Por: Nuria Moreno

¿Cómo puede alguien afirmar que Rajoy fue el mejor comunicador del debate a 4? Argumentar que su comunicación no verbal habitual es tan mala que el solo hecho de atreverse a estar ahí ya justifique su valoración como mejor comunicador me deja atónita, primero, porque dicha justificación le deja aún peor de lo que estaba o como quedaría con una valoración neutral, y segundo, porque sea como fuera, su comunciación no es buena, y desde luego, en ningún caso, la mejor. Provocada por estas opiniones y porque no quiero que la comunicación no verbal se quede relegada a un nivel de lectura del horóscopo, aquí va mi valoración.

Comunicación no verbal de Mariano Rajoy: Sr. Rajoy, ese dedo le delata…

Tengo una amiga psicóloga que piensa que la manera en que Rajoy mueve sus brazos completamente a contra ritmo, es decir, al descompás de lo que dice, se debe a una alteración neurológica. No creo que llegue a tanto, pero en términos de comunicación no verbal, cuando las manos no acompañan lo que se dice, la cosa va mal. Este desfase denota falta de coherencia interna. No puede ir nuestra cabeza por un lado, nuestro corazón por otro y nuestro cuerpo por otro. Demasiados caminos divergentes. En estos casos, el cuerpo dice ¡basta! y hace lo que quiere, porque el cuerpo es la manifestación física de todo lo que pasa dentro, y cuando ya no puede más, su válvula de escape. Y esto es lo que le pasa a Rajoy, que no sabemos quién le mueve brazos y manos, pareciera que fuera otro.

Al contrario, cuando las manos acompañan lo que decimos, y más si son las dos manos y al unísono transmitimos convicción e implicación. Significa que todo nuestro ser está unido en una misma línea. A Rajoy esto no le pasa. ¿A qué se debe? Ciertamente no lo sé, pues no se puede hacer un análisis tan a la ligera, pero sí sugiere el interrogante bien justificado de que hay una falta de autenticidad o de coherencia interna, muy probablemente incluso inconsciente puesto que no es un hecho aislado y concreto en un momento determinado, sino una tónica característica de su comportamiento no verbal habitual.

Cuando una persona sale ante un público y habla, automáticamente, si no hay correspondencia natural entre lo que dice y hace, entre postura y movimiento, entre voz y cuerpo, entre como se muestra y como es, se genera un juicio en contra, es inevitable, algo nos rechina, sabemos que estamos recibiendo señales contradictorias. Y es que, simplemente, nuestro sistema está entrenado en detectar incompatibilidades, que son las que nos harán fiarnos y aproximarnos o desconfiar y poner a prueba o distanciarnos directamente.

Otro rasgo que caracteriza el movimiento de brazos y manos de Rajoy es la verticalidad, movimientos ascendentes y descendentes, que van de arriba a abajo, lineales, y que indican una personalidad centrada en el hacer y muy de ordeno y mando. Si a esto le sumamos el uso constante del dedo acusador, ese índice autoritario que habla de una España antigua y caduca en la que las cosas se hacían porque lo digo yo y que abunda todavía en las grandes empresas españolas, podríamos hablar de una persona que tiende al mando por imposición y por lo tanto carece de una autoridad y firmeza reales.

Estos movimientos son en toda medida excesivos y exagerados, y como todo lo que es exagerado, no real, y es precisamente por aquí, por lo que sobra por su exceso, por donde podríamos empezar a trabajar el tema de las manos: es trabajando la firmeza en Rajoy por donde llegaríamos a dar con la clave de su desfase gestual. De nada serviría, decirle, “- Sr. Rajoy, el dedo…”. Hay que trabajar la firmeza. La comunicación no verbal funciona de dentro a fuera y supone una toma de conciencia y una transformación personal, porque solo podemos comunicar desde quiene somos.

Cuando nos mostramos y nos comportamos desde unos parámetros que no van con nuestra naturaleza es cuando se producen estos desfases. Rajoy es en realidad una persona altamente reflexiva y racional, su preferencia cerebral es neocortical, el raciocinio, su mapa mental auditivo, su comunicación memorística, datos, su voz nasal, su mirada para sí mismo, no conecta, tampoco es una persona preferentemente de acción, sino de reflexión, y es una persona de consenso, que da su parte blanda más que su parte dura, y que cuando le atacan, para y piensa, antes de reaccionar, y que por una vez fue capaz, por fin, de no seguirle la comba a Sánchez en sus injurias sobre la corrupción, por una vez, gracias Rajoy.

¿Qué significa todo esto?

Que sus gestos, esos movimientos dictatoriales, propios de quien tan lejano se siente, tal cual lo haría y hace Maduro o cualquier otro semejante, van de arriba a abajo, de arriba a abajo, de arriba a abajo, y venga énfasis y reiteración, más el susodicho dedo mandón, ese dedo índice que simboliza el “yo”. Ni un solo momento donde sus manos se movieran de modo envolvente, con movimientos suaves o redondeados que salgan desde el centro involucrando al otro, solo movimientos de yo, yo, y yo, y desde lo alto. Si tienes firmeza y autoridad reales, no necesitas hacer esto y la gente te sigue. Esto solo se hace cuando no te siguen y te tienes que imponer, al igual que levantar la voz cuando no te escuchan o necesitas tapar al otro.

