Alrededor del 70% de los españoles se declara católico, aunque solo una minoría tiene en cuenta las consignas de la Iglesia a la hora de elegir papeleta. Podemos ha logrado ser hegemónico entre los ateos y no creyentes y afronta el reto de crecer en el nicho del catolicismo, donde el PP parece no tener rival. La religión es “un factor muy condicionante del voto”, según los expertos.

“A primera vista, preguntarse por la influencia de la religión en la política puede tener, para muchos, un aire exótico. Desde la perspectiva de las sociedades modernas, a veces se nos antoja que la religión y la política sólo se mezclaban en el pasado o sólo se mezclan hoy en día en otras latitudes”. Así comienza el capítulo que el equipo de sociólogos y politólogos Piedras de Papel dedica a la relación voto-religión en su libro Aragón es nuestro Ohio (El Hombre del Tr3s), la exhaustiva radiografía del electorado español que publicaron en 2015. El estudio admite esa premisa de lo “exótico” que para muchos puede resultar comprobar que la religión tiene cierta ascendencia en las elecciones de la España del siglo XXI. Y, sin embargo, así es.

“La división religiosa continúa siendo un factor muy condicionante del voto de los ciudadanos”, razona Piedras de Papel, y así lo evidencia, por ejemplo, el hecho de que “cuando se agita algún asunto con implicaciones consideradas adversas para las personas religiosas o para las que no lo son, rara vez pasa desapercibido en el debate público”.

Los jóvenes muestran mucho más desapego hacia la religión y la Iglesia que los mayores, en un nuevo reflejo de la brecha generacional

Según el barómetro postelectoral del CIS, los ciudadanos que se declaran católicos suponen el 68’7% del total, frente al 16’3% que se dice no creyente, el 10’2% que se considera ateo y el 2’4% que es seguidor de otra confesión. La mayoría de católicos es abrumadora, pero han perdido terreno desde la llegada de la democracia, cuya implantación ha ido acompañada del correspondiente proceso de secularización. “Las personas que mantienen un vínculo con su comunidad religiosa y con su Iglesia, a través de la práctica más o menos regular, son ahora una minoría en cierto declive, pese a que fueron el grupo dominante hasta comienzos de los años noventa”, se lee en la citada obra.

Pero eso no ha hecho que la religión pierda peso como condicionante del voto, en un sentido u otro -“el declive de la religiosidad no debe confundirse con una pérdida de fuerza de sus efectos políticos”-. La influencia se mantiene y también aquí se refleja la brecha generacional, rasgo característico de la España contemporánea. Se aprecia “un cambio en las generaciones, más que en las personas”, explica el libro antes de subrayar que “la edad media de los adultos no creyentes o ateos es de 40 años; la edad media de los creyentes pero no practicantes es de 47 años; por último, quienes practican en algún grado la religión tienen una edad media de 57 años (la edad de las personas que la practican regularmente es de 61 años de media)”.

Emerge así otro gran contraste entre jóvenes y mayores, signo de nuestro tiempo, como recogía este martes en El País la socióloga Belén Barreiro. “Aunque es cierto que los jóvenes suelen protagonizar las transformaciones sociales, lo que estamos presenciando en España y en otras democracias va más allá. En nuestras sociedades los jóvenes han pasado de ser precursores a convertirse en antagonistas: más que explorar nuevos recorridos, buscan transitar hacia destinos contrarios”, escribía la expresidenta del CIS y directora de MyWord.

Diferencias ideológicas

Volviendo al tema de la religión, se detectan junto a las generacionales importantes diferencias ideológicas, siendo los electores ateos y no creyentes considerablemente más izquierdistas que los creyentes practicantes, que aparecen escorados a la derecha. Todos ellos, en cualquier caso, pueden verse condicionados políticamente por asuntos relacionados con la religión, “tanto para la orientación de la identificación ideológica y partidista a largo plazo como para la orientación del voto que aprueba o desaprueba políticas concretas que afectan de modo distinto a las personas según sus creencias, desde la organización escolar a la regulación del aborto”.

