Es evidente que el resultado de las elecciones del 26-J que han permitido al Partido Popular consolidarse como la oferta política más votada, ha puesto de manifiesto que la mayoría de los ciudadanos españoles han apostado por la estabilidad de una opción constitucionalista y centrada. Sin embargo, se mantiene la incertidumbre sobre la formación de Gobierno.

Si bien, todos coincidimos en que el PP, y en especial Rajoy, salen fortalecidos de estos comicios y el bloque de izquierdas muy debilitado. Dicho lo anterior, el veredicto de las urnas obliga al resto de las fuerzas políticas a abrir las vías del dialogo y a negociar desde la responsabilidad con la opción que con un 33% de los votos ha alcanzado la cifra de 137 escaños.

Todo parece indicar que el protagonista de este relevante resultado electoral, Mariano Rajoy, tiene la intención de pactar lo antes posible la formación de un Gobierno, a ser posible duradero y estable. Tiene pues todo el sentido que su primera propuesta vaya dirigida al PSOE, segunda fuerza mas votada,  que deberá resolver internamente su estrategia de futuro y desde luego su disposición de facilitar la investidura.

Soy de los que piensan que el ofrecimiento de Rajoy es sincero y que dentro de los grandes asuntos a abordar conjuntamente está la reforma de nuestra Constitución. En este contexto es innegable que los dos partidos más votados tienen intereses coincidentes y puntos de vista similares en materia de reforma de las pensiones, revisión de la normativa laboral que acelere en lo posible la creación de empleo de calidad y por supuesto la asignatura pendiente de la financiación autonómica. Veremos si el PSOE está por la labor de subirse a este carro o declina el ofrecimíento, algo que parece más que probable. De todas formas el hecho de no aceptar la eventual coalición con el PP abriría una segunda via que es la de los acuerdos puntuales para determinadas reformas y un apoyo directo o indirecto para permitir la investidura.

La opción de Ciudadanos es sin duda otra baza a jugar. En este caso el resultado que han arrojado las urnas han debilitado al líder de esta formación de tal forma que Albert Rivera deberá reconsiderar su ya de por sí difícilmente explicable veto a Mariano Rajoy. Si antes de las elecciones no era digerible, tras los comicios, todavía menos. Es obvio que el peso político de este partido se ha reducido porque sus escaños no sirven para determinar por si solos quien debe asumir la presidencia del Gobierno. Ciertamente los esfuerzos de Rivera por mantener un equilibrio de pactos complejo estos meses atrás no se han visto recompensados en las urnas. Por tanto Rivera deberá mantener una estrategia de diálogo y de flexibilidad si quiere tener sus opciones de poner en valor sus 32 escaños.

Lo que sí parece clara es la imposibilidad aritmética de un gobierno de izquierdas. Ha quedado patente, tal y como reconoció en la noche electoral Iñigo Errejón, que el acuerdo entre Izquierda Unida y Podemos no se ha traducido en un avance de la izquierda, si no todo lo contrario. No parece previsible en absoluto que el PSOE del superviviente Pedro Sánchez se tire a la piscina a intentar un pacto con Unidos Podemos teniendo en cuenta la presión interna existente y la dificultad añadida de que tendrían que sumar a este acuerdo a los independentistas. Cierto es, no obstante, que el actual líder del PSOE aun cosechando unos muy malos resultados ha superado por el momento su inestable posición dado que su objetivo fundamental antes de los comicios es que no se produjera el ‘sorpasso’. De ello dependía su futuro político.

De cualquier forma lo que sí es indudable es que nuestro país necesita urgentemente un gobierno estable y sólido y a ser posible con pactos duraderos. El 26-J debe ser el inicio de una nueva etapa con un objetivo fundamental que no es otro que el de  la imprescindible regeneración democrática. No más corrupción, limpieza en las instituciones y transparencia máxima en la labor de gobierno.

Confiemos en que Mariano Rajoy juegue con buen criterio sus cartas en  esta partida iniciada el pasado domingo y que el resto de las fuerzas políticas actúen con la responsabilidad que requiere el momento y pensando en el bien de los ciudadanos de nuestro país.