Estos movimientos, decía, en realidad no coinciden con su naturaleza, pero sí con un patrón muy jerárquico, es el patrón de quien justifica con argumentaciones tan vagas y débiles como inadmisibles, que son las que usa cuando dice que no se puede dar paso a lo nuevo simplemente por ser nuevo y falto de experiencia, expresando por tanto, que no le gustan ni los cambios, ni los avances, y que prefiere que las cosas sigan como están, como han sido siempre, vamos que tiene miedo. Esta es una mentalidad que parte del control, proteccionista y funcionarial en el peor sentido de la palabra, de quien ha llegado a un puesto y ahí se quiere quedar de por vida, pase lo que pase, merecimientos y circunstancias al margen, y que me parecen inaceptables en un presidente en una democracia que parece querer empezar a ser algo más democrática. Yo también le pido a Rajoy de corazón que reflexione si no tendría que apoyar y facilitar lo nuevo en vez de impedirlo, en una España que necesita un cambio y que lo está pidiendo de todas las maneras y con todos los colores.

Señor Rajoy, las pasadas elecciones se llevó usted varios insultos muy desagradables seguidos de un buen bofetón. Hasta a mí me dolió y condeno semejante maltrato, pero, ¿es que no atiende usted a las señales? Tiene usted un país pidiéndole a gritos un cambio. Según usted ha cumplido y ha hecho muy bien esta difícil legislatura salvándonos de la quiebra. Si tan bien lo ha hecho, y no siente ninguna responsabilidad con respecto a todos los casos de corrupción de su partido, ¿no podría irse usted tranquilamente con la cabeza bien alta o por lo menos colaborar con lo que viene, que ya está aquí en realidad? ¿Es que no hay nadie más en todo el partido popular a la altura de ocupar su cargo? O es que el único sentido de la política es que usted la dirija, cuando este país está necesitando que se vaya?

Quiero mencionar en este artículo a alguien que está dando un ejemplo extraordinario a seguir: Virginia Berasategui. Virginia Berasategui campeona mundial de triatlón se dopó en su última carrera y decidió confesar, en contra de lo que le asesoraban, y pedir perdón. En aquella rueda de prensa, cada vez que decía “vengo a pedir perdón” erguía la cabeza, abría los hombros, miraba al frente, a los ojos, y decía su nombre y apellido. Emocionada y emocionándonos, en este acto, Virginia Berasategui, recuperó su identidad y su dignidad, se recuperó a sí misma, mostrando su verdadera nobleza de carácter pese a su debilidad pasada. España y lo españoles, necesitamos aprender a reconocer nuestros errores y a pedir perdón, y necesitamos que nuestros políticos nos pidan perdón, porque es la única manera en que nos pueden mostrar haber tomado conciencia y ser responsables, y porque es la única manera en que recobren la dignidad y la credibilidad, y que podamos volver a confiar en ellos y sentirnos orgullosos. ¿Es que es tan difícil perder perdón? ¿O es que el provecho que se saca sigue siendo mayor?

No podemos poner este país en manos de quienes nos han demostrado tantas veces que este sistema es un queso gruyer por donde se cuela todo. Abusar del poder es humano, podría decirse hasta normal, así lo demuestran los experimentos científicos, sacar el mejor partido para uno es normal, lo hacemos todos lo reconozcamos o no, por lo menos a fecha de hoy y en el nivel de evolución en el que estamos, y es por ello que si queremos evolucionar, aparte de invertir en una educación en valores, tendríamos que tener un órgano controlador que regule el abuso, porque si no, el órgano regulador se colará dentro del sistema haciendo justicia por su cuenta, y será probablemente de la peor manera, y poniendo el país patas arriba. ¿Qué os sorprende tanto?

No olvidemos que la corrupción es cosa de todos. Por cada persona que se aprovecha, hay miles que toleran, que bajan la cabeza, que hacen la vista gorda y que consienten. La corrupción es cosa de todos. Vivimos una sociedad blandiblú, en la que tener firmeza está mal visto. Aquí ser recto es sinónimo de borde, se puede ser pillín, pero no se puede ser un seta. Claro, luego no nos gobierna precisamente la templanza, sino los extremos. La dignidad y el cambio empiezan por uno mismo. No lo olvidemos. Y no seamos tan blandos. Ni una cosa ni la otra. Existe un término medio, y se llama firmeza. Tenemos lo que somos y nos merecemos, nuestros políticos son made in Spain. Es responsabilidad de todos construir una España nueva y estamos en el mejor momento para hacerlo.

Nuria Moreno

Consultora de Comunicación y Liderazgo

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