Los expertos discrepan sobre si esas divisiones pueden activarse y neutralizarse con estrategias políticas o si es un componente estructural de la lógica socioelectoral. Lo único claro es que existe e influye en el voto. El politólogo Guillermo Cordero cree que en 2008 el voto religioso creció y penalizó al PP por su “oposición moral” a decisiones de Zapatero como la aprobación del matrimonio homosexual o de la nueva ley del aborto. Lluís Orriols, doctor en Ciencia Política por la Universidad de Oxford, considera que el voto religioso es una constante difícilmente alterable en el corto plazo.

El 92’3% de los votantes del PP se declara católico, cifra que baja en el caso de PSOE (79’3%), C’s (74’4%) y, sobre todo, Podemos (40’6%)

En este sentido, no es casual que entre los simpatizantes del PP haya un 92’3% de católicos y entre los de Podemos apenas un 40’6%. PSOE y Ciudadanos cuentan con un 79’3% y un 74’4% de electores católicos, respectivamente. El partido de Pablo Iglesias encuentra problemas con este nicho tan importante del electorado que, atendiendo a las cifras del CIS, formarían 16’6 millones de los votantes de este domingo. Estimando una participación media del 70% y aceptando que el nivel de indecisión (32’4%) es algo transversal en este aspecto, estaríamos ante una bolsa de 5’3 millones de votantes católicos que al inicio de la campaña no tendrían claro qué papeleta elegir.

¿Contribuirán sus creencias personales a decantar la balanza? Difícil de determinar. El monográfico del CIS sobre religiosidad publicado en 2008 ofrecía datos como que el 19’1% da “mucha importancia” a ese ámbito de su vida -cifra que bajaba al 6% en el caso de la política y subía hasta el 90% en los de la familia o la salud- o que el 16’1% considera que “a la hora de votar a un partido u otro la gente debe tener en cuenta sus creencias religiosas”.

Más reciente, de hace solo unas semanas, es el estudio realizado por NC Report y publicado en la revista Vida Nueva. Entre sus conclusiones, detalla que apenas el 28’1% de los católicos cree que los pronunciamientos del Papa o de los obispos le influirán a la hora de votar, aunque un 38’8% asegura que sí estará condicionado por “su fe personal, sus creencias personales y sus principios morales”.

Un porcentaje demasiado amplio como para que los partidos lo descuiden, como demuestran algunos de los rumbos estratégicos que toma Podemos, el partido que menos triunfa en ese espacio. Sus dirigentes rechazan abrazar un anticlericalismo belicoso y ponen cuidado en diferenciar entre la jerarquía eclesial y los católicos de base. Iglesias a menudo elogia al Papa Francisco y siempre que es preguntado por el tema muestra una gran consideración hacia los creyentes.

Elogios de Iglesias al Papa

“Soy nieto de un socialista que era profundamente católico y tengo un enorme respeto por las personas con un sentimiento religioso y de hecho, con buena parte de los compañeros con los que mejor me entiendo, son creyentes”, declaraba en 2014 en una entrevista con 20 Minutos. También reconocía su sintonía con el Papa -“me llama la atención estar tan de acuerdo con él”-, algo que ha repetido en multitud de ocasiones. Cuando el obispo de Roma intervino ante el Parlamento europeo, Iglesias permaneció en su escaño, tomó notas de su discurso y le aplaudió. Actitud opuesta a la que mantuvieron sus hoy compañeros de coalición, los eurodiputados de IU, que abandonaron el hemiciclo.

Hace apenas un mes, en conferencia ante el Círculo de Economía en Sitges, el líder de Podemos fue directamente interpelado: “¿Cree usted en Dios?”. El candidato a La Moncloa dio una larga cambiada -“es un significante en disputa”- para acabar de nuevo alabando al Papa: “Si Dios es lo que dice su representante en la Tierra, el Papa Francisco, creo bastante en lo que dice”.

