Desde 2011 el sector de la construcción ha dejado en el paro a más de 50.000 personas en toda Europa, mientras que los ajustes de plantilla en la industria inmobiliaria afectaron a menos de medio millar. Hasta 63 compañías se declararon en quiebra dentro del ladrillo, aunque tan sólo dos se vieron avocadas a cerrar el negocio.

La crisis económica no sólo afectó al sector financiero, la explosión de la llamada “burbuja inmobiliaria” dejo miles de víctimas a su paso en un negocio que se demostró estar sobresaturado e inflado desde el principio. Tras el inicio de la recesión, la construcción se paralizó a nivel mundial junto a las inversiones, ¿pero qué ocurrió con todos aquellos inmuebles que ya estaban en el mercado?

La gestión de estas propiedades ha evolucionado de forma contraria a su construcción y el llamado real estate ha logrado sobreponerse a la crisis con fuerzas renovadas.

Un reflejo de la salud empresarial en ambas industrias es la evolución del empleo durante los años más profundos de la crisis en Europa. La comparativa no da lugar a dudas, mientras que en el sector de la construcción se realizaron cientos de reestructuraciones internas, en el sector inmobiliario tan sólo se llevaron a cabo tres grandes ajustes de plantilla, frente a 11 expansiones de negocio.

El resultado fue una sangría de despidos en el ladrillo, un total de 51.197 nuevos desempleados desde junio de 2011, frente a los 353 del real estate en el mismo periodo.

Todos los ajustes de plantilla en el mercado de las inmobiliarias fueron llevados a cabo como reestructuraciones internas, concretamente en Estonia, Holanda y Finlandia. Mientras que en la industria de la construcción se declararon en bancarrota hasta 63 empresas de las que sólo cerraron dos: Trabet, en Francia, y Byggcompagniet, en Suecia.

A nivel contratación el panorama es el mismo, mientras que el ladrillo ha dado trabajo a 18.587 personas en los últimos cinco años, un 36,3% del total de despidos, el real estate acogió a 5.900 nuevos trabajadores, superando en más de ocho veces la tasa de despidos.

Los países más afectados por la crisis del sector han sido Reino Unido, Francia y Polonia al acumular el mayor número de empresas con ajustes de plantilla desde 2011. En España los dos últimos casos son el de Sacyr, que anunció en febrero una reestructuración laboral en su departamento de construcción en España que afectaría a entre 350 y 420 trabajadores (25%-30%), finalmente la cifra se cerró en 347.

La media se justificó como consecuencia de la mala situación de la industria en España. La compañía señaló también que estaba intentando relocalizar a su plantilla española en otros países donde la actividad era más dinámica.

El siguiente caso por orden es el de Cyes, la constructora valencia fue declarada insolvente en 2014 y como consecuencia llevó a cabo un ajuste de plantilla que afectó a 130 empleados.

El impulso de la salida a bolsa

Desde que metieron la cabeza en el parqué español hará apenas tres años, las ‘socimis’ (Sociedades Anónimas Cotizadas de Inversión Inmobiliaria) se encuentran en el punto de mira de la gran mayoría de inversores por su espectacular crecimiento en plena recuperación.

Este tipo de compañías gozan de un régimen fiscal personalizado y ya acaparan el 52% del capital en el sector inmobiliario, pasando de ser un exclusivo grupo de 10 miembros a las 26 cotizadas actualmente en el MAB.

Las ‘socimis’ han liderado el renacer de la industria tras el estallido de la burbuja inmobiliaria y han encontrado en el mercado continuo su principal vehículo de financiación. De los 6.500 millones de capital que han entrado en el sector desde 2013, más de 5.000 lo han hecho a través de este régimen societario.

Merlin Properties, Hispania y Lar España son los rostros más conocidos de este grupo, aunque en el mercado alternativo ya suenan con fuerza otros nombres como Axiare o Colonial. Lejos de conformarse, las inmobiliarias no descartan saltar a la primera línea de batalla (Ibex 35) del parqué español en los próximos diez años.