Anibal, del Equipo A, presumía de su prestancia cuando los planes salían bien. Encendía su puro, y a otra misión. Al presidente de Telefónica, José María Álvarez-Pallete, le hubiera gustado fumar su puro de la victoria después de haber vendido su filial británica O2. No pudo ser, y ahora tienen la misión de reconfigurar sus planes en Reino Unido. Encima, con el Brexit a cuestas.

En ese nuevo camino que debe andar Telefónica para saber qué hace con O2, lo primero que ha hecho es poner al frente un nuevo consejero delegado. En concreto, el operador azul ha nombrado como nuevo CEO de su filial británica a Mark Evans, un hombre con perfil financiero y de la máxima confianza de Álvarez-Pallete.

Evans, cuyo nombramiento será efectivo el 1 de agosto y que se incorporará también al Comité Ejecutivo de Telefónica, sustituye en el cargo a Ronan Dunne, que ya en septiembre pasado anunció su decisión de abandonar la compañía. Su relevo se ha llevado a cabo de manera bastante natural, como él mismo se ha encargado de mostrar en redes sociales.

Tras este movimiento corporativo, Telefónica debe empezar a pensar en el futuro a corto y medio plazo. Según fuentes del mercado, este nombramiento es un primer paso hacia una eventual salida a bolsa de O2, tras la frustrada operación de venta a Hutchison, bloqueada por la Comisión Europea (CE) en mayo.

El movimiento tiene un sentido claro: la salida parcial a bolsa de O2 es una de las alternativas a la frustrada venta de la filial británica mencionada por la multinacional para reducir su abultada deuda, de alrededor de 50.000 millones de euros.

Y si no todo fuera salir a bolsa

El perfil financiero de Mark Evans parece dejar pocas dudas. Telefónica necesita adelgazar su deuda, y poner O2 en el mercado bursátil es una opción. Pero desde que se frustró la operación, el operador azul -de forma un tanto lógica- transmite el mensaje de que no es mala idea seguir con el negocio.

Es más, en el comunicado oficial de O2 en Reino Unido, Evans habla de un comienzo y el inicio de un nuevo capítulo. ¿Pero tiene sentido comercial esta decisión?

Actualmente el mercado de telecomunicaciones en Reino Unido tiene una tensión competitiva muy justa. Al contrario de lo que sucede en España, donde hay tres grandes operadores que pelean en fijo y móvil, en las islas hay una dualidad significativa entre el poder de BT y Sky en la banda ancha fija, y lo dividido que está en el segmento móvil con O2, Vodafone y la propia BT junto a EE.

Así pues, se prevé que Reino Unido tenga que hacer movimientos de consolidación, o al menos de carácter estratégico, si quiere tener un mercado competitivo. En este contexto, si Telefónica se mueve de forma inteligente con O2, puede sacar importantes réditos operando en ese mercado. Por lo tanto, una hipotética no salida a bolsa de la filial británica de Telefónica tampoco sería un movimiento extraño. Al menos en un plazo medio de tiempo.