimo de diez parlamentarios para eludir el paso al Mixto- y a que el propio PP ha cedido cuatro senadores al PNV para que tenga su grupo, al PDC se le da un portazo aduciendo que hay que “poner coto a esta situación”. Los dos miembros socialistas de la Mesa se abstuvieron y la del PNV votó a favor de los intereses de los independentistas.

La decisión soliviantó a los secesionistas, que anunciaron su recurso ante lo que consideran “una decisión política”. De no prosperar, pasarán al Grupo Mixto por primera vez en democracia. Hasta ahora, los convergentes siempre habían formado su propio grupo, con excepción de la Legislatura Constituyente (1977-79), que compartieron espacio y recursos con ERC, PSC y PSUC; y de la I Legislatura, en la que se integraron en el del PNV. Diluirse en el Mixto junto a otras minorías que no llegan a cuatro senadores será una experiencia nueva para ellos.

Con esta maniobra, pierde fuerza el mensaje de Ciudadanos que denunciaba el acercamiento entre populares y convergentes tras la constitución de la Mesa del Congreso. Rivera sospechaba que los votos de los nacionalistas a favor de la candidata del PP a vicepresidenta de la Cámara, Rosa Romero, se habían logrado a cambio de favores precisos: facilitarles el grupo en ambas Cámaras y con ello el acceso a cuantiosas subvenciones y a mayor visibilidad de su labor parlamentaria. C’s llegó a amenazar con volver al ‘no’ a Rajoy, retirando la abstención, si ese entendimiento iba a más.

“No hay cabida para el pasteleo”

Rivera reaccionó rápidamente a la decisión de la Mesa del Senado, celebrándola, pero advirtiendo de que el rasero debe mantenerse en el Congreso. “No hay cabida para el pasteleo”, aseveró, puesto que al PDC “ni le toca por votos ni se lo merece por su actitud” tener grupo propio, habida cuenta de que está impulsando el desacato del Parlamento catalán al Tribunal Constitucional. El PP reconoció que este desafío pesó en la deliberación del Senado -“no es el mejor momento para quererse saltar las normas y favorecer la formación del grupo a quien en principio no le corresponde”-, reflejando un endurecimiento de su posición respecto a hace unos días.

El vicesecretario de Comunicación popular, Pablo Casado, había manifestado previamente en Onda Cero que “sería preocupante que hubiera algún tipo de gesto por parte del PP si no hay un compromiso por parte de Convergència, por lo menos en su grupo aquí en el Congreso de los Diputados, para intentar evitar o censurar lo que ha pasado la pasada semana en el Parlament”. Ese compromiso ni está ni se le espera, por lo que es posible que el PP también le niegue el grupo a los ocho diputados que lidera Francesc Homs en la Cámara baja. La dirigente Andrea Levy aseguró en declaraciones a Europa Press que “ante la deslealtad del desafío planteado en el Parlament, no debería haber cortesía parlamentaria con CDC”. La decisión se tomará este martes, después de que se aplazara la semana pasada por percibir la Mesa “dudas” en forma y fondo sobre las bases la petición.

Ese distanciamiento de los secesionistas, así como la gravedad de su desafío, será esgrimido por el PP para exigir a Rivera que acepte una negociación programática, puesto que no hay otra alternativa al desbloqueo. Ciudadanos no descarta que equipos de ambas formaciones se sienten a la mesa, pero sí rechaza categórico que esas conversaciones puedan desembocar en un apoyo a Rajoy.

Rivera aceptaría articular una mesa negociadora, pero insiste en que solo Sánchez puede desbloquear la situación

“Estoy dispuesto a colaborar, a colaborar como partido constitucionalista, como partido responsable, porque creo que en este momento a nadie se le pueden caer los anillos por intentar buscar soluciones o mesas de diálogo que hoy por hoy entre PP y PSOE no existen”, dijo el líder naranja al ser preguntado por ello 48 horas antes de reunirse con el presidente del Gobierno en funciones. Esas conversaciones irían encaminadas, matizó, a buscar la abstención de Sánchez, única forma de desbloquear la situación y evitar “terceras elecciones”. El ‘sí’ de C’s a Rajoy, sencillamente, no es una opción.

Génova considera que el partido naranja puede cambiar de opinión y que a ello contribuirá la demoscopia. En los próximos días, el CIS hará público su barómetro de julio, que incluye intención de voto. El trabajo de campo corresponde a los primeros días de verano, justo después de la victoria de Rajoy en las generales, lo que hace pensar a los populares que experimentarán un repunte en detrimento de las demás fuerzas, consolidando así la tendencia marcada el 26-J.

Génova espera que el CIS insufle temor en los demás partidos a una nueva convocatoria electoral

El estudio de primavera, realizado en abril y difundido en mayo, daba al PP una intención de voto del 27’4%, un 23’1% a la suma de Podemos e IU, un 21’6% al PSOE y un 15’6% a Ciudadanos. Un mes después, el preelectoral arrojaba cifras del 29’2% para Rajoy, 25’6% para Iglesias-Garzón, 21’2% para Sánchez y 14’6% para Rivera. Y las generales establecieron la actual correlación de fuerzas PP (33%) – PSOE (22’66%) – Unidos Podemos (21’1%) – Ciudadanos (13’05%).

El horizonte de las terceras generales es habitualmente dibujado por todos los líderes como una amenaza a evitar, pero no para todos comporta los mismos riesgos. La probable caída de la participación que se produciría en una nueva convocatoria electoral perjudicaría a los partidos con electorados más volátiles y desideologizados, como Ciudadanos. Así pueden empezar a reflejarlo los sondeos, quién sabe si condicionando la estrategia de los diferentes actores políticos. Rajoy tanteará en sus reuniones bilaterales (hoy con Sánchez, mañana con Rivera) el margen que existe para un acuerdo que ahora mismo sigue vislumbrándose muy lejano. “Los que somos libres y tenemos las manos limpias no somos presionables”, declaró el líder de Ciudadanos a modo de advertencia el jueves desde el Congreso.