Banco Popular, Sabadell, Acerinox, Iberdrola, Barceló o BBVA son algunas de las compañías españolas que están establecidas en suelo turco. Las potencialidades de este mercado emergente y sus perspectivas de adhesión a la UE se ven en peligro por la inestabilidad política y el terrorismo islámico.

La futura adhesión de Turquía al mercado comunitario ya era un hecho en Bruselas, entre los candidatos es el país que reúne la mayor parte de requisitos económicos, políticos y sociales. Con este objetivo, la región lleva casi diez años beneficiándose de los fondos que la UE pone a disposición de los países candidatos a la adhesión a la Unión (Fondos IPA o Instrumento de Ayuda Pre adhesión).

En el periodo 2007-2013 (IPA I), Turquía recibió 2.617 millones de euros en concepto de ayuda para realizar reformas económicas y legislativas encaminadas a adaptarse marco europeo, así como inversión en infraestructuras. Además, en 2011 y 2012 se comprometieron fondos por 782 millones euros y 900 millones euros, respectivamente. Para el periodo 2014-2020 (IPA II), se han asignado a Turquía 4.453,9 millones, sin incluir la cooperación fronteriza.

Sin embargo, los atentados del ISIS durante los dos últimos años y el reciente Golpe de Estado han generado una situación de incertidumbre en el país. En concreto, la reacción del presidente Recep Tayyip Erdoğan, tras anunciar su intención de despenalizar la pena de muerte, ha provocado una respuesta tajante desde Bruselas: si se violan los derechos humanos no habrá adhesión.

Esta inestabilidad tiene su reflejo en los datos de los últimos años: tanto las importaciones como las exportaciones cayeron notablemente en 2015, un 6,58% y un 11,39%, respectivamente. Además, la inseguridad provocada por la cercanía con las zonas en guerra ha afectado directamente al turismo, hasta 4,6 millones de personas han decidido cambiar sus planes debido a este motivo.

La desconfianza de los mercados también es una realidad que se puso de manifiesto con la caída de la lira un 6,14% tras el golpe de Estado, su nivel histórico más bajo respecto al dólar. El PIB en 2014 descendió un 3% hasta los 799.370 millones de dólares en términos corrientes. En 2015 el PIB creció a un 4%, sin embargo, existe una amplia economía sumergida que resultaría en un tamaño real de la economía mayor, según los datos del Icex. La renta per cápita para 2014 fue de 10.395 millones de dólares,  lo que supone un descenso respecto a 2013 que fue de 10.822 millones, que a su vez se ha vuelto a repetir en 2015 hasta los 9.261 millones de dólares.

La posible entrada de la región mediterránea en la UE ha sido un gran incentivo para que muchas compañías españolas decidieran invertir en suelo turco. De hecho, España se situó como cuarto país inversor extranjero (6,2% del volumen total) durante 2014, último año con datos disponibles, después de Países Bajos, Alemania y Luxemburgo. El sector turístico y las ingenierías representan la mayor parte del mercado español en Turquía, aunque la banca se ha llevado un fuerte revés tras la depreciación de la moneda nacional y el frenazo en las inversiones.

En el primer grupo encontramos a insignias nacionales de la talla de Airbus, dedicada a la provisión de navegación aérea, Alstom, especializada en el equipamiento de trenes, Barceló Hoteles, Iberia o Siemens Rail Automation, dedicada al transporte ferroviario de pasajeros.

Las ingenierías y la construcción también reúnen a un amplio entramado de marcas nacionales que vieron en Turquía una buena oportunidad de negocio. Entre las atracciones del mercado turco destacan un sistema tributario muy competitivo -con un impuesto de sociedades bajado de 30% a 20%, un impuesto sobre la Renta de las Personas Físicas que oscila entre el 15% y el 35% y beneficios e incentivos fiscales en Zonas de Desarrollo de Tecnología, Zonas Industriales y Zonas Francas-, una red de infraestructuras desarrollada y moderna, y un creciente mercado doméstico cuya mano de obra (78 millones de personas) en su mayoría es joven y cualificada.

En esta línea, grupos como Acciona, Acerinox, Amadeus, Acelormittal, Gamesa, Iberdrola, Gas Natural, Mondragon, Navantia, Roca o Indra tienen sus respectivas filiales en la región mediterránea.

El sector financiero tampoco se queda atrás, el BBVA no es el único banco expuesto con su participación en el segundo banco turco más importante (Garanti), Banco Popular, Sabadell o Caixabank también tienen sus respectivas inversiones en esa zona. En el sector seguros, Mapfre es la única compañía que ha dado el salto hasta el momento.

Otras empresas españolas cuya presencia en territorio turco es menos conocida son: El Corte Inglés, Imaginarium, Mango o el grupo de calzados Mayoral.

La gran mayoría de las sedes se encuentran situadas entre la capital, Estambul, y Ankara. Un total de 112 compañías españolas tienen parte de sus inversiones comprometidas en Turquía y tendrán que decidir en los próximos meses cuál será su futuro en el país.