• “No creo que los productos de Apple hablen con seres humanos, hablan entre ellos”
  • Los partidarios del Brexit “están aterrados, encantados de retirarse a su pequeña isla, paranoicos y asustados, dispuestos a eliminar los puentes con el continente”
  • “Mi gobierno está dispuesto a desmantelar la BBC junto con el sistema sanitario”
  • “La gente está dejando de ser capaz de lidiar con un mundo con el que no está de acuerdo”

Me reúno con Dave McKean en el marco del ciclo Ford Vignale First. No es casual que la entrevista se realice en el interior del espacio Casa Decor, la gran exposición de interiorismo y arquitectura de Madrid. Me quedo con las ganas de dar una vuelta con él por el recinto y preguntarle su opinión sobre cada estancia, sobre cada concepto.

Ilustrador, dibujante de cómic, director de cine y músico, McKean es una de las voces artísticas más importantes de finales del pasado siglo y principios del actual. Su trabajo siempre ha sido comparado con el de otros genios de la ilustración como José Muñoz y Bill Sienkiewicz, y su carrera ha estado marcada por la relación que tuvo, desde la escuela de arte, con el guionista Neil Gaiman, con quien colaboró en innumerables obras. Afable en grado sumo y suave en sus formas frente a su vigorosísimo trabajo, responde con respeto y cuidado a cada pregunta.

En un entorno tan “diseñado”, era obvio que nuestra primera pregunta tiene que ver con el diseño…

Siempre he pensado que Dave McKean es la antítesis en el mundo del diseño a la limpieza de Johnny Ive y la imaginería de Apple… En cierta forma eres el antiJobs.

Me gustan las cosas muy simples, no puedo negarlo, pero me siento oprimido por ellas, quiero subvertirlas. Hay algo sobre la fuerte determinación de Apple y sus elecciones de diseño que me enerva. No creo que sus productos hablen con seres humanos, hablan entre ellos. Rara vez hablan con gente que tiene que lidiar con cosas, raramente forman parte de sus vidas. Me gustan las cosas que son humanas, raras, difíciles. Mira esa planta, se le caen algunos trozos, algunas partes están muriendo, y es perfecta. Podría quedarme mirándola para siempre, sintiéndome inspirado por ella, creando pequeñas historias en mi cabeza. Un cuadrado blanco perfecto es encantador, pero no hace cosquillas a mi imaginación. Me doy cuenta de que conecto a través de los siglos con gente de distintas épocas que tenía la misma forma de ver las cosas que yo, como el diseño gótico… No estoy en la línea de la visión clásica de la ciencia-ficción, con sus espacios blancos. El espíritu necesita la sorpresa de una planta más que la ubicuidad de Steve Jobs y sus bloques blancos, así salvaremos a la raza humana (se ríe)

En cierta forma esa continuidad es como la que vemos en Mr. Punch, una historia sobre el mismo espectáculo de títeres que se ha visto en cada playa inglesa…

En los últimos 200 años siempre ha habido un espectáculo de Punch y Judy, y un niño que lo ve por vez primera.

Lo que es raro, en un entorno en el que la corrección política se ha impuesto en casi cada ámbito de nuestras vidas. En concreto, en España venimos de una historia bastante curiosa con unos títeres…

Crecí en la época en la que surgió la corrección política, y creo que fue importante y buena. Era una forma extraña de educación, de empatizar con los sentimientos de los demás y pensar en sus reacciones cuando hablábamos con ellos. Si quieres escoger un objetivo político, o de comedia, no te enfoques en los débiles o quienes no tienen voz, porque son un objetivo fácil. Ataca a los fuertes, a la élite, a los poderosos, a los que se merecen el golpe. Así debería ser la corrección política.

El problema es que se ha convertido en una extraña versión del control mental. Y no la reconozco. Es una forma de fascismo cultural. No creo que vivamos la corrección política, sino una extraña mutación en las que las personas se definen por las cosas por las que se ofenden. La corrección política te animaba en pensar fuera de la caja, en ser más imaginativo para tratar con el mundo. Ahora todo consiste en cerrarse al máximo, no decir nada puntiagudo o imaginativo por miedo a no ofender a nadie.

En la Universidad es un problema. Parece que nadie se atreve ya a cuestionar nada por puro miedo.

La Universidad está siendo destruida por ello. Pero no sólo la Universidad, el problema son los niños. Sus mentes. La gente está dejando de ser capaz de lidiar con un mundo con el que no está de acuerdo. Es como una enfermedad mental, ¿pero cómo vas a superar la vida rodeado sólo de gente con la misma opinión que tú?

Eres especialmente conocido por tu trabajo como ilustrador, pero me fascina tu faceta de cineasta. ¿Has pensado en trabajar en la televisión? Parece un medio cada vez más interesante y que ajusta más a tu trabajo… El primer episodio de la última temporada de ‘Penny Dreadful’ tenía como protagonista a Tennyson y el último de la serie se cerraba con un poema de Wordsworth. Parece difícil ver algo así en el cine comercial…

Coincido en que la televisión valora mucho más el guión, y el cine ha pasado a valorar otras cosas. Parece que buena parte del cine ya no tiene que ver sobre la película. Es el runrún, Twitter, el próximo trailer… Aspectos sociales. La película es casi lo de menos.

Desde luego, en Reino Unido hay una gran industria que ha sido capaz de crear verdaderas maravillas para la televisión.

