Estimados lectores. Cuando leais estas líneas muchos de vosotros acabaréis de votar o estaréis yendo a votar. Nada más lejos de mi intención hacer cualquier tipo de indicación sobre a quién debéis o no debéis de hacerlo, votad lo que mejor os parezca, que en eso consiste la democracia. Pero en el caso hipotético (e improbable) que dentro de unos meses tengamos gobierno me atrevo a hacer unas humildes propuestas  y reflexiones  relacionadas con la gestión de la ciencia en este país.

Admito que pocos de los que vais a votar estáis pensando en el desarrollo científico del país. Me baso para hacer esta afirmación en todo lo que se ha hablado de ciencia durante la campaña electoral. ¿Alguien recuerda que el tema de la ciencia saliera en el debate a 4? ¿O en alguno de los mítines multitudinarios de los grandes partidos? Por desgracia un tema tan importante como la ciencia no es un asunto prioritario en la agenda de ningún partido. Y se nota.

Somos de los países de la Unión Europea que menos porcentaje del PIB invierte en I+D+i y en los últimos años la inversión, ya de por si escasa, se ha ido recortando. Sin ir más lejos, en mi instituto de investigación hace unos años trabajábamos 240 personas y ahora somos 180. El capital humano que hemos perdido es principalmente gente en las primeras etapas, es decir, doctorandos, que abandonan o se dejan el país ante la falta de oportunidades para conseguir financiación, por lo que ya se puede hablar de generación perdida para la ciencia en España… y va a ser complicado recuperarla.

Al próximo gobierno le pediría una apuesta decidida en este aspecto. Para empezar, un ministerio propio. Es un síntoma de la dejadez por este tema que ahora mismo ni siquiera haya un Ministerio de Ciencia y que dependamos del Ministerio de Economía y Competitividad, algo que además administrativamente genera muchos problemas y quebraderos de cabeza. Por otra parte, planes específicos para repescar a gente que quiere volver. El programa Ramón y Cajal se queda corto, muy corto. Debido a los recortes y a la escasa oferta de plazas el nivel de exigencia ha subido de forma exponencial, y se queda fuera gente con curriculums muy buenos y sobre todo con una gran experiencia y formación que debería ser aprovechada por universidades o centros de investigación. Ahora mismo hay dos cuellos de botella por los que se nos escapan los científicos, uno es el inicio de la tesis doctoral y otro es la vuelta de la estancia postdoctoral, normalmente en el extranjero, donde debido a la escasísima oferta mucha gente debe abandonar la carrera investigadora o establecerse fuera de España.

Otro problema endémico de la ciencia en España es el escaso número de patentes y la poca implicación privada en la investigación. Investigar es caro y no tenemos tradición, pero quizás aportando una serie de incentivos a las empresas se podría mejorar en este aspecto.

Podríamos entrar en más detalles sobre si el sistema funcionarial es el mejor para la ciencia o sería mejor instaurar un sistema de contratos largos revisables, pero sinceramente, creo que hoy por hoy el problema más acuciante es la pérdida de capital humano. Cada  vez tenemos menos científicos, eso directamente incide en la pérdida de producción y a la larga, disminuye en nuestra competitividad como estado, condenándonos a ser un país de servicios que importa la tecnología. Los países desarrollados no son los que más invierten en ciencia, el razonamiento es el inverso. Los países son ricos y desarrollados porque han invertido en ciencia.

Todos los problemas se solucionan con un único factor. Cuando nuestros políticos decidieron, con una estrechez de miras sonrojante, que lo mejor para nuestro país era organizar grandes eventos, no repararon en gastos. Así, si hacía falta poner un maletín lleno de dinero en la mesa del COI, de Ecclestone, o del Vaticano se ponía y se optaba a organizar olimpiadas, o carreras de F1, copas del América o visitas del Papa. Pues si queremos reflotar el maltrecho sistema científico de nuestro país solo hace falta una cosa, dinero. El que lo ponga encima de la mesa tiene mi voto.