Según datos de la Fundación Affinity, en 2015 fueron recogidos 137.000 perros y gatos de los cuales tan solo el 20% fueron devueltos a sus dueños. Esos fueron los afortunados, 13.700 de ellos, fueron sacrificados. La época del año en la que más animales se recogen es en el segundo cuatrimestre del año, es decir, el verano. Ahora.

No pediré un ejercicio de responsabilidad a aquellos miserables que ya han abandonado o se están planteando abandonar a su mascota para poder irse de vacaciones. Ya no hay salvación para esos propietarios, espero que sí la haya para esos perros y gatos; sin embargo, sí me gustaría que estas líneas hiciesen reflexionar a todos aquellos que todavía no conviven con un animal. Que lo mediten antes de hacerse con uno, que piensen que perros y gatos viven una media de 12-15 años, algunos hasta 20. Es mucho tiempo. Conozco matrimonios que han durado menos.

Cuando una mascota llega a un hogar debería ser para quedarse, para formar parte de esa familia, para ser un miembro más. Para recibir atención, cariño y cuidados. Para morir junto a su familia. Porque cuando una mascota llega a una casa, sus habitantes se convierten en su familia de manera automática, aunque en ocasiones no sea recíproco.

No diré que los animales tengan los mismos derechos que los seres humanos porque eso es controvertido y algo con lo que no estoy de acuerdo; lo que sí tienen son emociones: se asustan, se alegran, se enfadan, se sorprenden y se entristecen. También sienten hambre, sed, frío, sueño, calor… Por tanto, abandonar un animal es condenarlo a sufrir por cualquiera de estas causas o por todas ellas. Por tanto, abandonar un animal te convierte en un ser cruel, vil. Te convierte en un despojo de la sociedad.

En adelante me referiré a los perros ya que los gatos necesitan menos atención que los cánidos, suelen tener un tamaño más reducido y su educación, en ocasiones, se limita a enseñarles a usar su cajón de arena. Más allá de eso, no es que el felino no aprenda, es que le importará poco o nada lo que usted intente enseñarle. Establezcamos que habitualmente un gato le dará menos problemas que un perro.

Antes de admitir un perro en su casa, piense en el coste económico que tendrá su manutención, la cual incluye veterinario, juguetes, camas, alimento, etc. Considere el alto precio en forma de atención que necesitará ese precioso cachorrito. Sea consciente de que ese cachorro solo será tan adorable durante unos meses, luego se convertirá en un monstruo de 40 kilos (dependiendo de la raza) en el que necesitará invertir no solo dinero, sino también tiempo y esfuerzo puesto que deberá educarlo y pasearlo, mínimo, tres veces al día. Habrá momentos en los que se desespere ya que durante su crecimiento es posible que muebles, zapatos y otros objetos sean víctimas inocentes de los incipientes colmillos del animal. Reflexione sobre lo que es un ser vivo y entienda que su mascota también puede padecer alguna enfermedad crónica, desarrollar cáncer o tener alguna alergia. Todas estas variables, elevarán el coste de la manutención hasta límites insospechados. Créanme, lo sé por experiencia.

Así contado tener un perro puede parecer una experiencia horrorosa. No lo es. No lo lamenté aquella vez que tuve que invertir el dinero de mis vacaciones en operar el cáncer que le habían diagnosticado a mi perro; ni cuando llegué a casa y se había merendado el sofá; ni aquella ocasión en la que se tumbó en la escasa sombra que encontró durante un paseo en el mes de agosto y me comentó amablemente que de allí no le movía ni con grúa y que si eso yo, me quedase al sol; ni cuando me tiró por las escaleras; ni cuando me arañó toda la pierna. Tampoco lo lamenté aquella Nochebuena que tuvimos que llevarle al veterinario de urgencia porque, jugando, se había clavado un alambre en el ojo… Ni lo he lamentado en muchas otras ocasiones porque a cambio, él estaba siempre allí cuando yo estaba triste, me escuchaba cuando cantaba, saltaba a mi alrededor cuando bailaba, me seguía a todas partes, me hacía reír con sus reacciones y su bendita estupidez, buscaba mis ojos cuando sonaban petardos tranquilizándose solo con mirarme, dormía a los pies de mi cama para vigilar mi sueño y me protegía cuando oía ruidos en la calle. A cambio estaba ahí, conmigo. Y sabía que nunca me iba a dejar. Solo por eso merece la pena tener mascota y pago su precio sin protestar.

Si no está dispuesto a pagar el precio de su mascota, hágase un favor y no lleve una a su casa. Piense que si lo abandona, no es solo que el animal sufra, es que puede provocar un accidente de circulación que le cueste la vida a otras personas o puede atacar a alguien. Si no puede hacerse cargo del animal, intente buscar otra familia para él y en última instancia, llévelo a una protectora. No lo abandone. El abandono de animales es digno de mentes ignorantes, despreciables y mezquinas.