Si alguien pensaba que se había cerrado la crisis en El Corte Inglés, las cosas todavía están muy movidas.

El coloso de la distribución se encuentra en medio de un proceso de delicados ajustes destinados a garantizar sus sostenibilidad en un entorno lleno de amenazas a corto y medio plazo, con Amazon a la cabeza. Sin embargo, está desperdiciando mucha energía en guerras internas, y está sometido a una tensa situación en su consejo de administración que no ayuda, precisamente, a enderezar el rumbo.

Y es que, según fuentes conocedoras de la situación consultadas por SABEMOS, las hermanas Cristina y Marta Álvarez Guil juegan a ganadoras y quieren alcanzar en la junta de accionistas del próximo agosto un poder ejecutivo equivalente a su peso en la sociedad.

Mientras, se aventura un rejuvenecimiento en la casa con la posible jubilación de los octogenarios Florencio Lasaga y Carlos Martínez Echavarría, dos de los históricos de la casa. Lasaga, presidente de la Fundación Ramón Areces, lleva en la empresa desde el año 1959 y ha trabajado con los cuatro presidentes del grupo. Echavarría forma parte del consejo del grupo y fue nombrado por el presidente, Dimas Gimeno, consejero delegado de Hipercor.

Fuentes de la compañía subrayaron que la salida de Lasaga y Echavarría permitiría mover a muchas “vacas sagradas” en el seno de la compañía que mantienen su poder debido al apoyo de los veteranos directivos, y que perderían suelo sin ellos. Todo, además, en el marco de un rejuvenecimiento generalizado en la compañía, con un plan de prejubilaciones voluntarias para empleados de entre 58 y 60 años.

Esta renovación, de producirse, sería trascendental para el rumbo de una compañía que, actualmente, tiene tres grandes vértices: el presidente, Dimas Gimeno, la vieja guardia encarnada por Lasaga, Echevarría y Juan Hermoso, y  las hermanas Álvarez Guil, que además han intentado recuperar para la causa a Carlota Areces, crítica con la operación de venta de autocartera en forma de préstamo al jeque qatarí Hamad Bin Jassim Al Thani por 1.000 millones de euros por el 10% de la acciones, pero que podría ascender a entre el 12,5-15% en caso de que la compañía no cumpla una serie de hitos.

Areces, en representación de Corporación Ceslar, una sociedad que agrupa participaciones próximas al 9% de la familia Areces Galán,  criticó en su momento que se trataba de “un precio muy por debajo de las últimas estimaciones” sobre el valor de la empresa, y de “una maniobra para blindar al poder ejecutivo”.

La compleja situación accionarial en la que nos encontramos está relacionada con el hecho de que, por primera vez, se eligió a un presidente de El Corte Inglés sin el control de la Fundación Ramón Areces, que tiene un 36% de las acciones de la compañía.

En la junta del próximo agosto habrá muchas otras decisiones que tomar en diversas divisiones. Como, por ejemplo, el futuro de Telecor, una filial que está siendo conducida hacia el precipicio con una serie de decisiones discutibles y que necesita de un cambio radical si quiere recuperar terreno en un entorno en el que el papel de las tiendas de telefonía móvil se está transformando.