La UE pisa el acelerador en su acercamiento a China y le propone un ambicioso acuerdo en materia de inversión como paso previo a un posterior acuerdo de libre comercio. La colaboración con el gigante asiático va más allá y abarca los ámbitos de política exterior y seguridad.

La inesperada decisión de Reino Unido de salir de la Unión Europea ha sido el mejor incentivo para que Bruselas ponga en marcha sus planes más ambiciosos. China lleva mucho tiempo en el punto de mira de la Comisión, pero el nuevo escenario ha precipitado un acercamiento sin precedentes para que el gigante asiático se convierta en un socio estratégico.

“La UE y China ya cooperan en muchos aspectos. Colaboramos en las cuestiones políticas mundiales de nuestra época, tales como Irán, Siria, Afganistán, la migración y el cambio climático. Sin embargo, podemos y debemos hacer más para tender puentes entre la Unión Europea y China. Los ciudadanos, las empresas y las organizaciones pueden beneficiarse de una relación más estrecha y mejor definida basada en la responsabilidad compartida”, señalaba Federica Mogherini, alta representante de la Unión para Asuntos Exteriores.

Las colaboraciones entre ambos gobiernos se habían concentrado hasta ahora en asuntos de política exterior y seguridad, como las conversaciones nucleares con Irán o los acuerdos contra el cambio climático. Sin embargo, China es un socio comercial imprescindible para casi todos los países miembros de forma unilateral y esta decisión vendría a confirmar el acercamiento en materia económica.

En este sentido, se ha firmado un acuerdo global en materia de inversión como paso previo a un acuerdo de libre comercio “de alcance amplio y profundo” entre ambas potencias. Además, China hará una contribución al Fondo Europeo para Inversiones Estratégicas y se intensificará la colaboración en investigación e innovación conjunta.

Otro objetivo de Bruselas es el de impulsar a través de China una red física y digital a través de la cual pueda fluir el comercio, la inversión y el contacto entre ciudadanos europeos y euroasiáticos.

“Se contemplan grandes oportunidades para una relación dinámica de la UE con China, sobre todo con el objeto de generar empleo y crecimiento en Europa, sin olvidar el fomento decidido de una mayor apertura del mercado chino a las empresas europeas”, explican desde la Comisión.

Sin embargo, el acuerdo no está exento de condiciones. Entre los asuntos más delicados está el exceso de capacidad industrial de China en el sector siderúrgico -motivo que le ha valido al país asiático varias sanciones por competencia desleal- y la lentitud en la aplicación del programa de reformas económicas y sociales, sobre todo en materia de liberalización y desnacionalización empresarial.

El compromiso mutuo ha quedado plasmado en una Comunicación Conjunta entre Asuntos Exteriores y la Comisión titulada “Elementos de una nueva estrategia de la UE sobre China”, que establece las pautas de la relación entre ambos cara a los cinco próximos años.

Dicho documento se presentará ahora a los Estados miembros de la Unión Europea y al Parlamento Europeo. El último informe de este tipo sobre China se adoptó hace una década, en 2006.