Este pasado jueves 30 saltaba la noticia a los medios. Un colectivo de 109 premios Nobel firmaba un durísimo manifiesto instando a Greenpeace a abandonar su campaña en contra de los transgénicos. En ella se dejaba a las claras que la campaña que están llevando a cabo desde hace más de 20 años no cuenta con ninguna base científica y que además, frenar el desarrollo de tecnologías como el arroz dorado está provocando miles de víctimas por ceguera o desnutrición en los países más pobres de la tierra.

No es diferente a lo que algunos llevamos muchos años denunciando, la diferencia es que ahora lo dice mucha gente y extremadamente cualificada. La respuesta oficial de Greenpeace a esta carta no puede ser más sonrojante, con argumentos del tipo que los OGM no hacen falta, que lo que hay que hacer es una dieta variada. Recuerda a cuando Maria Antonieta dijo que si el pueblo no tenía pan que comiera brioches.

Parece que no saben que en pleno siglo XXI casi 800 millones de personas pasan hambre y una dieta equilibrada es un privilegio en muchas zonas del mundo. Aparte de esto no aportan ni un solo argumento más allá del “el Arroz Dorado no está todavía disponible”, seguramente porque ellos mismos han destrozado campos experimentales, y porque olvidan que el arroz es una de las muchas tecnologías en desarrollo, pero también tenemos un maíz, una patata, un plátano, una naranja y una yuca doradas, de las que parecen desconocer su existencia. Destacados líderes de Greenpeace o de partidos ecologistas como Juantxo López de Uralde o Luis Ferreirim, muy locuaces en sus críticas contra los OGM, ahora han dado la callada por respuesta.

Los científicos acusan a Greenpeace de cometer crímenes contra la humanidad. La acusación no es gratuita. No olvidemos que la campaña de Greenpeace y otras organizaciones ecologistas no han escatimado en actos violentos, como destrozar campos e instalaciones experimentales, ni tampoco hemos visto condenas cuando científicos que trabajan con transgénicos han recibido cartas bomba.

También hay que tener en cuenta que la campaña contra los transgénicos llevada a cabo por Greenpeace ha tenido mucho impacto en la agenda política, si no, no se entiende que hace menos de un mes la Unión Europea votara una moción para instar al G8 a que no utilizara OGM en África. Anne Glover, la consejera científica, fue despedida hace unos años por mostrarse favorable al uso de transgénicos, y así podríamos seguir con una lista de decisiones políticas aberrantes. Decisiones políticas que nos están costando millones de euros y que están costando miles de vidas en los países en desarrollo.

¿Qué impacto tendrá esta carta? Es pronto para valorarlo. De momento se ha conseguido que los medios de comunicación se hagan eco de unas quejas que llevan muchos años produciéndose ante la pasividad de ellos. Ya es un principio…