Veremos por cuánto tiempo. Apoyo mucho la BBC. Aunque en una corporación tan grande hay cosas que salen mal y que siempre saldrán bien, hay cosas que han hecho tan bien… El cuerpo de la obra que ha contribuido a crear durante los últimos 60 años es tan importante… Han definido nuestra cultura. Y ahora tenemos un Gobierno dispuesto a desmantelarla junto al sistema sanitario… Veremos cuánto tiempo dura.

Tienen que hacer dinero, o al menos no perderlo, pero el fundador de la BBC, Lord Reigh, tuvo siempre claro que había que informar además de entretener, mostrar a la gente cosas que no conocía hasta ese momento más que reciclar cosas que ya son populares. Era un reto entonces y lo sigue siendo hoy. La BBC no sólo tiene que ser una televisión comercial, tiene que seguir siendo excepcional.

Si hablamos de política tenemos que hablar sobre el referéndum sobre el ‘Brexit’…

He estado escuchando argumentos de todas las partes, por incoherentes que puedan parecer. Usando una comparación con un profesor universitario con la que coincido, escucho a los argumentos de los partidarios de abandonar la UE como un biólogo hablaría con un creacionista. ¿Cómo podemos estar hablando siquiera de esto? y ¿cómo hay tanta gente que se lo cree?

Están aterrados, encantados de retirarse a su pequeña isla, paranoicos y asustados, dispuestos a eliminar los puentes con el continente. Creo que vamos a votar salirnos de la UE. Yo no, creo en tratar temas como el de la inmigración juntos, porque es un problema continental y es egoísta dejar que otros lidien solos con el problema. Estoy haciendo todo lo que puedo para hablar con todos los indecisos que conozco, pero creo que los racistas, los xenófobos y los paracaidistas del libre mercado van a ganar. Tengo un mal presentimiento.

Has trabajado como ilustrador en muchos discos. ¿Cuál es tu favorito? ¿Crees que ante la digitalización de la música tus servicios dejarán de ser necesarios?

royharperEstoy volviendo a hacer portadas de discos, vinilos para un nicho muy pequeño pero muy entusiasta. Mis discos favoritos son aquellos con los que he podido tener una relación a largo plazo con la banda o el artista y hemos podido crear juntos nuestro pequeño mundo.

Me gusta mucho la obra que he creado junto a Bill Brufford. También hay un artista en Canadá, Bill Leebs, que es el líder de Front Line y ha trabajado con otras bandas como Skinny Puppy. Tengo también mi propio sello de jazz, Feral, con un brillante intérprete de jazz, Iain Bellamy. Hace poco también hice una cubierta para un disco de Roy Harper (concretamente, la de Man&Myth, su primer disco de estudio en 13 años, publicado en 2013 y con artistas como Pete Townshend, de The Who, ahí es nada).

Empecé a conocer tu obra a mediados de los ochenta, y mucho tenía que ver con la fotografía, pero no puedo dejar de pensar que tu trabajo se ha tenido que transformar con la irrupción de la informática.

Compré un ordenador en 1993, fue mi primer Mac, y la gran diferencia fue que antes de Phottoshop conseguía que mi trabajo reflejase apenas la mitad de lo que había en mi cabeza. Después de Photoshop, ese porcentaje se disparó por encima del 70%. Parecía que hubieran diseñado personalmente el programa para mí. Hacía exactamente lo que quería hacer como quería hacerlo. Era totalmente transparente, era como si hubiesen entrado en mi cabeza para hacerlo. Sigo dibujando y pintando, pero todo al final pasa por Photoshop –que el lector recuerde que McKean viene a España invitado por Ford, no por Adobe, su entusiasmo es genuino–.

¿Y el 30% restante?

Nos vamos acercando. Mi último libro, Black Dog: The Dreams of Paul Nash, se parece mucho a lo definitivo. Estoy casi completamente satisfecho. Quizá no al 100%, pero sí al 98%. No podría haberlo hecho sin la tecnología.

Pasa lo mismo con la músico. Con Black Dog hicimos una representación con música en las que interpreté partes con el piano que se convertían en chelos y pianos. Lo hicimos en una hora. Imagina lo que Max Steiner, el compositor de King Kong o Lo que el viento se llevó, habría hecho con eso en los años treinta.

Tengo que preguntártelo, ¿has diseñado tu propio chaleco? Porque, desde luego, podría ser.

No, pero hasta cierto punto sí que me gusta porque lo siento como mío. Tiene sentido.

¿Hasta qué punto es importante Neil Gaiman para tu carrera?

Es algo en lo que pienso a menudo. Fue genial empezar con un amigo, con un hermano de armas. Siempre era todo más fácil, las cosas pasaban más despacio. Era alguien con quien retarte, emborracharte, con quien estar de acuerdo… Después llegas a un punto en el que tienes que aprovechar al máximo esta oportunidad. Fuimos bendecidos con la ocasión de hacer algo realmente importante y en lo que creíamos.

Ahora estamos en otra fase, en la que se destacan las diferencias entre ambos. Tenemos distintas propiedades, vivimos en distintos países, nos gustan cosas diferentes. Ahora creo que quiero tanto espacio entre Neil y yo como pueda tener. No quiero ser sólo una parte de él, alguien que trabaja colaborando con él. Disfruto tanto con mis propias cosas, y me hace tan feliz ese trabajo que me quiero centrar en él. Quizá todo sea un círculo, y terminemos volviendo a acercarnos, pero justo ahora me siento tan lejos de Neil como creo que pueda estar. No me interesa lo que está haciendo, no me gusta lo que está escribiendo, pero puede que en el futuro volvamos a unirnos con toda esa experiencia. No lo sé. Por ahora tengo que seguir mi propia musa, mi propio camino.