En plena época de publicación de los resultados trimestrales, la banca inglesa se encuentra en el punto de mira tras el resultado de referéndum británico. El primero en hablar ha sido el gigante Barclays, cuyo beneficio ha descendido un 41% durante los últimos tres meses debido al mal comportamiento de los tipos en Europa, a la incertidumbre del ‘Brexit’ y al mantenimiento de activos poco productivos.

El banco de referencia inglés Barclays ha tenido que mantener el tipo ante unos resultados que como poco confirman las sospechas de un frenazo en la economía británica. La entidad ha registrado una caída del 41% en sus beneficios respecto al año anterior, pasando de los 1.150 millones de libras en el segundo trimestre de 2015 a los 677 millones actuales. 

En opinión del director ejecutivo del banco, James E. Staley, el mantenimiento de activos y negocios “no estratégicos” ha sido el lastre fundamental para la entidad durante el último trimestre. En esta línea, el representante de Barclays anunció la desinversión y cierre en oficinas y actividades poco productivas.

“Deshacernos de estos negocio no estratégicos es clave para desbloquear las ganancias potenciales del banco”, ha afirmado en declaraciones a ‘The New York Times’.

Sin embargo, la entidad no ha podido negar que los malos resultados del último trimestre están ligados en gran medida a la votación del pasado 23 de junio sobre la permanencia de Inglaterra en la UE.

Según el director ejecutivo, la “volatilidad” propia del ciclo económico se ha incrementado “negativamente” debido a los resultados del ‘Brexit’. Sin embargo, Staley ha negado que el banco tenga intención de modificar su plan estratégico debido a los acontecimientos de los últimos meses. Una hoja de ruta centrada en el crédito al consumo británico y en créditos a empresas y bancos de inversión.

Las acciones de Barclays cayeron un 22% en Londres tras el ‘sí’ a la ruptura con Bruselas. Sin embargo, los títulos fueron recuperando progresivamente su valor durante las últimas semanas.

El Lloyds Bank, uno de sus principales competidores en el mercado británico, anunció a principios de semana su intención de despedir a 3.000 personas y cerrar hasta 200 oficinas antes de que termine el año.