Hace apenas unos días llegaba a unos pocos y privilegiados países el juego de realidad aumentada de Niantic, Inc. Pokemon Go. En un día se convirtió en la app más rentable y acumulaba 20 millones de usuarios. En tan solo 24 horas desde su lanzamiento. Ha pasado una semana desde tan señalada fecha y estas cifras no han hecho más que aumentar. El juego ha llegado este viernes a España pero el hecho de que no estuviese disponible todavía, no ha detenido a los usuarios, quienes han buscado todos los trucos habidos y por haber para conseguir esta app y poder empezar a sentirse como verdaderos entrenadores Pokemon. Tampoco han tardado en alzarse voces en contra de esta nueva fiebre por considerarla estúpida, pero es lo normal, lo que no es de nuestro agrado, pasamos a archivarlo en el cajón de nuestro cerebro dedicado a las cosas tontas y acto seguido, nos sentimos moral e intelectualmente superiores a todos los que comparten tal afición o gusto.

No esperen leer aquí nada negativo sobre Pokemon Go, me parece una de las cosas más inocentes y divertidas que he visto en años. Personas que no ha caminado en años, han salido en busca de Pokemons (o pokémones, que no lo tengo nada claro) utilizando sus dos piececitos para ello; ancianos a los que solo les quedaba esperar a que el reloj siguiese marcando segundos, se han lanzado a una nueva aventura cuando ya no contaban con ello; norteamericanos aprendiéndose el sistema métrico decimal; jóvenes y niños que quedan para ir a capturar Pokemons/pokémones en lugar de hacer botellón en el parque; y perros que no terminan de comprender qué extraña magia ha operado sobre sus humanos para que ahora les lleven de paseo tan a menudo.

El juego ha atrapado a niños y adultos por igual. Y lo entiendo. Pokemon Go ha conseguido que ir a comprar el pan sea divertido, que caminar resulte más atractivo que coger el coche. Ha logrado que queramos salir de casa para participare en una gymkana en la que el recorrido es el mundo entero. Muchos dirán que está app ha causado en su breve existencia accidentes, robos y poco menos que el fin del mundo tal y como lo conocemos, a esto solo queda decir que lo malo no es el juego en sí, es el uso que ciertos usuarios están haciendo de él.

Si algo se puede criticar a los creadores es la selección de ciertos lugares como paradas o gimnasios Pokemon. En Auschwitz han tenido que pedir a los visitantes que no jueguen en los terrenos del antiguo campo de concentración y se pueden encontrar gimnasios y paradas en iglesias y mezquitas, lo que es una falta de respeto para los fieles de las mismas. Es de esperar que estas fallas sean corregidas en breve.

Los responsables de marketing de diferentes empresas y destinos turísticos deben estar frotándose las manos, porque las posibilidades que Pokemon Go ofrece para la promoción son numerosas. Desde tours por diferentes monumentos de una ciudad a safaris por parques con el aliciente de la captura de estos coloridos bichejos. Las compañías de eventos y organizadores de encuentros de team building tienen un filón en Pokemon Go; los museos infantiles pueden organizar actividades complementarias a las típicas de los museos; restaurantes y locales de moda con Pokemons escondidos en sus rincones… Incluso podemos ir un paso más allá y promover hábitos saludables; por ejemplo,  algunos de mis amigos ya han empezado a volver caminando del trabajo para cazar un Bulbasaur o un Pikachu en el recorrido, ¿Y si una simple app consigue que la gente abandone su sedentarismo?

Tal vez sea una fiebre pasajera, muy probablemente lo será, pero hasta entonces solo nos queda odiar el juego o unirnos a él y si tuviese una empresa, ya estaría buscando la manera de monetizar esta oportunidad para atraer nuevos clientes a mi negocio. De momento, ayer, capturé mi primer Pokemon, Charmander, no saben la ilusión que me hizo y lo que me divertí buscándolo.