Iglesias hace malabarismos dialécticos para no ahuyentar a los católicos, mientras en su programa defiende la denuncia del Concordato con la Santa Sede y se compromete a promover “la eliminación de las capellanías y los servicios religiosos en las instituciones públicas”, “el inventario y la recuperación de los bienes inmatriculados por la Iglesia”, “la supresión de los privilegios fiscales para la Iglesia católica y otras confesiones” -impago del IBI o financiación estatal- y “la supresión de las celebraciones y de la simbología religiosa en los actos oficiales”.

“Si Dios es lo que dice su representante en la Tierra, el Papa Francisco, creo bastante en lo que dice”, indicó Iglesias hace un mes

Desde su nacimiento, Podemos ha incorporado a numerosos integrantes de lo que se denomina cristianismo de base. Son creyentes alejados de la ortodoxia de la jerarquía eclesial, como el monje cisterciense José Antonio Vázquez -dejó los hábitos para sumarse al proyecto morado-, el miembro de las Comunidades Cristianas Populares Luis Ángel Aguilar -hoy miembro de la dirección del partido- o el propio portavoz morado en la Asamblea de Madrid, el exdirigente de Cáritas José Manuel López.

Estos movimientos podrían ayudar a Podemos a aumentar su bolsa de votantes católicos, una vez que es hegemónico entre los ateos y no creyentes. “La religión es uno de los factores que explican las lealtades políticas y un canal por el que discurren los cambios electorales que se están produciendo”, explica Aragón es nuestro Ohio. En este sentido, nos encontramos con “personas de la misma edad, la misma clase social y la misma ideología” que “tienen una probabilidad significativamente mayor de votar al PP y no al PSOE si son personas religiosas”.

Rajoy hizo guiños a los católicos en precampaña defendiendo la escuela concertada y acudiendo a la procesión del Corpus en Toledo

Y así se explican algunos gestos de la campaña de Mariano Rajoy, que el 26 de mayo acudió a la procesión del Corpus Christi en Toledo -donde el PP podría ganar un escaño el domingo- y un día antes defendió junto a un colegio concertado de Valencia ese modelo educativo, puesto en cuestión por otras formaciones y en particular por la Generalitat valenciana, que según el líder del PP pretende “enfrentar en la escuela”.

La religión también influye en la elección entre Podemos y el PSOE: “los votantes más laicos tienen más probabilidad de elegir a Podemos, frente a otras alternativas de izquierda, aunque tengan la misma ideología, la misma edad y la misma clase social”. Esto era así incluso para IU. Tras las elecciones europeas de 2014, que suponen la irrupción del partido de Iglesias, el 28’8% de los no creyentes o ateos se decanta por Podemos, el 9’1% por el PSOE y el 7’5% por IU. Antes de esa cita, el 15’3% declaraba su intención de votar a IU y el 13’2% a los socialistas.

La conclusión del estudio de Piedras de Papel es meridiana: “La religión continúa separando algunos bloques ideológicos bastante bien delimitados”. Y lo hace “con independencia de la capacidad de los políticos para intentar activar controversias religiosas en provecho de su fortuna electoral”. La religiosidad sería, pues, “una fuerza estructuradora de sistema de partidos a largo plazo”, aunque también puede participar o decidir cambios en el corto plazo. Estamos “en un escenario en que la religión importa y es posible que asistamos a una mayor polarización religiosa en el futuro si el electorado de Podemos llega a ser una fuerza mayor, pues, en este sentido, Podemos es la imagen reflejada en el espejo del PP”. La intención de Iglesias, en cambio, es la contraria: trabajar para superar esos obstáculos que le lastran a la hora de sumar apoyos entre el 68’7% del electorado que se confiesa católico.