Los españoles decidimos hoy algo más que un Gobierno nuevo; nos inclinaremos por una ideología que repita la que hay u ofrezca alternativas y esquemas notoriamente matizados mediante acuerdos inevitables si de verdad buscamos su viabilidad  para el manejo del poder.

Con una diferencia clave: tres de las opciones disponibles en las urnas –PP,PSOE y C´s- permiten regenerar el invento que construimos en el 77 para cerrar la tumba de Franco y su dictadura bajo siete llaves eternas. Por el contrario, la cuarta, la que encarna la “revolución lantinoché” de PODEMOS (fórmula feliz de Paco Umbral) nos lanza directamente al vértigo de otro totalitarismo basado en la demagogia más descarada e insultante para la inteligencia colectiva, a un despilfarro que en menos de dos años dejará sin pensiones a nuestros mayores (no digamos a quienes llegarán a serlo, esos ni las olerán),  a una fragmentación  territorial que reducirá a polvo lo que, con defectos tremendos pero que son aún perfectamente corregibles, hemos construido durante siglos entre generaciones sucesivas que crearon un pueblo y una nación.

Ahora nos vienen con esa invitación hueca a constituirnos en nación de naciones.  Aplicar esa nebulosa a España nos suena a chiste y a disfraz de carnaval dispuesto por quienes, en realidad,  quieren cargársela por fases –quizá porque intentarlo de un solo empellón les parezca excesivamente difícil no sea que haya rebotes, y se han sacado de la manga ese despropósito-.  Nunca  fuimos semejante parida, como, por el contrario,  sí lo fue y es el Reino Unido, construido por consenso de Reinos independientes hace ya un montón de siglos. A nosotros ese camino sólo nos devolverá a la civilización tribal, a ser un Estado –más bien lo que dejen de él, quizá nada- de insignificantes territorialidades que ni contarán y sólo se dedicarán a disputarse pequeñas miserias entre ellas.

Es lo que nos reservan, detrás de las sonrisas permanentes, el colegueo, la manipulación “juvenil” de redes sociales devenidas con frecuencia  en tóxicas, los  chorreos de promesas ofreciendo todo el abanico que quepa en una mente humana para que los muchos hartos que hay encuentren la justificación precisa para apoyarse en ellos y acabar con la parte del Sistema que hoy ha evolucionado hasta constituirse en basura. Hablamos, se lo habrán imaginado, del marxismo-leninismo-chavismo de PODEMOS.

Se ofrecen  Pablo Iglesias y los suyos  para barrer esa porquería (que lo es), pero arrasando con disimulo en ese camino con una izquierda –la del PSOE- que ha aportado a la España postfranquista innumerables avances sociales que han dotado al pueblo español de un bienestar envidiado en el mundo.  Y al que unos lobos con pieles de oveja que forman el núcleo duro de progresistas del podemismo, que en el poder chavista sólo tienen detrás un historial de fracasos y abusos, quieren reducir a polvo.   

Sepámoslo:

Optamos entre entregar a las generaciones venideras un país como lo conocemos, pero con la oportunidad de  introducir  los cambios regeneradores imprescindibles pactados  por fuerzas que se rijan según los principios demócratas. Pero tal y como entendemos la democracia con los valores occidentales del respeto a la Ley y no de la fuerza del mamporro.  O la incógnita de un precipicio al fondo del cual sabemos demasiado bien lo que  hay  como para que mañana, si optamos por esa pesadilla, nos sirva de algo llorar y lamentarnos. No nos servirá para nada, porque los rumbos revolucionarios nunca respetan caminos previamente consensuados sino que provocan su voladura para construir (es un decir) su “orden nuevo”.

En el fondo es una lástima que entre la fecha del “Brexit” y estas elecciones no hubiese un mes de margen. Los cabezazos contra la pared que ya se están dando tantos británicos arrepentidos de haberse cobrado con su voto los rencores que les provocó la Europa diseñada por De Gaulle y Adenauer en vez de mirar para adelante y poner su creatividad y pragmatismo al servicio de todos, ya no nos servirán de nada.

Si nos equivocamos hoy.