Recuerdo cuando mi abuela protestaba por lo bajini en mitad de una reunión familiar en la que las bocas de los asistentes se estaban animando demasiado: “Qué bueno es que haya niños para echarles la culpa de todo”. Mi abuela evolucionó poco y ni falta que le hizo porque iba sobrada de sabiduría. Como explicaba el novelista de ciencia ficción Neal Stephenson , “sólo los sabios de la clase superior y los estúpidos de las clases bajas no pueden cambiar”. Pero las excusas sí han evolucionado, y donde antes había niños para culparles de todo ahora está el sistema. ¿Cuál? Da igual, con la simple mención vale: como si fuera un tercer ojo, un ente extraño, algo etéreo . La cosa es tener alguien o algo a quien culpar.

Esta semana pillaron a Pablo Echenique en un descuido o en un “quésentir”, que diría mi abuela. Al parecer, el secretario de organización de Podemos estuvo pagando durante dos años a un asistente, sin contrato y sin Seguridad Social, cuando ya tenía responsabilidades políticas. En su defensa ha dicho que sabía que estaba haciendo las cosas mal pero que la culpa es del sistema que “empuja a la gente humilde  a recurrir a la economía sumergida”. Tal cual. Y esto lo dijo 40 días después de publicar el siguiente tuit:  “Es una vergüenza que tengamos a cuidadoras sin pagarles la seguridad social”. Como Hamlet con el espíritu de su padre, Echenique ha debido ver deambulando el espíritu de Napoleón estos días diciendo aquello de que “ nada va bien en un sistema político en que las palabras contradicen a los hechos”.

Pero no nos distraigamos del verdadero culpable:  el sistema. Ya estamos a vueltas con el sistema otra vez. Lo del sistema es un recurso fácil como el que utilizamos los periodistas cuando cometemos un error y queremos disculparlo: “es el directo”. Y ya si el sistema está en directo, cuerpo al suelo, mejor apaga y vámonos. Si algo sale mal , siempre estará el sistema para responsabilizarlo de todo: es que el sistema no responde, es que se ha caído el sistema, es que no me aparece en el sistema… . Y ante esa respuesta nos quedamos bloqueados, no hay réplica posible, y ellos lo saben . Lo que decía Henri Ford: “está claro que que la gente no entiende el sistema (monetario y bancario), porque si lo entendiese, creo que habría una revolución mañana por la mañana”. Las revoluciones que se han ahorrado algunos por la ignorancia ajena de los que deberían prenderla.

Lo que ha hecho Echenique no está bien, está feo, pero tampoco dramaticemos, no le condenemos a la hoguera . Como decía el novelista de ciencia ficción Neal Stephenson “que ocasionalmente violemos nuestro propio código moral, no implica que no seamos sinceros al defender ese código”. Lo malo son las justificaciones, las bocas que no paran y se calientan, y lo que podía quedar en una anécdota, un fallo o un desliz, se convierte en la polémica de la semana. Lo peor es cuando alguien se empeña en hacer más grande el embrollo, en vez de dejarlo morir lentamente, y se cae con todo el equipo y de paso con el sistema, como cuando Pablo Iglesias intenta defender el fallo de Echenique disfrazándolo de “ejemplo moral”. Si alguna posibilidad tenía de disculpa, en ese momento se evaporó.

Lo preocupante es que la anécdota se ha convertido en rutina, y los que más hablan son los que más deberían callar, por responsabilidad pública, social y política.

Lo del dinero negro y la política da para una novela, y no de ciencia ficción como las de Neal Stephenson. ¡Vaya tropa nos hemos echado al pecho!:  Rivera e Iglesias reconociendo haber pagado en negro , Sánchez admitiendo que cobró en negro, el PP, según el juez Ruz y Hacienda, pagando en negro su sede con dinero negro mientras desde su gobierno les falta mandar a los GEO a las casas para ver si hay dinero en ellas. No es serio.  Ya sé que en la sociedad se realizan pagos y cobros de esta manera, pero los políticos no pueden. También es cierto que gracias a la economía sumergida la gente no está haciendo barricadas en las calles, sobre todo durante los momentos más críticos de la crisis económica. Pero los políticos no pueden ni deben y es complicado perdonárselo, sobre todo si además intentan venderlo como proeza heroica del año.

Ni es serio esto ni nada relacionado con los políticos que para nuestra desgracia nos ha tocado. No sé quien dijo aquello de que tenemos los políticos que nos meremos. Otra gran mentira que a base de repetirla como un mantra algunos lo elevan a la categoría de verdad absoluta. No es alguien a quien parafrasear mucho, pero de mentiras y de masas sí controlaba Hitler, para desgracia de la humanidad : “las grandes masas sucumbirán más fácilmente a una gran mentira que a una pequeña”. Y menuda faena se nos antoja porque, como bien escribió Nietzsche, “no que me hayas mentido, que ya no pueda creerte, eso me aterra”. Vaya patio nos están dejando entre unos y otros, aunque siempre podremos echar la culpa al sistema, bendito sistema.

Al final de Steve Jobs tenía razón: el sistema es que no hay sistema. Y lo dijo alguien que estuvo para dar un mordisco en el Universo.