El grupo español se plantea recomprar antes de final de año el 60% de la gestora hotelera Crestline que vendió al fondo ARC en 2013 y convertirse de nuevo en socio único.

Barceló desembarcó en Estados Unidos en 2002. Lo hizo con la adquisición del grupo de gestión de hoteles Crestline Capital (que pasó a denominarse Barceló Crestline Hotels & Resorts), lo que le permitió sumar de un plumazo 48 hoteles y seis centros de convenciones en EEUU.

En agosto de 2013 el grupo turístico de la familia Barceló decidió replegarse en ese mercado y vendió el 60% de Crestiline al fondo de inversión ARC, una operación con la que la compañía española mantenía (y mantiene aún hoy) el 40% restante. Entonces la operadora hotelera tenía en cartera un total de 74 establecimientos.

En ese contrato de venta de la participación mayoritaria de la que era su filial en EEUU, Barceló incluyó una cláusula en la que se reservaba un derecho de recompra del paquete vendido a ARC. Una cláusula que expirará a finales de este año. Barceló se plantea seriamente ahora ejercer ese derecho y retomar el control total de Crestline, aunque fuentes de la compañía confirman a SABEMOS que la dirección del grupo aún no ha tomado una decisión definitiva.

A la espera de esa decisión, la marcha del propio negocio en el que Barceló tiene una posición minoritaria sufre un bache. Crestline entró en 2015 en números rojos, con unas pérdidas de 1,3 millones de dólares (unos 1,16 millones de euros al cambio actual), frente al beneficio consolidado de más de 833.000 dólares que obtuvo en el ejercicio precedente. Las pérdidas de Crestline han supuesto una merma de 471.000 euros en las cuentas del grupo Barceló.

Desde Barceló se subraya que las pérdidas de Crestline son consecuencia de los gastos excepcionales en que la gestora incurrió el pasado ejercicio para la puesta en marcha de nuevos hoteles y que los ingresos por la explotación de esos establecimientos empezarán a llegar en 2016 y las cuentas volverán a estar en positivo.

La gestión como herramienta de expansión

Barceló quiere crecer y pretende hacerlo con una apuesta a través de gestión de hoteles, más que con la propiedad de los inmuebles. Una estrategia en la que encajaría perfectamente el negocio como gestora hotelera de Crestline.

Cuando se desprendió del 60% de Crestline, Barceló dejó de contabilizar como propios los establecimientos estadounidenses. En 2014, la compañía mallorquina descontó de su portfolio en todas las comunicaciones públicas la cartera de Crestline y el grupo pasó de un día para otro (y al menos de manera formal) de 169 a 95 hoteles.

Crestline actualmente explota100 hoteles, y la recompra del 60% le permitiría a Barceló, también de un día para otro, duplicar su tamaño, desde los 105 establecimientos que actualmente opera en una veintena de países. La compañía adoptará una decisión definitiva sobre la recuperación del paquete accionarial en los próximos meses.

IMAGEN: Simón Pedro Barceló, copresidente del grupo Barceló.