La eléctrica segregó su negocio nuclear en plena reforma energética, a finales de 2012. La nueva filial sólo ha tenido números rojos desde entonces y en sus informes de cuentas se queja de que el golpe de los nuevos impuestos, combinado con el bajo precio de la electricidad en el mercado mayorista, hace inviable ser rentable. La compañía se encomienda para sanear las cuentas de próximos años a una subida del precio de la electricidad si hay una menor participación en el mix de las renovables y la hidráulica.

“En varios países se están cerrando centrales nucleares. Y no lo están haciendo por razones políticas, se están cerrando porque económicamente no son viables”. Lo dijo el presidente de Iberdrola, Ignacio Sánchez Galán, en una entrevista radiofónica el pasado abril.  Y las declaraciones, además, llegaban días antes de que el propio Galán filtrara a los sindicatos de la compañía que la central de Santa María de Garoña jamás reabriría y que no lo haría porque de ninguna manera salen los números para que la planta sea rentable.

El cambio de discurso del presidente de la mayor eléctrica española venía gestándose desde hace años. Uno, porque Iberdrola busca ganarse la imagen de ser la más verde de todas las compañías eléctricas. Y dos, porque las cuentas no le salen a la compañía con su negocio nuclear, por la combinación de nuevos impuestos creados con la reforma eléctrica del defenestrado ministro Soria y por la contención del precio de la electricidad en el mercado mayorista (que es el precio al que la vende la filial nuclear de Iberdrola, no el que pagan los usuarios con el recibo, ojo).

Una vida de números rojos

Iberdrola creó a finales de 2012 una nueva filial, Iberdrola Generación Nuclear, para agrupar todos sus intereses en la energía nuclear, tanto en la generación de electricidad con las plantas atómicas (toda la electricidad que producen es vendida a Iberdrola Generación) como en la tenencia de las participaciones de centrales en España (el 50% de la polémica central de Garoña; es socio único en Cofrentes; controla el 52,7% de Almaraz I y II; 48% de Trillo; el 28% de Vandellos II; y el 15% de Ascó II).

La filial nuclear de Iberdrola sólo conoce los números rojos: perdió 232 millones el año pasado, 311 millones en 2014 y 221 millones en 2013

Y esa filial, que Iberdrola creó para encapsular los efectos en el negocio nuclear de la reforma eléctrica en las cuentas del grupo, sólo conoce los números rojos. Desde su creación, Iberdrola Generación Nuclear –que tiene a Iberdrola Generación como socio único- acumula pérdidas de más de 765 millones de euros. En 2013, la compañía perdió 232,6 millones de euros; en 2014 las pérdidas fueron de 311,4 millones; y el año pasado fueron de 221,7 millones, según se recoge en las cuentas entregadas por la compañía en el Registro Mercantil y consultadas por SABEMOS.

“Iberdrola lleva tiempo defendiendo que aboga por la energía nuclear, siempre y cuando sea viable desde el punto de vista técnico, de seguridad y económico”, sostienen fuentes de la compañía, que, no obstante, reconocen que “en los últimos años, y a raíz de la reforma energética y de la imposición de nuevos impuestos y tasas, no cabe duda de que el negocio nuclear se ha resentido”. Tanto como para apuntarse pérdidas, de hecho.

Según las cuentas correspondientes a 2015, Iberdrola Generación Nuclear obtuvo unos ingresos de 1.160 millones de euros con la venta de la electricidad generada por las centrales a su matriz, Iberdrola Generación, un 14% más que un año antes. Sin embargo, se queja de que casi un 40% de todos los ingresos se destinan al pago de impuestos y tasas, hasta un total de 450 millones de euros el año pasado.

¿Cómo ser rentable? Menos renovables para que suba el precio

La eléctrica culpa de las pérdidas a los nuevos impuestos creados con la reforma laboral y a las ecotasas regionales: en 2015 tributó 450 millones

La reforma eléctrica del PP creó un nuevo impuesto que grava con un 7% la generación eléctrica y dos impuestos específicos aplicados a los residuos y el combustible nuclear. Para cubrir los nuevos impuestos, que se aplican desde 2013, la compañía destinó en 2015 un total de 199 millones, a los que se suman 61 millones por las diferentes ecotasas regionales que se aplican a la nuclear, los 165 millones de la tasa para financiar a Enresa –la compañía pública que gestiona los residuos nucleares, y cuyo plan a largo plazo tiene aún un agujero de unos 1.500 millones sin cubrir– y 25 millones a otros impuestos.

Los 450 millones en impuestos y los 475 millones destinados a las amortizaciones de las instalaciones nucleares se comen ya buena parte de los ingresos totales. Sumados los 299 millones de costes operativos y 48 millones de costes financieros, más 111 millones en inversiones… El resultado son unas pérdidas el año pasado de 221 millones de euros.

Iberdrola Generación Nuclear achaca los números rojos de los últimos tres años “principalmente a que el descenso de los precios de mercado ha hecho imposible absorber la carga fiscal que soporta la actividad de generación nuclear de la sociedad, que se vio incrementada significativamente en el ejercicio 2013 con la entrada en vigor de la Ley 15/2012”, que creaba los nuevos gravámenes.

Iberdrola cree que sus nucleares serán rentables cuando caiga el peso de las renovables, lo que hará que suba el precio de la electricidad

Iberdrola reconoce en su informe anual de cuentas su plan de negocio a futuro, en el que se prevé una vuelta al beneficio, sólo se cumplirá si confluyen factores externos al grupo, “como la recuperación de la demanda” y, sobre todo, a que el sistema eléctrico tenga “un menor impacto de la producción del régimen especial e hidráulica que permita la recuperación del precio de la electricidad a futuro”. Esto es, la filial nuclear se encomienda para ser rentable a una subida de los precios de la electricidad si tienen un menor peso en el mix energético nacional las renovables y la hidráulica.

El agujero millonario de Garoña

En paralelo, Iberdrola también ha soportado en sus cuentas el golpe que supone mantener sin actividad la central de Garoña –que controla a partes iguales con Endesa y, por ende, comparte a partes iguales las pérdidas-. Nuclenor, la dueña de la planta burgalesa y participada por las dos eléctricas, cerró la central unilateralmente a finales de 2012 a modo de órdago al Gobierno por la reforma eléctrica. En los dos últimos años, las compañías se han apuntado pérdidas por casi 230 millones de euros por Garoña y ahora se encuentran enfrentadas por el cambio de discurso público por parte de Iberdrola.

En 2014 solicitaron la renovación de la licencia tras varios cambios legislativos ad hoc por parte del Gobierno del PP para hacerlo posible. Aún hoy las compañías esperan a que el Consejo de Seguridad Nuclear se pronuncie sobre su solicitud de reactivar Garoña hasta 2031, cuando las instalaciones cumplirían justo 60 años desde su construcción. Sin embargo, ni Iberdrola ni Endesa pretenden reabrir la planta, pero el visto bueno a la ampliación de la vida útil serviría de precedente para el resto del sector nuclear español, el verdadero objetivo de la iniciativa… sobre todo para Endesa.