El sector del taxi se encuentra ante un reto mayúsculo: debe mostrarse como una alternativa al transporte público colectivo y, a su vez, debe competir con las nuevas plataformas colaborativas como Uber o Cabify. Para eso, quieren dejar atrás muchos estereotipos como que solo hablan de deportes durante los trayectos o que hacen lo posible por cobrar más al viajero.

Sería un error generalizar. En España hay miles de taxistas, y cada uno en su coche se comportará de manera distinta. Pero lo que quiere Fedetaxi, una de las gremiales más importantes, es mentalizar al colectivo de taxistas que se deberían adoptar una serie de cambios para ser más competitivos.

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El objetivo parece claro: demostrar a las nuevas apps como Uber o Cabify que ellos pueden dar un servicio, igual o mejor, a lo que ellas ofrecen. De este modo, han lanzado un ‘Manual de Buenas Prácticas’ para renovar su imagen ante los usuarios. Los principales puntos tienen que ver con la honestidad en las tarifas, el comportamiento amable o la buena presencia y profesionalidad, entre medio centenar de medidas concretas que proponen para garantizar la mejora del servicio.

El documento lo ha elaborado la Federación Andaluza de Autónomos del Taxi (FAAT), presidida por Miguel Ruano, y aunque su aplicación por el momento será en el contexto de esta comunidad, fuentes de Fedetaxi confirman a SABEMOS que el objetivo sería trasladas estas prácticas a toda España.

Algunas de las propuestas

Dentro de este “manual”, resultan curiosas algunas sugerencias. Por ejemplo, no es que pidan a los conductores que no hablen de política o fútbol, lo que proponen es no tomar postura ante temas como, religión, política, deporte, u otros temas que pudieran suscitar confrontación. Pretender dejar muy claro que el taxi es un Servicio Público y en el ejercicio de la profesión se debe demostrar tolerancia y educación, la imagen pública es primordial ante la sociedad.

Asimismo, también sugieren como punto primordial, “tratar al cliente como a ti te gustaría ser tratado”. En ese apartado, ofrece detalles prácticos acerca de cómo es conveniente dirigirse a los usuarios, mirándolo siempre a los ojos, dispensándole un trato cortés, agradeciéndole que haya elegido el servicio, mostrándose servicial y ser respetuoso incluso en casos de quejas o reclamaciones.

El documento de ocho páginas recomienda al taxista “no atosigar al usuario”. Para reforzar la profesionalidad del sector, el taxista debe estar “bien informado de la ciudad” y ofrecer “soluciones” ante cualquier problema planteado por el cliente. Es muy importante, añade el manual, que el taxi se mantenga siempre “limpio” y con “buen olor”, al tiempo que la imagen personal del conductor debe ser la adecuada. Previene, por tanto, de masticar chicle, beber, fumar o comer durante el servicio o usar calzado impropio ni ropa deportiva o excesivamente informal. Recuerda, por ejemplo, que las altas temperaturas en Andalucía obligan a mantener el interior del vehículo climatizado.

En uno de los puntos delicados, la tarifas, el texto pide al profesional la máxima “honestidad” a la hora de facturar los servicios y alerta sobre el “cobro abusivo” porque es lo que “más deteriora la imagen del taxi”. En este apartado se extiende en una serie de sugerencias prácticas, tales como no poner en marcha el taxímetro cuando el vehículo se encuentra en la parada hasta que el cliente haya tomado asiento o no cobrar suplemento por equipaje en los trayectos interurbanos.

¿Un documento necesario?

Quizá muchas de estas sugerencias de la FAAT tienen una lógica aplastante. Pero hay dos factores importantes para que sean tomadas al pie de la letra. La competencia en las nuevas plataformas como Uber o Cabify viene fortalecida por verse como un servicio cool, moderno, adaptado y elegante. De ahí que el taxi deba reinterpretarse en muchos aspectos.

Por otro lado, sigue habiendo una gran desconfianza, sobre todo en lugares que no se conocen, a que el taxista dé vueltas y se cobre de más, o no se informe debidamente sobre los suplementos agregados al viaje. De este modo, se debe exigir una mayor transparencia, y eso es lo que promueven desde estás organizaciones.

Imagen | FAAT