El 23% de los 3’1 millones de votos que obtuvo Albert Rivera en las elecciones del 26 de junio no se transformaron en representación en el Congreso. El partido naranja se marca como prioridad la reforma del sistema electoral después de que no computaran los apoyos que recibió en 32 de las 52 circunscripciones. El caso más flagrante es el de Castilla-La Mancha, donde sus 145.000 sufragios no valieron para nada.

Ciudadanos se pasó la segunda semana de campaña electoral repitiendo que necesitaba “un punto más” para sumar diez escaños extra a su grupo parlamentario. Así, lograrían “ser decisivos” y España “tendría Gobierno”. Sin embargo, los resultados del 26-J empeoraron los de diciembre y Albert Rivera pasó de llevarse el 13’94% de los votos al 13’06% (bajando de 40 a 32 diputados). No solo no sumó ese punto adicional que reclamaba a los electores, sino que perdió otro. Consecuencia de ello, su formación cayó al cuarto puesto en casi todas las provincias y cedió ocho actas parlamentarias.

Su representación en el Congreso menguará en mucha mayor proporción que su bolsa de votantes (un 20%), por los efectos penalizadores que el sistema electoral infringe a los partidos que no quedan en primera o segunda posición ni superan el 14-15% del voto. Un sistema que Rivera considera injusto y exigirá cambiar la próxima legislatura, tal y como adelantó la misma noche electoral. El escrutinio fue ajustadísimo para su partido en 15 territorios donde se movió en el límite de obtener o no un escaño. En nueve circunscripciones, la moneda lanzada al aire acabó en cruz; en seis, salió cara.

Rivera perdió escaños en Madrid, Sevilla, A Coruña, Toledo y Salamanca por menos de un punto

De los ocho diputados perdidos respecto a diciembre -en Madrid, Sevilla, A Coruña, Albacete, Toledo, Guadalajara, León y Salamanca- solo dos estuvieron muy lejos desde el primer momento. El de León, que esta vez designaba cuatro diputados y no cinco, y el de Guadalajara, donde Rivera se vio ampliamente sobrepasado por Unidos Podemos. Los otros seis estuvieron a su alcance y se decidieron por un puñado de papeletas. Su séptimo parlamentario por Madrid se esfumó por apenas el 0’1% de los votos (3.671). De lograrlo, se lo hubieran arrebatado al PP.

Igual de reñida estuvo la disputa con los populares por el cuarto escaño de Salamanca, que cayó del lado de Mariano Rajoy por 677 sufragios (0’33%). Ese mismo porcentaje fue el que le privó de conservar el diputado en Toledo -se lo llevó el PSOE- y solo unas décimas más le hicieron retroceder en Sevilla, A Coruña y Albacete (0’49%, 0’61% y 0’64%, respectivamente).

Además, el partido naranja acarició entrar en el Congreso por Badajoz, Pontevedra y Burgos. El 1’73%, el 2’03% y el 2’5% de los votos le separaron del último escaño en esas provincias. Con una ligera subida generalizada de Ciudadanos, que dispone del electorado más volátil y desideologizado de los grandes partidos, hoy Rivera lideraría un grupo parlamentario similar al de la XI Legislatura o incluso ligeramente más grande. Su condición de cuarta fuerza le hizo asimismo quedar lejos de obtener representación en provincias como Huelva, La Rioja, Ávila o Segovia, además de las ya mencionadas Guadalajara y León. En todas ellas, sin embargo, se hubiera llevado el escaño si se hubiera puesto en disputa uno más de los establecidos para esta contienda electoral. Lo mismo hubiera ocurrido en Cádiz.

Seis escaños más en riesgo

El hecho de haberse movido en el límite del 13% llevó a Ciudadanos igualmente a conservar algunas de sus actas por estrecho margen. Es el caso de las últimas que repartieron Barcelona -gracias a la cual permanecerá en el Congreso el número dos del partido, José Manuel Villegas-, Tarragona, Almería, Murcia, Cantabria y Santa Cruz de Tenerife. Seis escaños que Rivera retiene por menos de un punto y que estarían en grave peligro en unas hipotéticas terceras elecciones.

Todo ello lleva al partido a reclamar todavía con más vigor la reforma del sistema electoral. Consideran que es injusto elegir los 350 diputados del Congreso designando la provincia como circunscripción e imponiendo un mínimo de dos escaños por cada una de ellas. En su opinión, al menos una parte de la Cámara debería designarse por circunscripción nacional, lo que haría que ningún voto fuera desaprovechado. “Aprobaremos una nueva ley electoral para que el voto de todos los españoles valga lo mismo. Impulsaremos una reforma constitucional para asegurar un régimen electoral que responda al principio una persona, un voto“, recoge su programa electoral.

En estas elecciones, Ciudadanos solo ha sacado escaños en 20 territorios, lo que hace que sus apoyos en 32 circunscripciones no hayan valido para nada. Así ha ocurrido con 155.269 de sus 204.241 sufragios de Castilla y León, donde solo por Valladolid han logrado representación. Se llevaron el 14’15% de las papeletas castellanoleonesas y apenas el 3’2% de los escaños.

Ciudadanos se llevó en Castilla y León el 14’15% de las papeletas y un solo escaño de los 31 en juego (el 3’2%)

Lo mismo pasó con los 144.986 votos de Castilla-La Mancha, los 133.938 de Galicia, los 64.489 de Extremadura o los 38.773 de Jaén. En total, son 721.530 las papeletas que se llevó Ciudadanos sin traducirlas en representación en el Congreso. Un 23’1% del total (3’1 millones de votos). En diciembre, Unidad Popular-Izquierda Unida vio cómo una cantidad similar de sus sufragios (733.868) también se iban directamente a la basura, pues solo obtuvieron escaños en Madrid.

La reforma electoral siempre fue uno de los objetivos de Rivera, pero ahora que ha pagado como nunca los efectos negativos del sistema defenderá con mucho mayor ímpetu su transformación, como ya está quedando de manifiesto. De no lograrlo, las próximas generales volverían a ser una lotería para él en muchas provincias y le dejarían sin posibilidades de luchar por los escaños de las menos pobladas. Amén de que una mínima bajada en el apoyo que ha obtenido ahora le asestaría otro golpe en forma de pérdida masiva de diputados.